Hay presupuestos que se limitan a cuadrar números. Y hay otros que, al menos en la retórica que los acompaña, aspiran a algo más. El vicepresidente segundo y conseller de Presidencia, José Díez, ha presentado en Les Corts el presupuesto de su departamento para 2026: 251,7 millones de euros con los que la Generalitat Valenciana pretende reducir las brechas entre sus territorios, reforzar el papel institucional del Consell y posicionar a la Comunitat ante los retos del siglo XXI. Un programa que, significativamente, baja el gasto total respecto al ejercicio anterior, pero que, según Díez, no renuncia a ninguna de sus prioridades estratégicas.
La Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Presidencia ocupa un lugar peculiar dentro del organigrama autonómico: no gestiona hospitales ni escuelas, pero coordina, representa, impulsa y articula. Sus competencias abarcan desde la política lingüística y los fondos europeos hasta el deporte, la acción exterior o la lucha contra el despoblamiento. Es, en cierto modo, el tejido conectivo del Consell. Y ese papel transversal es, precisamente, el argumento con el que Díez defiende la utilidad de sus cuentas.
"Este presupuesto no es una suma de partidas, sino una herramienta de gobierno para generar utilidad pública, cohesión territorial y capacidad estratégica" - José Díez, vicepresidente segundo y conseller de Presidencia de la Generalitat Valenciana
Más de la mitad del dinero va directo al territorio
Uno de los datos más llamativos del presupuesto es que 142,5 millones de euros —más de la mitad del total— se canalizan a través de subvenciones destinadas a ayuntamientos, federaciones deportivas, entidades culturales, proyectos estratégicos y acción exterior. No es dinero que se quede en la administración central: es dinero que sale hacia los municipios, los clubes de barrio, las asociaciones de promoción del valenciano o los gestores de fondos europeos que trabajan en comarcas sin grandes recursos técnicos.
El mayor bloque de gasto del departamento se concentra en cohesión territorial: 92,4 millones de euros. De esa cantidad, 73,7 millones están vinculados a líneas específicas de lucha contra el despoblamiento y mantenimiento de servicios esenciales en los municipios más vulnerables. El despoblamiento es uno de los grandes problemas silenciosos de la Comunitat: hay municipios del interior que pierden habitantes cada año sin que ningún titular lo recoja. El presupuesto responde a esa realidad financiando servicios básicos, centros sociales, espacios multiusos, equipamientos municipales, rehabilitación patrimonial, competencias digitales y hasta el mantenimiento de servicios bancarios en zonas donde la última sucursal ya cerró hace tiempo.
"El código postal no puede determinar las oportunidades de vida de un ciudadano" - José Díez, vicepresidente segundo y conseller de Presidencia de la Generalitat Valenciana
Dentro del capítulo de política local, se añaden además 10 millones de euros para protección y mejora de equipamientos municipales y otros 5 millones para mejorar la accesibilidad de edificios públicos. Dos líneas modestas en cifras, pero con impacto visible en los presupuestos de los ayuntamientos más pequeños, que difícilmente podrían afrontar estas inversiones por su cuenta.
El deporte, entre la salud pública y la economía de proximidad
El presupuesto reserva 45 millones de euros al programa de Fomento de la Actividad Deportiva, con líneas que van desde el deporte federado y la pilota valenciana hasta el deporte escolar, el femenino, el adaptado y la organización de competiciones nacionales e internacionales. A eso se suman 20 millones adicionales para infraestructuras deportivas municipales. La apuesta no es solo sentimental: Díez defiende que los clubes deportivos vertebran pueblos y barrios, y que los grandes eventos generan retorno económico, turismo y visibilidad exterior para una comunidad que sabe, desde hace tiempo, que los eventos deportivos de escala internacional son también una herramienta de marca territorial.
El valenciano en la era de la inteligencia artificial
El programa de Promoción del Valenciano alcanza los 17 millones de euros, con más de 9,1 millones destinados específicamente a la protección, difusión y modernización de la lengua. Pero quizás lo más novedoso en este ámbito es la apuesta explícita por la presencia del valenciano en herramientas de inteligencia artificial: traductores automáticos, asistentes de voz, contenidos audiovisuales y plataformas digitales donde se comunican las nuevas generaciones. Una lengua que no aparece en esos espacios, se argumenta, corre el riesgo de quedar reducida a un patrimonio museístico. La pregunta que subyace es relevante: ¿puede el valenciano competir en el entorno digital frente a idiomas con decenas de veces más hablantes y datos de entrenamiento? El presupuesto apuesta a que sí, o al menos a que vale la pena intentarlo.
Europa, como oportunidad que no siempre llega sola
El programa de Fondos Europeos cuenta con 18,8 millones de euros. La lógica detrás de esta partida es sencilla pero frecuentemente ignorada: acceder a financiación europea requiere capacidad técnica, conocimiento de procedimientos y recursos humanos para gestionar proyectos complejos. Muchos municipios pequeños carecen de todo eso. La Conselleria destina más de 142 millones de euros en líneas de subvención dirigidas, entre otras áreas, a fondos europeos y apoyo a iniciativas con impacto social, económico e institucional. El rol de Presidencia, en este punto, es actuar como facilitadora para que los recursos europeos lleguen a quienes más los necesitan, no solo a las administraciones con mayor músculo burocrático.
En conjunto, las cuentas de la Vicepresidencia Segunda para 2026 se articulan en torno a tres ejes: vertebración y cohesión territorial, estrategia y posicionamiento, y liderazgo institucional. Son coordenadas que, más allá del lenguaje de gestión pública, apuntan a una idea de fondo: que la Comunitat Valenciana no se construye únicamente desde Valencia, Alicante o Castellón, sino también desde los cientos de municipios medianos y pequeños que conforman su geografía real y que, sin apoyo institucional sostenido, difícilmente pueden competir en igualdad de condiciones en una economía cada vez más exigente con quienes no tienen escala.


