El cineasta iraní que filmó desde la cárcel llega a la Filmoteca Valenciana con ocho películas imprescindibles

La Filmoteca Valenciana dedica un ciclo a Jafar Panahi, el director iraní que ganó la Palma de Oro de Cannes 2025 pese a años de represión.

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Panahi, director iraní
Panahi, director iraní
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Pocas trayectorias en la historia del cine concentran tanta injusticia y tanta grandeza como la de Jafar Panahi. El director iraní es uno de los poquísimos cineastas del mundo que ha conquistado los cuatro grandes premios de los festivales más prestigiosos del planeta: la Palma de Oro de Cannes, el León de Oro de Venecia, el Oso de Oro de Berlín y el Leopardo de Oro de Locarno. Y lo ha hecho, en buena parte, rodando en la clandestinidad, esquivando prohibiciones, desde el arresto domiciliario o incluso tras las rejas. Ahora, la Filmoteca Valenciana le dedica un ciclo de ocho largometrajes que arranca el 17 de septiembre y se extiende hasta finales de octubre.

Un palmarés sin igual, construido contra todo pronóstico

Nacido en Mianeh en 1960, Panahi forma parte de la llamada nueva ola del cine iraní, ese movimiento que desde los años noventa deslumbró al mundo con una mirada poética, contenida y profundamente humanista sobre la vida cotidiana en Irán. Con su última película, Un simple accidente, un thriller que lanza una dura acusación contra la corrupción y la tiranía en su país natal, Panahi se alzó con la Palma de Oro en el 78.º Festival de Cannes. Lo hizo, además, asistiendo al certamen por primera vez en quince años, tras años de restricciones.

Un simple accidente, rodada en clandestinidad, narra el encuentro fortuito de un hombre que cree reconocer a su torturador en las calles de Teherán. Parcialmente inspirada en la propia experiencia de Panahi en prisión, la película sigue a un hombre llamado Vahid que secuestra a alguien que se parece físicamente a quien lo torturó y arruinó su vida. Difícil imaginar una obra más autobiográfica sin que el director lo declare explícitamente.

Fue precisamente esta película la que la Filmoteca d'Estiu proyectó este verano en Valencia, y su recepción fue el detonante del ciclo que ahora se programa. Antes de la Palma de Oro, Panahi ya había acumulado galardones que cualquier cineasta envidiaría: el León de Oro en Venecia con El círculo, el Oso de Oro en Berlín con Taxi Teherán y el Leopardo de Oro en Locarno con El espejo. Es uno de los pocos directores de la historia en obtener la Palma de Oro de Cannes, el León de Oro de la Mostra de Venecia y el Oso de Oro de la Berlinale.

Filmar como acto de resistencia

Pero el reconocimiento internacional no ha protegido a Panahi de la persecución política. Desde 2009, el régimen iraní lo ha sometido a un acoso sistemático por participar en protestas contra el Gobierno y por "hacer películas contra el régimen", según la versión oficial. Estancias en la cárcel, arrestos domiciliarios, retiradas de pasaporte, prohibición de viajar al extranjero y veto para coger una cámara: ese ha sido el escenario desde el que, paradójicamente, ha rodado algunas de sus obras más celebradas.

Las limitaciones impuestas por el Estado se convirtieron, en sus manos, en recursos expresivos. Esto no es una película (2011), Taxi Teherán (2015) y Los osos no existen (2022) fueron rodadas en la más estricta clandestinidad y llegaron a los festivales internacionales de formas insólitas —Taxi Teherán, por ejemplo, se introdujo en el Festival de Berlín en una memoria USB escondida en un pastel—. El cine de Panahi no es solo relevante por lo que denuncia, sino por la forma en que lo hace: con una cámara prestada, sin permisos, sin estudios, con actores no profesionales y una determinación que desafía cualquier lógica de producción convencional.

En su discurso al recoger la Palma de Oro, el director se dirigió a todos los iraníes, "sin importar sus opiniones, dentro y fuera del país", y pidió dejar de lado las diferencias: "Lo más importante es Irán y su libertad. Alcancemos ese momento, juntos, en el que nadie se atreva a decirnos qué debemos vestir, qué hacer o qué no hacer".

El ciclo en Valencia: de la ópera prima a las películas clandestinas

La Filmoteca Valenciana ha estructurado el ciclo en dos bloques temáticos que permiten recorrer la evolución del cineasta. El primero reúne sus obras anteriores a la persecución policial, en las que ya se apuntaba su vocación de mostrar, en sus propias palabras, "acontecimientos humanitarios interpretados de una forma poética y artística".

El arranque será el jueves 17 de septiembre, a las 18.00 horas, con El globo blanco (1995), su ópera prima coescrita junto a su maestro Abbas Kiarostami. La película sigue a una niña de ocho años que sueña con comprar un pez dorado para la fiesta del inicio de la primavera, convence a su madre de prestarle el poco dinero que tiene y lo pierde sola en las calles de Teherán. La cinta ganó la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes. Sobre ella, Panahi señaló que "en un mundo en el que las películas están hechas con millones de dólares, nosotros hemos hecho una película sobre una niña que quiere comprar un pez por menos de un dólar".

El 25 y 26 de septiembre llega El espejo (1997), protagonizada por una niña de siete años con el brazo escayolado que, al salir de la escuela sin encontrar a su madre, intenta regresar sola a casa por el laberinto urbano de Teherán. La película rompe de forma radical la barrera entre la ficción y la realidad, convirtiéndose en un ejercicio de metaficción cinematográfica que anticipaba la radicalidad formal de toda su obra posterior.

El 29 y 30 de septiembre se proyecta El círculo (2000), un relato coral de ocho historias entrelazadas de mujeres iraníes que deambulan por Teherán: repudiadas, recién salidas de prisión, intentando sobrevivir. El jurado del Premio de la Crítica Internacional en Venecia la definió como "una imaginativa fusión entre fondo y forma en su abordaje de la situación de la mujer en una sociedad patriarcal". Le valió el León de Oro.

El 2 y 4 de octubre se programa Crimson Gold (2003), protagonizada por un veterano de guerra que trabaja como repartidor de pizzas en Teherán y es testigo de la brecha económica y la corrupción sistémica de su país. La humillación social lo empuja a cometer un crimen desesperado. La película obtuvo el Premio del Jurado en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes.

El ciclo continúa con Fuera de juego (2006) y cierra con las tres películas clandestinas: Esto no es una película (2011), Taxi Teherán (2015) y Los osos no existen (2022). Estas últimas representan quizá el capítulo más singular de toda su filmografía: obras en las que la prohibición de filmar se convierte, con una ironía feroz, en el tema central de la propia película.

El ciclo dedicado a Jafar Panahi en la Filmoteca Valenciana no es solo una oportunidad para ver cine iraní de primer nivel. Es también un recordatorio de que el arte puede sobrevivir —y a veces incluso florecer— bajo las condiciones más adversas, y de que hay directores cuya coherencia y valentía acaban, inevitablemente, por imponerse a quienes intentaron silenciarlos.