Con los termómetros a punto de rozar los 40 grados en varios puntos de la Comunitat Valenciana, la Generalitat ha decidido que ya no es momento de recordatorios genéricos. La exposición al calor extremo es un riesgo laboral real, con consecuencias que van desde los calambres hasta el fallecimiento, y las empresas tienen la obligación legal de actuar en consecuencia.
El secretario autonómico de Empleo y director general de Labora, Antonio Galvañ, ha llamado a la colaboración urgente entre administraciones y empresas para proteger a los trabajadores frente a los accidentes derivados de los golpes de calor. Lo ha hecho en un momento especialmente delicado: la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha activado alertas por una ola de calor que, lejos de ser un golpe puntual, encadena varios días con temperaturas anómalas para la segunda mitad de junio. Las máximas podrían alcanzar los 40 grados en algunos puntos del territorio valenciano.
Un marco legal que ya lo contempla, pero que no siempre se aplica
Lo primero que hay que saber es que la legislación no deja margen a la improvisación. El Real Decreto 486/1997, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, establece con claridad que, ante condiciones climatológicas extremas en trabajos al aire libre, deben adoptarse medidas preventivas extremas. Y si no puede garantizarse la seguridad de otro modo, los trabajos pueden —y deben— paralizarse durante las horas más peligrosas del día.
¿Quién trabaja al aire libre en verano? Casi todo el mundo en la Comunitat Valenciana: agricultores, albañiles, transportistas, repartidores, camareros de terrazas. El riesgo de estrés térmico está presente en sectores tan dispares como la agricultura, la construcción, la industria, el transporte o la hostelería, según ha subrayado Galvañ, que ha insistido en que las medidas preventivas deben adaptarse a cada actividad.
El sector de la construcción, de hecho, ya cuenta con una regulación específica que contempla desde la modificación de horarios hasta la reducción de jornada o la reorganización de tareas. Un modelo que, en tiempos de emergencia climática, podría servir de referencia para otros sectores todavía sin marcos concretos de actuación.
Lo que le pasa al cuerpo cuando el calor gana la batalla
El organismo humano es una máquina muy precisa pero con límites claros. Necesita mantener sus órganos vitales en torno a los 37 °C, con un margen de apenas un grado en cualquier dirección. Cuando el entorno supera esa capacidad de regulación, el cuerpo empieza a fallar.
Los primeros síntomas son los calambres musculares, provocados por la pérdida de agua y sales minerales a causa del sudor excesivo. Después pueden aparecer el síncope —un desmayo— y el agotamiento generalizado. Pero el escenario más grave tiene nombre propio: el golpe de calor.
"La exposición al calor puede causar graves alteraciones en las personas trabajadoras. Los mecanismos de regulación que mantienen la temperatura pueden verse alterados, sobre todo durante las olas de calor en la época veraniega acentuadas por el cambio climático" - Antonio Galvañ, secretario autonómico de Empleo y director general de Labora de la Generalitat Valenciana
El golpe de calor se produce cuando todos los mecanismos de termorregulación han sido superados. La temperatura interna supera los 40,5 °C, la piel se vuelve caliente y seca —señal de que el cuerpo ya no puede sudar— y pueden desencadenarse alteraciones neurológicas graves como confusión, convulsiones o pérdida de conciencia. En los casos más extremos, el fallo multiorgánico puede causar la muerte. No es una metáfora: el calor extremo mata, y los trabajadores expuestos son los más vulnerables.
Factores individuales como la edad, el estado de salud, la fatiga acumulada o el esfuerzo físico requerido por cada tarea agravan aún más el riesgo. Dos personas trabajando en el mismo tajo bajo el mismo sol pueden no estar en el mismo peligro.
El cambio climático convierte lo excepcional en habitual
Galvañ ha querido poner en contexto lo que está ocurriendo: las olas de calor ya no son fenómenos excepcionales que se repiten de vez en cuando. Lo preocupante es que esta primera ola de calor llega mucho antes de lo previsto. Es una tendencia que se consolida verano a verano y que obliga a replantear cómo se organizan los entornos de trabajo en los meses estivales.
Para ayudar a empresas y trabajadores a navegar este escenario, el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (Invassat) ha publicado en su página web recomendaciones específicas sobre cómo actuar ante la exposición al calor. Galvañ ha pedido expresamente que tanto empleadores como empleados consulten esas guías y las apliquen sin esperar a que llegue la urgencia.
Porque ese es, en el fondo, el mensaje central de toda esta advertencia institucional: la cultura preventiva no puede activarse solo cuando ya hay un trabajador en urgencias. Construirla requiere tiempo, formación y voluntad. Y el verano de 2026, con una ola de calor histórica llamando a la puerta ya en junio, no deja margen para seguir postergándola.


