La Generalitat planta la semilla de la recuperación: 100.000 árboles autóctonos para sanar los barrancos arrasados por la DANA

La Comunitat Valenciana restaurará 160 km de cauces en 53 municipios afectados por la DANA con 30 especies nativas y 56,4 millones de euros.

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Plantación de árboles
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Casi dos años después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 arrasara la Comunitat Valenciana, la respuesta ecológica empieza a tomar forma entre semilleros y viveros especializados. La Generalitat ha puesto en marcha uno de los proyectos de restauración fluvial más ambiciosos de su historia: recuperar 160 kilómetros de barrancos y ríos devastados por las inundaciones, replantándolos con más de 30 especies vegetales autóctonas. El objetivo no es solo devolver el verde a unos cauces maltrechos, sino rediseñar su capacidad para resistir la próxima catástrofe.

Un vivero contra el olvido

El encargado de producir esa planta es el Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF), dependiente de la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación. En una primera fase, el centro producirá unos 100.000 ejemplares de ribera, seleccionados con precisión genética para garantizar que cada árbol o arbusto sea el adecuado para la zona donde va a crecer. No se trata de plantar por plantar: el origen genético del material vegetal es clave para que las plantas prosperen y no queden como meras decoraciones efímeras en un paisaje que sigue cicatrizando.

La directora general de Recuperación y Reconstrucción, Sandra Castillo, visitó las instalaciones del CIEF para reunirse con el equipo técnico del centro y revisar los detalles del proyecto. La escala del reto es considerable: los cauces afectados se distribuyen entre las cuencas del Magro, Túria, Poyo y Picassent, atravesando un total de 53 municipios.

"La Generalitat va a llevar a cabo una de las mayores actuaciones de restauración de cauces emprendidas hasta la fecha en la Comunitat, que contempla la intervención sobre 160 kilómetros de barrancos y ríos distribuidos en las cuencas del Magro, Túria, Poyo y Picassent, que atraviesan un total de 53 municipios" - Sandra Castillo, directora general de Recuperación y Reconstrucción de la Generalitat Valenciana

El enemigo silencioso: la caña invasora

Antes de plantar hay que arrancar. Y lo que hay que arrancar es, en buena medida, caña común (Arundo donax), una especie invasora que coloniza los cauces valencianos con una agresividad que los técnicos forestales conocen bien. Lejos de ser un elemento pintoresco del paisaje mediterráneo, la caña actúa como un acelerador del desastre: sus densas colonias obstaculizan el flujo del agua, incrementan la carga de combustible vegetal y agravan las inundaciones, como quedó en evidencia durante la DANA. Erradicarla, o al menos desplazarla progresivamente, es el primer paso para que los cauces vuelvan a funcionar como deben.

En su lugar, el CIEF producirá especies características de los bosques de ribera mediterráneos. Entre ellas figuran el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolius), el olmo (Ulmus minor), el arraclán (Frangula alnus), la adelfa (Nerium oleander), el tamarisco (Tamarix spp.) y diversas especies de sauces y mimbreras (Salix spp.). Son plantas que, a diferencia de la caña, fijan el suelo, regulan el caudal y alimentan una biodiversidad que la invasora sofoca.

Más que árboles: infraestructura natural contra futuros desastres

La actuación, enmarcada en el Plan de Renaturalización impulsado por el Comisionado para la Recuperación, cuenta con una inversión de 56,4 millones de euros. El proyecto persigue tres objetivos que van mucho más allá de la estética: recuperar el funcionamiento ecológico de los cauces, favorecer la creación de corredores verdes y reducir los riesgos asociados a futuras inundaciones e incendios. Dicho de otra forma: se trata de convertir los márgenes fluviales en la primera línea de defensa frente al cambio climático.

No es un propósito banal. La magnitud del desastre de la DANA no dependió únicamente de la cantidad de lluvia, sino de cómo está configurado el territorio; durante las últimas décadas, la costa mediterránea ha sufrido una urbanización acelerada, con una fuerte impermeabilización del suelo y pérdida de zonas naturales de infiltración. Restaurar la vegetación de ribera es, en ese contexto, una apuesta por recuperar los amortiguadores naturales que el territorio fue perdiendo durante décadas.

La producción de planta se realizará de forma escalonada, adaptada al calendario de ejecución de las obras. No habrá una gran plantación única y espectacular, sino un proceso continuo y técnicamente exigente, en el que la calidad de cada ejemplar importa tanto como la cantidad. Es, en definitiva, la misma lógica con la que se construye cualquier ecosistema: paciencia, diversidad y tiempo. Precisamente lo que los barrancos valencianos necesitan para volver a ser, algún día, algo más que la cicatriz visible de una catástrofe.