Había aulas con el barro hasta las rodillas, instalaciones eléctricas inutilizadas y patios convertidos en escombros. Casi un año después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 arrasara decenas de municipios de la provincia de Valencia, la Generalitat ha dado por concluidas las obras de emergencia en los centros educativos afectados. La factura asciende a más de 21,6 millones de euros, de los que 20 millones corresponden a trabajos de obra directa y más de 1,6 millones a asistencia técnica.
Más de 60 colegios recuperados en tiempo récord
El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha sido el encargado de anunciar el cierre de este operativo extraordinario. El dispositivo ha permitido intervenir en más de 60 centros educativos repartidos por algunos de los municipios que más duramente sufrieron la riada: Paiporta, Catarroja, Alfafar, Algemesí, Aldaia, Albal, Benetússer, Massanassa, Picanya, Sedaví, Utiel, Chiva y Xirivella, entre otros. Nombres que, desde aquella tarde de octubre, quedaron grabados en la memoria colectiva valenciana.
La magnitud del desastre lo exigía. En total, fueron 115 los centros educativos con capacidad para 44.000 alumnos los que se vieron afectados por la riada. La DANA interrumpió el curso académico 2024-2025 en decenas de municipios, obligando a improvisar aulas prefabricadas y a reubicar alumnos en otros centros. Con ese horizonte de emergencia, la respuesta institucional tuvo que ser igual de rápida que el propio desastre.
"Desde el primer momento nuestro objetivo fue que los centros recuperaran cuanto antes las condiciones necesarias para desarrollar su actividad con normalidad y seguridad. La magnitud de los daños obligó a desplegar un operativo extraordinario que ha permitido actuar simultáneamente en decenas de instalaciones educativas afectadas por la DANA." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
Reparaciones estructurales, seguridad y recuperación de espacios
Los trabajos abarcaron un abanico amplio de intervenciones. Desde reparaciones estructurales y reposición de instalaciones dañadas hasta actuaciones de seguridad, accesibilidad y recuperación de espacios exteriores. En los centros que registraron los daños más graves, las intervenciones fueron de mayor envergadura, con obras de adecuación y conservación de edificios que, en algunos casos, habían quedado prácticamente en ruinas.
El operativo contó con la participación conjunta de técnicos de la Generalitat, equipos directivos de los propios centros, ayuntamientos, y las empresas públicas TRAGSA y TRAGSATEC. Una coordinación a varios niveles que, según Pérez Llorca, resultó clave para dar una respuesta eficaz en el menor tiempo posible.
"La finalización de estas obras de emergencia demuestra la capacidad de respuesta y coordinación de la Generalitat ante una situación excepcional. Gracias al trabajo conjunto de técnicos, equipos directivos, ayuntamientos, TRAGSA y TRAGSATEC hemos podido dar una solución rápida y eficaz a las necesidades más urgentes de la comunidad educativa." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
Un capítulo cerrado, pero la reconstrucción continúa
La conclusión de estas obras no significa, sin embargo, que el trabajo esté terminado. El propio Pérez Llorca ha subrayado que la Generalitat continúa avanzando en otros proyectos de reconstrucción y mejora de infraestructuras afectadas por la DANA. A fecha de 2026, la mayoría de los centros dañados han retomado la actividad, pero la normalización definitiva dependerá de la ejecución de las obras aún pendientes de validación.
El contexto es relevante: el Gobierno de España ha ejecutado ya más de 9.600 millones de euros en la recuperación de las zonas afectadas por la DANA, y una parte significativa de esa inversión se destina a la rehabilitación de los centros educativos dañados. Los 21,6 millones de la Generalitat Valenciana para obras de emergencia son, por tanto, solo una pieza de un puzzle de reconstrucción mucho más grande. Que los niños y las niñas de Paiporta o Catarroja puedan sentarse hoy en un aula con el techo intacto y la calefacción funcionando no es un detalle menor: es, quizás, la señal más cotidiana y tangible de que la vida en la zona cero de la DANA empieza, poco a poco, a recuperar su ritmo.


