La industria europea tiene que descarbonizarse. Eso no está en discusión. Pero hacerlo a un ritmo que arruine fábricas, destruya empleos y deje el terreno libre a importaciones de países sin compromisos climáticos equivale, según la consellera valenciana de Industria, Turismo, Innovación y Comercio, a resolver el problema en el papel mientras se agrava en el mundo real. Con ese mensaje de fondo, Marián Cano viajó a Bruselas para participar en la 24ª edición de la Semana Europea de las Regiones y Ciudades, organizada por el Comité Europeo de las Regiones y la Dirección General de Política Regional y Urbana de la Comisión Europea, y poner sobre la mesa los desafíos que afrontan los sectores industriales con mayor consumo energético.
El dilema de la industria intensiva en energía
El escenario que describió Cano en Bruselas no es teórico. La 24ª edición del evento, celebrada entre el 12 y el 14 de octubre de 2026 íntegramente en formato presencial en la capital belga, acogió más de 110 sesiones. En ese contexto de debate político de alto nivel, la consellera puso el foco en un tipo de industria que a menudo queda atrapada entre dos exigencias difíciles de conciliar: reducir emisiones y seguir siendo viable económicamente.
El sector cerámico valenciano, uno de los más potentes de Europa y también uno de los que más energía consume por naturaleza de su proceso productivo, sirvió como ejemplo concreto. Cano reconoció que se trata de «un sector de difícil descarbonización», pero subrayó que sus empresas llevan años invirtiendo en eficiencia energética, reducción de emisiones e innovación tecnológica. El problema no es la voluntad, sino los límites de lo que la tecnología disponible hoy permite hacer, y la velocidad a la que los objetivos europeos exigen avanzar.
"No se trata de elegir entre industria y clima, sino de construir una industria europea fuerte para alcanzar con éxito sus objetivos climáticos" - Marián Cano, consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana
Competir con quien no tiene las mismas reglas
Uno de los argumentos más contundentes de la intervención apuntó a una contradicción que preocupa a buena parte del tejido industrial europeo: si las empresas del continente asumen unos costes climáticos que sus competidores de terceros países no tienen, el resultado puede ser que la producción se desplace fuera de Europa sin que las emisiones globales disminuyan un solo gramo. Es lo que los economistas denominan "fuga de carbono", y es un riesgo que la consellera consideró inaceptable. La diferencia de costes eléctricos respecto a otras regiones del mundo, la incertidumbre normativa y la sobrecapacidad internacional son algunos de los desafíos que ya amenazan a la industria europea de materiales básicos.
Para Cano, proteger a la industria europea frente a esa competencia asimétrica no es proteccionismo, sino coherencia: sustituir producción europea por importaciones solo traslada el problema climático a otros lugares y debilita la autonomía estratégica del continente. La descarbonización, en su visión, debe construirse junto a la industria y no a su costa.
"La transición climática será más sólida y eficaz si se construye junto a la industria y no a su costa" - Marián Cano, consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana
Certidumbre para invertir, regulación alineada con la tecnología real
La consellera fue explícita al señalar qué necesitan las empresas para seguir apostando por Europa: inversión, sí, pero también certidumbre. Sin un horizonte regulatorio estable, las compañías no pueden planificar a largo plazo los procesos de transformación que exige la descarbonización. Y sin esa planificación, el riesgo es que la transición energética se convierta en una carrera que Europa corra sola, sin su base industrial.
En ese sentido, Cano defendió una regulación alineada con el desarrollo real de la innovación tecnológica, que no imponga ritmos imposibles sino que acompañe y apoye a las industrias que ya están liderando el esfuerzo transformador. Las empresas del sector cerámico, recalcó, están comprometidas con la transición energética, pero necesitan acceder a energía a precios competitivos para avanzar en la descarbonización sin perder capacidad de competir en los mercados internacionales.
Las regiones, más cerca del problema y de la solución
Más allá del debate sobre la descarbonización, Cano aprovechó el foro europeo para reclamar un mayor protagonismo de las regiones en el diseño de las políticas industriales. El argumento tiene una lógica territorial clara: la Semana de las Regiones de la UE es precisamente el espacio donde políticos, expertos y empresas debaten los retos comunes y buscan soluciones adaptadas a cada realidad. Y esa diversidad, a juicio de la consellera, debe reflejarse en las políticas que se diseñan desde Bruselas.
Las regiones, argumentó, son donde se concentran los clústeres industriales, donde se desarrollan las innovaciones y donde los grandes objetivos europeos se convierten en proyectos concretos. Su proximidad con las empresas les permite diseñar políticas más eficaces y ajustadas a las circunstancias reales de cada territorio, algo que una política industrial uniforme y centralizada difícilmente puede lograr. Europa, concluyó Cano, es diversa, y su política industrial debe reconocer esa diversidad, aprovechando las capacidades específicas de cada ecosistema y conectándolas mediante una estrategia común. En un momento en que el debate sobre la competitividad industrial y la transición verde centra gran parte de la agenda política europea, esa llamada a escuchar más a los territorios podría ser, precisamente, la pieza que falta.

