La Comunitat Valenciana no solo produce naranjas o tomates: también los convierte en marca, en empleo y en divisas. Con ese argumento de fondo, el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, ha anunciado una convocatoria de ayudas dotada con 28 millones de euros destinada a fomentar las inversiones de las industrias agroalimentarias de la región. El objetivo es apoyar proyectos de transformación, comercialización y desarrollo de productos, contribuyendo a la competitividad, la innovación y la modernización de un sector que, lejos de ser periférico, sostiene una parte esencial de la economía valenciana.
El conseller lo dijo durante la clausura de la Asamblea General de la Federación Empresarial de Agroalimentación de la Comunidad Valenciana (FEDACOVA) 2026, celebrada en el Auditorio Miguel Burdeos de València. El escenario no era casual: ante los representantes del tejido empresarial agroalimentario, Barrachina defendió que la Comunitat cuenta con una industria de primer nivel mundial respaldada por una base agraria capaz de suministrarle materia prima de máxima calidad.
"Tenemos una industria agroalimentaria extraordinaria, reconocida dentro y fuera de España, y queremos que se nutra de los mejores productos, que son los que se producen aquí, en la Comunitat Valenciana" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Un sector que vale lo que exporta
Los números respaldan el entusiasmo institucional. El sector agroalimentario valenciano aporta un saldo positivo de 3.500 millones de euros, al vender al exterior más de lo que se compra. En 2025, las exportaciones agroalimentarias de la región alcanzaron un récord histórico de más de 10.217 millones de euros, con ese superávit de 3.500 millones que, según el propio Barrachina, no es un dato menor: sin su aportación, el déficit global de la Comunitat sería de más de 3.200 millones de euros. Dicho de otra forma, el campo valenciano es, hoy por hoy, el salvavidas de la balanza comercial de toda la región.
Y la tendencia no da señales de frenarse. El primer trimestre de 2026 confirma el pulso exportador con 2.895 millones de euros vendidos al exterior y un superávit de 1.206 millones. Las exportaciones del sector agroalimentario valenciano superaron en 2025 los diez mil millones de euros, lo que supone un 8% más que el año anterior. Un crecimiento que contrasta con la evolución general del comercio exterior valenciano, mucho más modesto en el mismo periodo.
Más allá de los datos macroeconómicos, el sector tiene un peso cotidiano difícil de ignorar: representa uno de cada ocho empleos en la Comunitat Valenciana y el 9,3% de su riqueza total. Una cifra que convierte cada acuerdo comercial, cada convocatoria de ayudas o cada campaña agrícola en algo que afecta directamente a miles de familias.
El campo como punto de partida: 124 millones en ayudas directas
Barrachina insistió en que la fortaleza de la industria empieza mucho antes de llegar a la fábrica o al contenedor de exportación. "Sin una base agraria fuerte, moderna, rentable y con futuro, no hay industria agroalimentaria que valga", afirmó. Por eso, la Conselleria concentra este año 124 millones de euros en grandes líneas de ayuda directa al campo, distribuidos de la siguiente manera:
- 50 millones de euros para modernizar explotaciones, una cifra que multiplica por cuatro la última convocatoria del anterior Consell.
- 27,4 millones destinados al relevo generacional.
- 9 millones ya resueltos para la competitividad de la ganadería.
- 9 millones en ayudas URA para regadíos.
- 2 millones para la Huerta de València.
La apuesta por modernizar explotaciones resulta especialmente llamativa: multiplicar por cuatro el esfuerzo presupuestario respecto al anterior gobierno autonómico no es solo un gesto político, sino una señal de que la administración valenciana quiere posicionar su agricultura como un actor competitivo a largo plazo, no como un sector en retirada.
El IVF como palanca financiera anticrisis
Junto a las subvenciones directas, el Institut Valencià de Finances (IVF) ha activado la nueva línea bonificada IVF Agro Anticrisis 2026, diseñada para inyectar liquidez en empresas y cooperativas del sector agroalimentario. La iniciativa, que surge tras la modificación de la línea IVF Industria Agroalimentaria 2026, permite financiar nuevos proyectos de inversión o atender necesidades de capital circulante en condiciones favorables, en un contexto que el propio conseller reconoció como "especialmente complejo" para el sector primario.
La combinación de subvenciones directas y financiación bonificada refleja una estrategia de doble palanca: por un lado, reducir el coste de modernizarse; por otro, facilitar el acceso al crédito a quienes quieren crecer pero no encuentran condiciones favorables en el mercado ordinario. No es un enfoque nuevo en política agraria, pero la magnitud del esfuerzo presupuestario sí marca una diferencia respecto a convocatorias anteriores.
Jóvenes agricultores: la apuesta por el relevo
Uno de los retos más silenciosos —y más decisivos— del mundo rural es el envejecimiento de quienes lo trabajan. Sin agricultores jóvenes, no hay materia prima para la industria. Con esa lógica, la Generalitat ha resuelto una convocatoria récord de 27,4 millones de euros para incorporar a 548 nuevos agricultores. De ellos, 439 son jóvenes que se incorporan a la actividad y 109 llegan al campo por primera vez desde otros sectores. Más de un centenar tiene entre 18 y 22 años, y 203 son mujeres.
Los datos del relevo generacional no son solo estadísticas: representan la respuesta estructural a una pregunta que planea sobre el futuro de la agroalimentación valenciana. Si en 2025 el sector batió récords de exportación con los agricultores de hoy, lo que ocurra dentro de veinte años dependerá, en buena parte, de si esos más de quinientos nuevos profesionales del campo deciden quedarse, crecer y abastecer a una industria que, por ahora, sigue mirando al mundo desde una posición de liderazgo.


