Medio millón de euros casi exacto. Esa es la cifra que la Generalitat Valenciana destina ahora a uno de los programas más silenciosos pero fundamentales del campo valenciano: las ayudas a las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura (ATRIA). La Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca ha aprobado una ampliación de 195.000 euros sobre la dotación inicial de la convocatoria, elevando el presupuesto total para 2026 hasta los 495.000 euros. Un incremento que no ha requerido abrir una nueva convocatoria, sino simplemente activar un mecanismo ya previsto desde el inicio.
Una red de agricultores frente a las plagas
¿Qué es exactamente una ATRIA? La respuesta es más antigua de lo que parece. A finales de los años 80, el ministerio con competencias en agricultura estableció un programa de promoción de la lucha integrada contra las plagas de los diferentes cultivos a través de la regulación de estas agrupaciones. Décadas después, siguen siendo una pieza clave del campo español. Una ATRIA es una entidad constituida por titulares de explotaciones agrarias cuya finalidad es prestar asesoramiento técnico en el ámbito fitosanitario a sus integrantes, así como la implantación y mejora de métodos de gestión integrada de plagas, promoviendo el respeto al medio ambiente y la seguridad del consumidor. En la práctica, son grupos de agricultores que se unen para combatir juntos —y de forma más inteligente— los enemigos de sus cultivos.
La idea de fondo es sencilla pero poderosa: aumentar la seguridad del consumidor, el respeto al medio ambiente, el uso sostenible de los plaguicidas y el fomento de la gestión integrada contra las plagas en los diferentes cultivos. En un momento en que la presión regulatoria europea sobre el uso de pesticidas no deja de crecer, este tipo de agrupaciones se han convertido en aliadas imprescindibles para que el sector aguante el envite sin perder competitividad.
Más dinero, más solicitudes atendidas
La convocatoria inicial, publicada el pasado mes de julio, ya preveía la posibilidad de ampliar la dotación. El importe máximo global destinado a estas ayudas ascendía originalmente a 300.000 euros, aunque con el fin de atender al mayor número posible de solicitudes, esta dotación podía incrementarse en una cuantía adicional máxima de 250.000 euros, sin que ello requiriera la aprobación de una nueva convocatoria. Ahora, con la ampliación de 195.000 euros aprobada, el total llega a los 495.000 euros: se trata, en definitiva, de un colchón de seguridad que se activa cuando la demanda supera las previsiones, sin necesidad de burocracia adicional.
Las subvenciones cubren, durante un período máximo de cinco años y con una intensidad de ayuda decreciente, los costes laborales del personal técnico contratado por cada ATRIA para coordinar la lucha contra las plagas. Además, podrá subvencionarse hasta un 10% del gasto en productos o medios fitosanitarios que incorporen innovaciones o supongan una mejora en la aplicación de las técnicas de gestión integrada. No se financia cualquier producto del mercado, sino lo que representa un paso adelante respecto a los métodos convencionales.
Una apuesta por el campo sostenible que viene de enero
Este impulso presupuestario no surge de la nada. En enero de 2026, la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca aprobó la Orden 1/2026, de 22 de enero, por la que se establecen las bases reguladoras de las ayudas destinadas a las ATRIA. Fue el punto de partida de una estrategia más ambiciosa. La Conselleria, consciente de los desafíos actuales del sector agrícola y comprometida con la promoción de prácticas sostenibles y la protección del medio ambiente, reconoce la creciente importancia de la gestión integrada de plagas como pilar fundamental para la sanidad vegetal y la productividad de los cultivos.
El objetivo último de estas ayudas no es solo repartir dinero, sino cambiar hábitos arraigados en el campo durante décadas. Las ATRIA trabajan en la reducción del uso de plaguicidas, promueven el equilibrio del agroecosistema y minimizan los riesgos para la salud humana y el medio ambiente, todo ello sin sacrificar la sanidad de los cultivos. En una región como la Comunitat Valenciana, donde la agricultura citrícola, hortícola y el cultivo de arroz tienen un peso económico y cultural enorme, apostar por la gestión integrada de plagas es también apostar por la supervivencia del modelo agrícola valenciano frente a un mercado global cada vez más exigente en materia de residuos y sostenibilidad.


