Dos reconocimientos nacionales en una sola jornada. La Entidad Valenciana de Vivienda y Suelo (EVHA), organismo público de la Generalitat Valenciana, recibió en Santa Cruz de Tenerife dos premios accésit de la Asociación Española de Gestores Públicos de Vivienda y Suelo (AVS) por proyectos que, en esencia, comparten un mismo hilo conductor: convertir la adversidad en oportunidad habitacional. Uno por la respuesta urgente a la dana del 29 de octubre de 2024 mediante viviendas industrializadas; otro, por la transformación de un esqueleto de hormigón abandonado durante una década en un edificio sostenible de 184 viviendas en el barrio valenciano de La Torre.
De la emergencia a los módulos prefabricados
Cuando las riadas del 29 de octubre de 2024 arrasaron decenas de municipios de la provincia de Valencia, la pregunta más urgente no era cómo reconstruir, sino dónde vivir. Ante esa emergencia, la EVHA activó un plan de vivienda industrializada en Torrent y Albal, hoy ampliado también a Utiel, con un centenar de unidades ya en marcha. El método no es arbitrario: la vivienda industrializada permite fabricar módulos completos —estructura, instalaciones, baños, cocinas y acabados— en planta y ensamblarlos directamente sobre el solar, recortando drásticamente los tiempos de construcción respecto a los métodos tradicionales.
El método escogido permite acortar los plazos de producción y entrega y ahorrar costes, algo necesario dada la fuerte necesidad. La fabricación de los inmuebles o de una parte de los mismos, como fachadas, cocinas o baños, se hace en fábricas o naves, de forma que se mecaniza y controla todo el proceso, minimizando errores y asegurando una mayor precisión que la metodología tradicional. La urgencia, en este caso, no admitía debate.
El plan tiene también una dimensión social que va más allá del techo: todos los inmuebles pasarán a formar parte del parque público de la Generalitat y se destinarán a alquiler asequible. En la adjudicación se priorizará a los colectivos más vulnerables: familias que han perdido su vivienda habitual, hogares con menores, personas mayores y personas con discapacidad. El objetivo no es solo entregar llaves, sino permitir que las familias reconstruyan su vida en los municipios donde tienen sus raíces.
"Recibir el respaldo de un referente como la AVS nos impulsa a seguir trabajando en soluciones habitacionales que no solo den un techo a la gente que lo necesita, sino que aporten dignidad, eficiencia y un verdadero bienestar a las personas." - Estefanía Martínez, directora general de la EVHA
La iniciativa se enmarca en el Plan de Vivienda Dana, elaborado para paliar los daños ocasionados por la riada, dotado con un presupuesto total de 91,6 millones de euros para el periodo 2024-2027, con el objetivo de reparar, reconstruir y prevenir futuros daños en las viviendas afectadas. La AVS ha premiado este proyecto dentro de la modalidad Toni Sorolla de 'Iniciativa en innovación social en relación a las personas y a la arquitectura', reconociendo su carácter replicable y su combinación de eficiencia técnica con acompañamiento social.
Un esqueleto de hormigón convertido en referente energético
El segundo premio llegó por una historia de resiliencia urbana con protagonista físico: un edificio paralizado durante diez años en el barrio de La Torre, en València. Lo que durante una década fue un símbolo visible de la crisis inmobiliaria —esa estructura de hormigón sin terminar que los vecinos ven desde la calle— ha sido transformado por la EVHA, con diseño del estudio MCBAD (Colomer Dumont SLP) y financiación de los fondos europeos Next Generation, en un complejo residencial de 184 viviendas con certificación energética Clase A.
El edificio no es convencional. Dos torres de 20 y 14 alturas se asientan sobre un volumen horizontal que libera más de 3.000 metros cuadrados de suelo, creando un espacio urbano abierto al uso público. Las viviendas incorporan terrazas cubiertas protegidas por lamas correderas metálicas que actúan como filtro solar y térmico, ventilación cruzada y paneles prefabricados de hormigón bajo en carbono. La planta cuarta cuenta con una terraza accesible con local comunitario. No es arquitectura de emergencia: es arquitectura de fondo, pensada para durar y para mejorar el entorno.
La AVS ha valorado específicamente la calidad arquitectónica, la eficiencia energética y la integración urbana y climática del proyecto. Más allá de los criterios técnicos, el edificio ganó relevancia social añadida cuando parte de sus viviendas acogieron a familias desplazadas por la dana.
"Hemos convertido un esqueleto de hormigón abandonado en un referente de edificación y en un hogar seguro para muchas familias, especialmente de aquellas afectadas por la dana que encontraron aquí un refugio." - Estefanía Martínez, directora general de la EVHA
Un reconocimiento que va más allá de los trofeos
Los Premios AVS a las Buenas Prácticas se entregan en el marco de la Asamblea General de la Asociación Española de Gestores Públicos de Vivienda y Suelo, con el objetivo de visibilizar el trabajo del sector público y las entidades privadas sin ánimo de lucro en materia de vivienda social, sostenibilidad y regeneración urbana. Este año, la celebración tuvo lugar en Santa Cruz de Tenerife, donde Estefanía Martínez recogió ambos reconocimientos en representación de la Vicepresidencia Primera y Conselleria de Vivienda de la Generalitat Valenciana.
En la misma ceremonia, los premios reconocieron también la trayectoria de cuatro décadas del Instituto Valenciano de la Edificación, convertido en referente del sector en la Comunitat. Dos proyectos y cuarenta años de historia en una misma entrega de galardones que, en el fondo, plantean una pregunta nada retórica: ¿puede la vivienda pública ser al mismo tiempo urgente, sostenible y digna? La respuesta valenciana, al menos por ahora, apunta a que sí.


