La Comunitat Valenciana vigila sus playas con 5.000 análisis y dos proyectos de inteligencia artificial que detectan contaminación en tiempo real

La Generalitat refuerza el control de sus 266 zonas de baño con más análisis, drones y biosensores de nanoinmunotecnología.

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Presentación vigilancia playas Comunitat Valenciana
Presentación vigilancia playas Comunitat Valenciana
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Cada verano, millones de personas se lanzan al mar a lo largo de los 465 kilómetros del litoral valenciano sin preguntarse demasiado qué hay bajo esa agua que parece tan transparente. Detrás de esa confianza hay un dispositivo de vigilancia que este año da un salto notable: la Generalitat Valenciana llevará a cabo cerca de 5.000 controles analíticos en las zonas de baño de la comunidad, un 8% más que la temporada anterior, cuando se realizaron 4.600. Y lo hace, además, estrenando tecnología que hasta hace poco parecía reservada a la ciencia ficción.

Más análisis, menos cierres

El vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, presentó el programa este lunes durante una visita a la toma de muestras en la playa de Chilches. El marco es ambicioso: 266 zonas de baño censadas en toda la Comunitat Valenciana, de las cuales 250 son marítimas y 16 continentales, vigiladas a través de 293 puntos de muestreo distribuidos por el territorio.

"Más controles, más tecnología y más medios para garantizar la seguridad y la excelencia de las aguas durante la temporada estival" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana

Los datos avalan el esfuerzo. Desde el inicio de la temporada y hasta el 15 de julio se habían completado 2.087 controles analíticos en zonas de baño, además del seguimiento de 88 puntos de vertido que desembocan en el litoral. Y los resultados son reveladores: en lo que va de temporada se han registrado una docena de cierres temporales de zonas de baño, frente a casi una veintena contabilizados en las mismas fechas del año anterior. Menos cierres no significa menor vigilancia, sino exactamente lo contrario.

El balance de 2025 —la temporada que sirve de referencia para la calificación vigente— también es positivo: en esa campaña se controlaron 250 zonas de baño marítimas y se realizaron un total de 4.800 análisis, incluyendo muestras de aguas de baño, puntos de control ambiental y efluentes que vierten al mar. El 96,8% de las zonas marítimas obtuvieron una calificación de calidad excelente o buena, y solo el 1,6% fueron calificadas como insuficientes.

Un ejército silencioso de cinco personas

Lo que muchos bañistas ignoran es que detrás de esa cifra hay cinco muestreadores que recorren de lunes a viernes los 465 kilómetros del litoral valenciano, apoyados por otras tres personas desde la Conselleria. Su trabajo no es solo recoger muestras: implica inspeccionar visualmente el estado del agua, la arena, los accesos y los servicios disponibles en cada playa, y mantener un contacto semanal con los ayuntamientos para informarles de cualquier incidencia y su evolución.

Los controles incluyen el análisis microbiológico para detectar bacterias como Escherichia coli y enterococos intestinales —los dos grandes indicadores de contaminación fecal—, el seguimiento de los cauces que desembocan en el mar y actuaciones específicas ante episodios extraordinarios como derrames de hidrocarburos o proliferaciones de fitoplancton. De la segunda semana de junio a la primera de septiembre, los ayuntamientos reciben semanalmente informes con los resultados de los muestreos.

En las zonas marítimas, la temporada arranca el 15 de mayo con un muestreo previo, pasa a controles quincenales en la primera quincena de junio y se vuelve semanal entre el 15 de junio y el 15 de septiembre. En las zonas continentales, el ritmo es semanal durante julio y agosto.

Biosensores y drones: el futuro ya está en las acequias

Pero la gran novedad de esta temporada va más allá de los números. La Generalitat ha puesto en marcha dos proyectos piloto que combinan inteligencia artificial, sensores de última generación y drones para vigilar la calidad del agua antes de que los problemas lleguen a la playa. El objetivo, en palabras de Martínez Mus, es "dar un salto hacia el futuro en la protección de nuestras costas".

El primero de ellos se llama Water Biosense y supone una apuesta por la monitorización en tiempo real de las acequias que pueden influir en la calidad del agua de las playas. El sistema utiliza biosensores de nanoinmunotecnología capaces de registrar automáticamente los niveles de contaminación microbiológica —Escherichia coli y enterococos— y parámetros fisicoquímicos como la temperatura, el pH, la conductividad o la turbidez. Las actuaciones se centrarán en la zona de Meliana-Alboraya, un enclave especialmente sensible por la red de acequias que desemboca en el litoral norte de Valencia.

El segundo proyecto, bautizado como Ocean Watcher, integra drones, sensores hiperespectrales, modelos de inteligencia artificial y muestreos sobre el terreno para detectar indicadores de contaminación con una elevada resolución espacial. Su ámbito de actuación abarca las acequias de Alboraya y Meliana y las golas de València y Sueca. Se mantiene la recomendación de prohibición en zonas costeras de Meliana y Alboraia que no están censadas como oficiales, donde desembocan acequias con niveles de contaminación no aptos que pueden afectar a las aguas próximas. Precisamente en ese contexto, la capacidad de anticipar episodios contaminantes desde el origen —las acequias— resulta clave.

La excelencia como estándar, no como excepción

El reto de fondo que plantea este programa es el de convertir la calidad excepcional en algo ordinario. La calificación de las zonas de baño de la Comunitat Valenciana se remite cada año al Ministerio de Sanidad, que a su vez lo comunica a la Comisión Europea para su incorporación al Informe de Síntesis de la Calidad de las Aguas de Baño. Es decir, lo que ocurre en las playas valencianas tiene repercusión directa en la imagen del territorio ante Europa y ante los turistas que cada año deciden dónde pasar el verano.

Con casi el 97% de las playas marítimas en categoría excelente o buena, y con herramientas tecnológicas que empiezan a anticipar los problemas antes de que el bañista se quite las chanclas, la Comunitat Valenciana apunta a consolidar ese estándar. Lo que antes dependía casi exclusivamente del ojo del técnico y del laboratorio ahora cuenta también con drones y biosensores. El mar sigue siendo el mismo; la forma de cuidarlo, no.