España dedicaba apenas el 0,5% de su PIB a investigación y desarrollo cuando los Premios Jaume I nacieron, a finales de los años 80. Hoy esa cifra ha llegado al 1,5%. El camino recorrido es innegable, pero la meta que fija la Unión Europea está en el 3%. Esa brecha, todavía amplia, fue el telón de fondo del discurso que el president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, pronunció este martes en el acto de proclamación de la 38ª edición de los Premios Jaume I, celebrado en el Palau de la Generalitat de València.
Un compromiso renovado con la ciencia y el talento
Ante investigadores, empresarios y representantes institucionales, Pérez Llorca reiteró la apuesta del Consell por incrementar los recursos destinados a I+D+i, reforzar la colaboración entre el sector público y el privado, y atraer talento de primer nivel. El objetivo declarado: que la Comunitat Valenciana sea, en sus propias palabras, "un foco de innovación, capaz de competir en el mundo" y una tierra donde los jóvenes puedan construir su carrera sin necesidad de emigrar.
"La investigación es la mejor inversión y la cooperación entre instituciones, empresas y sociedad es la única vía para afrontar los retos del futuro" - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
No son palabras al viento. El president respaldó su discurso citando el programa ValER, una iniciativa diseñada para atraer y consolidar talento investigador de excelencia internacional con una inversión de 17 millones de euros hasta 2029. El plan contempla la incorporación de alrededor de treinta investigadores con contratos estables y financiación competitiva. Algunos de ellos ya han llegado a la Comunitat. Pérez Llorca fue claro al definir el alcance del proyecto: no se trata únicamente de una política científica, sino de una apuesta por el conocimiento como motor de prosperidad y de generación de empleo cualificado.
Más de 15.000 investigadores y una brecha que cerrar
El ecosistema investigador valenciano tiene ya una masa crítica considerable. Según los datos aportados por el president, más de 15.000 investigadores trabajan en universidades, centros de innovación, empresas y administraciones de la Comunitat Valenciana. Una cifra que refleja décadas de esfuerzo colectivo y que contrasta con las dificultades estructurales que el sector científico sigue denunciando en España: falta de financiación, contratos temporales y fuga de cerebros. Precisamente este año, la propia Fundación Jaume I lanzó una campaña bajo el nombre de 'Anti Premios Rei Jaume I' para visibilizar esos obstáculos que frenan el talento.
El horizonte del 3% del PIB destinado a I+D+i —objetivo marcado por la Unión Europea— exige, según Pérez Llorca, no solo más inversión pública, sino también un mayor compromiso de la inversión privada, una mejor transferencia del conocimiento hacia las empresas y una apuesta sostenida por la formación. España está aún a casi dos puntos porcentuales de ese objetivo, frente a una media europea del 2,3%.
Los galardonados de la 38ª edición
La jornada estuvo marcada también por el anuncio de los siete premiados de esta edición. Los galardonados son Lluís Torner, en Investigación Básica; Nagore Iriberri, en Economía; Ben Lehner, en Investigación Biomédica; y Borja Ibáñez, en Investigación Clínica , junto a Alfonso Sáiz López, Samuel Sánchez y Borja Vázquez Piñero. Los Premios Jaume I alcanzaron un récord en esta 38ª edición en cuanto al número de Premios Nobel en su jurado: 25 entre el centenar de empresarios y científicos de reconocido prestigio que deliberaron para elegir a los galardonados en las siete categorías.
Pérez Llorca elogió la labor del jurado por su capacidad de "identificar el talento y reconocer a los mejores de entre los excelentes", así como el trabajo de los patronos y responsables de una Fundación que, en su opinión, se ha convertido en referencia internacional en la promoción científica en Europa.
Una llamada a la acción colectiva
Los Premios Rei Jaume I son un referente para la comunidad científica y empresarial de España, reconociendo proyectos innovadores en áreas clave como economía, investigación biomédica, medio ambiente y nuevas tecnologías. Pero más allá del reconocimiento individual, la ceremonia sirvió como escenario para lanzar un mensaje político claro: la innovación no es un lujo, es una necesidad estratégica. Cada año que España se aleja del 3% del PIB en I+D+i es un año en el que otros países ganan terreno. La pregunta que sobrevuela este tipo de actos no es si hay voluntad, sino si habrá recursos, estabilidad y continuidad suficientes para que esa voluntad se traduzca en resultados tangibles para los ciudadanos.


