La Comunitat Valenciana despliega una red de trampas y análisis genómicos para frenar las enfermedades que viajan en las picaduras de mosquitos y garrapatas

Sanidad Valenciana capturó más de 40.000 insectos en 2025 y detectó virus del Nilo Occidental en mosquitos de Castellón y Burriana.

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Hay una guerra silenciosa que se libra cada verano entre humanos y artrópodos, y sus frentes están en los parques, las acequias y los descampados de la Comunitat Valenciana. La Conselleria de Sanidad ha dado un paso decisivo en esa batalla con el despliegue de su Red de Vigilancia Entomológica, un sistema de monitorización que, solo en 2025, capturó más de 40.000 ejemplares de mosquitos, flebótomos, simúlidos y garrapatas, y detectó la presencia de virus del Nilo Occidental en municipios de la provincia de Castellón.

Una red nacida de la urgencia climática

La iniciativa no surge de la nada. Desde 2015, la Conselleria venía desarrollando el Programa de Vectores de Relevancia en Salud Pública, centrado hasta ahora casi exclusivamente en el seguimiento del mosquito tigre (Aedes albopictus). Pero el contexto ha cambiado: el cambio climático, la globalización y la capacidad de adaptación de los insectos a nuevos entornos han acelerado la aparición y reaparición de enfermedades transmitidas por vectores. La nueva red amplía ese paraguas de forma sustancial, incorporando la vigilancia de garrapatas, flebótomos y otras especies que hasta hace poco eran consideradas amenazas lejanas.

El sistema opera en dos planos simultáneos: una monitorización activa —con captura directa de ejemplares— y una pasiva, basada en trampas y ovitrampas que permiten estimar la densidad poblacional de los vectores. En total, se han establecido 41 puntos de muestreo para mosquitos, 112 ovitrampas, 6 trampas para simúlidos, 21 para flebótomos y 60 muestreos de garrapatas mediante el método de bandera, distribuidos entre entornos urbanos, periurbanos, naturales y ribereños de toda la Comunitat.

Genómica al servicio de la salud pública

Capturar un insecto es solo el primer paso. Lo que distingue a esta red es lo que ocurre después en el laboratorio: cada muestra se somete a identificación morfológica y a técnicas moleculares como la RT-PCR y la secuenciación genómica. Esto permite, en la práctica, detectar si un mosquito lleva dentro un patógeno antes de que ese patógeno llegue a una persona. Toda la información generada se incorpora, además, a una base de datos georreferenciada desarrollada en colaboración con el Institut Cartogràfic Valencià, lo que convierte cada captura en un punto de un mapa epidemiológico en tiempo real.

Los resultados de 2025 confirman que la amenaza es real y cercana. Se detectaron positivos del virus del Nilo Occidental en mosquitos del género Culex recogidos en Castellón de la Plana y Burriana, dos municipios con alta densidad de población. También se encontraron positivos del virus Usutu —un patógeno emergente relacionado con el anterior— en mosquitos comunes capturados en Cabanes y Elche. Estos hallazgos tienen un doble valor: son una señal de alerta y, al mismo tiempo, una demostración de que el sistema funciona.

El virus del Nilo Occidental, lejos de ser una curiosidad exótica, es ya un problema europeo de primera magnitud. En 2025 se notificaron 1.112 casos humanos de fiebre del Nilo Occidental en catorce países europeos, entre ellos España. En Europa se notificaron 97 muertes. La detección del patógeno en mosquitos valencianos, incluso sin casos humanos asociados en la zona, subraya la importancia de intervenir antes de que el ciclo de transmisión se complete.

El mapa de las especies: quién está y dónde

Los datos de campo dibujan un panorama detallado de qué vectores habitan cada rincón de la Comunitat. El mosquito tigre y el mosquito común (Culex pipiens) estuvieron presentes en todos los municipios muestreados, pero con patrones muy distintos. El primero mostró picos poblacionales en agosto y noviembre, especialmente en municipios de Castellón como Benicàssim, Almenara y Castellón de la Plana. El segundo, en cambio, se comportó con una presencia más estable durante todo el año, con mayor concentración en localidades alicantinas como Sant Vicent del Raspeig.

En el terreno de los flebótomos —pequeños dípteros capaces de transmitir la leishmaniasis, entre otras enfermedades—, la especie más distribuida fue Phlebotomus perniciosus, con máxima actividad entre finales de junio y principios de julio, y de nuevo en la primera quincena de septiembre. Los valores más elevados se registraron en municipios valencianos como Benissanó y Teresa de Cofrentes.

Las garrapatas reservaron una de las sorpresas más llamativas del informe. La mayor abundancia y diversidad de especies se concentró en la provincia de Castellón, particularmente en Cabanes y Ares del Maestrat. La especie más abundante fue Hyalomma lusitanicum, mientras que Rhipicephalus sanguineus resultó ser la más ampliamente distribuida. Esta última es conocida vectora de la fiebre botonosa mediterránea, una enfermedad que sigue causando hospitalizaciones en España cada verano.

Protocolos en cadena: de la trampa al ayuntamiento

Detectar no sirve de nada si no va seguido de una respuesta coordinada. Cada vez que los análisis arrojan un resultado positivo, se activan los protocolos autonómicos frente a enfermedades transmitidas por vectores. El servicio entomológico que da apoyo a la Dirección General de Salud Pública realiza inspecciones en las zonas afectadas y emite informes con recomendaciones específicas para los ayuntamientos correspondientes. Paralelamente, el Servicio de Vigilancia y Control Epidemiológico comunica la información al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, a los servicios asistenciales, al Centro de Transfusión de la Comunitat Valenciana y a la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca.

La cadena de alerta conecta, así, la picadura de un mosquito en un descampado de Burriana con los bancos de sangre, los hospitales y los veterinarios de toda la Comunitat. No es un protocolo menor: el 84,4% de los casos sintomáticos de fiebre del Nilo Occidental presentaron enfermedad neuroinvasiva, y la tasa de letalidad alcanzó el 13%.

También destaca lo que no se encontró: la red confirmó la ausencia en la Comunitat Valenciana de especies invasoras especialmente peligrosas como Aedes aegypti —el vector principal del dengue y la fiebre amarilla—, Aedes japonicus y Culex perexiguus. Una buena noticia, aunque provisional: su potencial de expansión territorial hace que la vigilancia continuada sea imprescindible.

350.000 euros para los municipios en primera línea

La Conselleria de Sanidad destina 350.000 euros en los presupuestos de la Generalitat para 2026 para apoyar las actuaciones municipales de vigilancia y control de vectores, con especial atención a los municipios más afectados. Las ayudas financiarán tratamientos frente a mosquitos, garrapatas y otros vectores, y podrán canalizarse directamente a través de los ayuntamientos o mediante mancomunidades y consorcios. En 2025, se beneficiaron de estas ayudas un total de 378 municipios de la Comunitat Valenciana, una cifra que ilustra la magnitud territorial del problema.

La apuesta valenciana por la entomología como herramienta de salud pública llega en un momento en que el mapa de enfermedades vectoriales en Europa se reescribe cada temporada. El dengue, la fiebre del Nilo Occidental o la leishmaniasis ya no son realidades exclusivamente tropicales, sino amenazas que viajan en la picadura de insectos que se adaptan, se expanden y prosperan en un Mediterráneo cada vez más cálido. Saber exactamente dónde están, cuántos son y qué llevan dentro es, hoy por hoy, la primera línea de defensa.