Ejercer la abogacía nunca ha sido sencillo. Los primeros años de carrera suelen ser un laberinto de incertidumbres, contratos precarios y una brecha considerable entre lo que se aprende en la facultad y lo que exige el día a día de los tribunales. Con ese telón de fondo, la consellera de Justicia, Transparencia y Participación de la Generalitat Valenciana, Nuria Martínez, inauguró este jueves la jornada 'Inicios de la Abogacía: primeros pasos, habilidades y salidas profesionales', organizada conjuntamente por la Agrupación de Jóvenes Abogados de Valencia (AJA Valencia) y el Ilustre Colegio de Abogados de Valencia (ICAV).
El servicio público, una salida que no siempre está en el radar
En su intervención, Martínez lanzó un mensaje que no siempre ocupa un lugar destacado en los planes de futuro de los recién licenciados: la Administración pública es un espacio profesional de primer nivel para los juristas. Lejos de presentarla como una opción residual o de última hora, la consellera defendió que las instituciones necesitan incorporar talento joven con visión renovada.
"Necesitamos contar con profesionales del Derecho preparados, comprometidos y capaces de aportar nuevas perspectivas a los desafíos que afrontan nuestras instituciones" - Nuria Martínez, consellera de Justicia, Transparencia y Participación de la Generalitat Valenciana
No es una llamada menor. En un momento en que la saturación del mercado laboral jurídico privado convive con una Administración en plena transformación digital, el sector público emerge como un destino con más recorrido del que muchos imaginan al terminar la carrera.
Los primeros años, los más duros y también los más decisivos
Martínez no eludió la realidad de quienes empiezan. Los primeros años de ejercicio profesional son, en sus palabras, "probablemente los más intensos y también los más determinantes". Y añadió algo que cualquier veterano del sector suscribiría: la abogacía exige mucho más que una sólida formación técnica. Requiere criterio, capacidad de adaptación, vocación de servicio y una profunda conciencia de la responsabilidad que implica defender los derechos de la ciudadanía.
Esa combinación de competencias técnicas y humanas es precisamente lo que hace tan compleja —y tan rica— la profesión jurídica. No basta con saber el Código Civil de memoria; hace falta saber leer a las personas, gestionar la presión y tomar decisiones en condiciones de incertidumbre.
Digitalización e inteligencia artificial: ¿amenaza o palanca de cambio?
La consellera también abordó de frente la gran transformación que atraviesa el sector jurídico: la irrupción de la digitalización, la inteligencia artificial y una normativa cada vez más densa y cambiante. La pregunta que planea sobre el colectivo es inevitable: ¿hasta qué punto la tecnología va a redefinir el papel del abogado? Martínez optó por el optimismo pragmático. Reconoció que los cambios plantean desafíos relevantes, pero también señaló que abren "oportunidades extraordinarias para quienes sepan adaptarse y aprovechar las nuevas herramientas que la innovación pone a nuestra disposición".
Es una apuesta por la formación continua como activo diferencial. Los jóvenes juristas que entren al mercado laboral en los próximos años no competirán únicamente con sus colegas de generación, sino también con sistemas automatizados capaces de redactar contratos, analizar jurisprudencia o detectar riesgos legales en cuestión de segundos. Adaptarse o quedarse atrás: ese es el dilema que define esta década para la profesión.
La Generalitat, con los deberes en marcha
Más allá del discurso, Martínez detalló las medidas concretas que la Generalitat está impulsando para modernizar el ecosistema judicial valenciano. Entre ellas, destacó la implantación del nuevo sistema de gestión procesal Just@, la digitalización de los registros civiles, la mejora de la atención telemática a ciudadanos y profesionales, y la renovación de las infraestructuras tecnológicas en las sedes judiciales de la Comunitat Valenciana.
Todas estas actuaciones, subrayó la consellera, responden a "el compromiso firme de este Consell con una justicia más ágil, accesible, eficiente y plenamente adaptada a los retos del siglo XXI". No es retórica vacía: cada una de esas iniciativas tiene un impacto directo en el tiempo que tarda un ciudadano en resolver un pleito, en la capacidad de un abogado para tramitar un expediente o en la posibilidad real de acceder a la justicia sin necesidad de desplazarse.
Al final, el mensaje de Nuria Martínez a los jóvenes abogados fue tan claro como cargado de expectativa: serán ellos y ellas quienes, en buena medida, definan cómo será la justicia valenciana de las próximas décadas. Una generación que hereda un sistema en plena transformación y que tiene, quizá más que ninguna otra, la oportunidad —y la responsabilidad— de moldearlo.

