Imagina que tu hijo es diagnosticado con una enfermedad crónica en marzo, a pocas semanas de que cierre el plazo administrativo para pedir que un profesor vaya a casa a darle clases. Hasta ahora, en esa situación, muchas familias valencianas se quedaban sin ese recurso hasta el curso siguiente. A partir del año escolar 2026-2027, ese muro de papel desaparece. La Generalitat Valenciana ha anunciado que elimina el límite temporal en las solicitudes de atención educativa domiciliaria para el alumnado con enfermedades crónicas o circunstancias sobrevenidas debidamente justificadas, una medida que llega tras años de demandas por parte de las familias afectadas.
El calendario administrativo ya no podrá con la enfermedad
Hasta este curso, el sistema tenía una fecha de caducidad: las familias debían solicitar la atención domiciliaria antes de que se cerrara el plazo ordinario, fijado dos meses antes de la finalización del año escolar. Una rigidez que, en la práctica, dejaba en el limbo a quienes vivían una situación de salud grave fuera de esa ventana temporal. Con la nueva normativa, la valoración de las solicitudes podrá realizarse en cualquier momento del curso, sin importar cuándo se presente la necesidad.
La medida fue tratada en mesa sectorial con las organizaciones sindicales y refleja un cambio de enfoque en la política educativa de la comunidad: priorizar la realidad de las familias frente a la lógica del expediente.
"Ninguna familia debe sentir que el calendario administrativo se antepone a la salud o al bienestar de sus hijos e hijas. Con esta medida, la Generalitat da una respuesta más humana y flexible a quienes más lo necesitan." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
La atención domiciliaria está destinada a estudiantes que, por motivos médicos, deben permanecer en su domicilio más de dos meses , un umbral que convierte la enfermedad prolongada en una situación educativa de emergencia. Durante el último curso registrado, la etapa más atendida fue la Educación Secundaria Obligatoria, con 199 casos, y la enfermedad más frecuente entre los solicitantes fue el cáncer infantil.
295 alumnos atendidos en casa y casi 7.000 en hospitales
Los datos del curso que acaba de finalizar ayudan a dimensionar el alcance real de estos programas. Durante este período, 295 alumnos y alumnas recibieron atención educativa domiciliaria en la Comunitat Valenciana. Una cifra que, lejos de ser un dato frío, representa 295 familias que reorganizaron su vida en torno a una enfermedad sin perder el hilo escolar de sus hijos.
Pero la red de apoyo no termina ahí. Más de 7.280 estudiantes de Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato que han sufrido enfermedades crónicas o problemas de salud mental han seguido su formación gracias a los programas de atención educativa en hospitales y en domicilios que impulsa la Generalitat; en concreto, 7.019 menores hospitalizados han podido continuar sus estudios gracias a las Unidades Pedagógicas Hospitalarias, desplegadas en 17 hospitales públicos de las provincias de Valencia, Alicante y Castellón.
Solo durante el curso recién concluido, estas unidades registraron 6.839 atenciones educativas repartidas por toda la comunidad: 3.618 en Alicante, 2.593 en Valencia y 628 en Castellón. Detrás de cada una de esas atenciones hay 35 docentes especializados en Primaria y Secundaria que, día a día, garantizan que el aula no desaparezca cuando un niño tiene que quedarse en el hospital.
Una red educativa que cuida también el alma
El derecho de todos los niños y niñas a una educación de calidad obliga a las administraciones a atender no solo al alumnado que puede asistir a la escuela, sino también a quienes viven situaciones particulares o especiales. En ese sentido, las Unidades Pedagógicas Hospitalarias y las atenciones educativas domiciliarias buscan facilitar la socialización, la afectividad y el bienestar general, no solo desde el punto de vista educativo, sino también desde el equilibrio emocional y la maduración social.
El objetivo de estas unidades no es solo mantener el ritmo académico, sino también cuidar la dimensión emocional y social del alumnado, en estrecha colaboración entre las consellerias de Educación y Sanidad. Porque aprender, cuando el cuerpo falla, es también una forma de seguir siendo niño. Y garantizar ese derecho sin que un plazo burocrático lo trunce es, en el fondo, la pequeña gran revolución que la Generalitat pone en marcha con este cambio.


