Mil docentes más en las aulas. Ese es el titular humano detrás de los 66,8 millones de euros que la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades de la Comunitat Valenciana acaba de aprobar para el curso 2026-2027 en concepto de Recursos Extraordinarios destinados a la Mejora Académica (REMA). Es la mayor dotación de este programa hasta la fecha, con un incremento de 9,3 millones de euros respecto al curso anterior, y llega en un momento en el que el abandono escolar vuelve a encender las alarmas en la región.
Una inyección de recursos con una novedad burocrática
Lo que antes requería solicitud, ahora llega de oficio. Por primera vez en la historia del programa, la Conselleria que dirige Carmen Ortí ha asignado estos recursos de manera automática, sin que el profesorado tenga que presentar ningún tipo de petición previa. Un cambio aparentemente menor en la forma, pero significativo en el fondo: menos papeleo significa más tiempo dedicado a enseñar.
La medida responde a una lógica de simplificación administrativa que, en la práctica, garantiza que ningún centro se quede fuera del programa por razones burocráticas. Todo el profesorado de centros sostenidos con fondos públicos podrá acogerse a él de forma directa.
1.000 profesores para los centros públicos
El grueso del dinero, concretamente 59.987.238,50 euros, se destinará a los centros públicos, donde se incorporarán 1.000 docentes adicionales repartidos entre las etapas de segundo ciclo de Educación Infantil y Primaria (510 docentes) y Educación Secundaria (490 docentes). La distribución territorial no es homogénea: 492 centros de Valencia, 411 en Alicante y 145 en Castellón recibirán este refuerzo de plantilla.
Los centros privados concertados no quedan al margen. Con una dotación de 6,8 millones de euros, contarán con 3.100 horas extraordinarias y la contratación de 124 docentes adicionales, distribuidos entre 115 centros en Valencia, 51 en Alicante y 9 en Castellón.
El trasfondo: el abandono escolar como urgencia
¿Por qué ahora y por qué tanto? El contexto ayuda a entender la magnitud del esfuerzo. El abandono escolar temprano en la Comunitat Valenciana se situó en 2025 en el 14,39%, lo que supone un repunte respecto a 2024, cuando la tasa descendió hasta el 12,88%, el valor más bajo del periodo reciente. El mayor dato se registra entre los hombres, de los que un 17,14% dejó los estudios frente al 11,51% de las mujeres.
Con este dato, la Comunitat ocupa la 12ª posición entre 19 territorios en el conjunto del Estado. Y aunque en el conjunto de España el abandono educativo temprano ha descendido hasta el 12,80%, su registro anual más bajo de toda la serie histórica, la tasa española continúa siendo una de las más altas de la Unión Europea, que para el año 2030 ha establecido el objetivo de fijar esta cifra en el 9%. La brecha entre lo que hay y lo que se exige es todavía considerable.
Criterios objetivos y atención a la diversidad
El reparto de estos recursos no se hace a ciegas. La Conselleria ha establecido criterios objetivos que priorizan los centros con mayores necesidades: el número de alumnado matriculado, el grado de vulnerabilidad —medido por el porcentaje de estudiantes en situación de compensación educativa— y los resultados de la Evaluación de Diagnóstico. En otras palabras, más recursos para quienes más los necesitan.
Las actuaciones financiadas deberán estar recogidas en el Plan de Actuación para la Mejora (PAM) de cada centro y se orientarán a tres frentes: el refuerzo del aprendizaje, la atención a la diversidad y la reducción de las desigualdades educativas. También se incluye entre los objetivos mejorar la competencia en comunicación lingüística y aumentar las tasas de escolarización en etapas postobligatorias, es decir, en bachillerato y formación profesional, donde la Comunitat Valenciana tiene todavía margen de mejora.
En definitiva, los 66,8 millones del programa REMA no son solo una cifra presupuestaria: son la respuesta institucional a un problema que tiene nombre y apellidos en cada aula valenciana. Cada docente adicional representa la posibilidad real de que un alumno en riesgo de quedarse atrás encuentre el apoyo que necesita para seguir adelante. Si la inversión se traduce en resultados, el verdadero examen no estará en las aulas, sino en los datos de abandono escolar que se publiquen dentro de dos años.

