¿Qué tiene que ver una farmacéutica del Centro de Salud Pública de Alcoy con las políticas de seguridad alimentaria de Guatemala o Costa Rica? La respuesta dice mucho sobre el alcance real del conocimiento técnico acumulado en la administración sanitaria valenciana. Claudia McAllister Bykaluk, subdirectora general de Seguridad Alimentaria y Laboratorios de Salud Pública de la Conselleria de Sanidad, y Ana Carrasco Abad, farmacéutica en Alcoy, han sido seleccionadas como expertas europeas para impartir formación especializada en Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá sobre materiales en contacto con alimentos y plásticos reciclados destinados a uso alimentario.
Una misión europea con destino centroamericano
La misión se encuadra en el programa Better Training for Safer Food (BTSF), una iniciativa de la Comisión Europea activa desde 2005 cuyo objetivo es mejorar el conocimiento y la aplicación de las normas de la UE en materia de seguridad alimentaria, salud animal y vegetal. No es un programa menor: abarca tres regiones del mundo, entre ellas América Central y del Sur y el Caribe , y sus cursos están diseñados tanto para autoridades de los Estados miembros como para países no pertenecientes a la UE que necesitan reforzar sus sistemas de control. Una mejor comprensión de los requisitos europeos ayuda a las autoridades de países no comunitarios a mejorar sus controles y a facilitar el acceso de sus productos al mercado de la UE.
En este contexto, la participación de dos técnicas valencianas no es un detalle anecdótico. Los cursos del programa son impartidos por expertos cuidadosamente seleccionados en los Estados miembros de la UE , lo que convierte la elección de McAllister y Carrasco en un reconocimiento explícito a la trayectoria de la Dirección General de Salud Pública de la Comunitat Valenciana en este campo.
El problema que pocos ven: lo que toca la comida importa tanto como la comida
El tema de la formación —materiales en contacto con alimentos— puede sonar técnico y lejano, pero es en realidad uno de los eslabones más invisibles y críticos de la cadena alimentaria. Cada vez que un consumidor abre una lata, recalienta un tupper de plástico o bebe de una botella, está confiando en que ese envase no migra sustancias nocivas al alimento. En Europa, esta confianza está respaldada por una densa red de legislación, sistemas de trazabilidad y buenas prácticas de fabricación. En muchos países en desarrollo, esa red aún está en construcción.
Durante la formación, las expertas valencianas comparten la experiencia de la Conselleria de Sanidad en áreas como la legislación aplicable, los sistemas de control oficial, la trazabilidad y la evaluación de riesgos asociados a estos materiales. Un contenido que, en manos de las autoridades guatemaltecas, salvadoreñas, costarricenses o panameñas, puede traducirse en marcos normativos más sólidos y en una mayor protección para millones de consumidores.
Plástico reciclado: sostenibilidad con condiciones
La misión aborda además uno de los debates más actuales en política alimentaria: el desarrollo de sistemas seguros de reciclado de plásticos destinados a uso alimentario. La economía circular empuja hacia el aprovechamiento de materiales reciclados, pero el reto está en garantizar que ese plástico reutilizado no introduce contaminantes en los alimentos. Avanzar hacia modelos más sostenibles sin comprometer las garantías de seguridad es precisamente la línea que esta formación pretende trazar también en Centroamérica.
Más allá del aula, la acción incluye la colaboración directa con las administraciones de los cuatro países participantes para identificar necesidades regulatorias concretas y apoyar el diseño de actuaciones que refuercen sus sistemas de control y sus marcos normativos. No es solo enseñar: es ayudar a construir instituciones.
El conocimiento técnico valenciano, referente más allá de sus fronteras
Es esencial que los países no pertenecientes a la UE, y en particular los países en desarrollo, conozcan los requisitos de importación europeos y puedan beneficiarse del apoyo de la UE; con este propósito, cursos específicos se organizan para participantes no comunitarios en sus propios países. Que sean dos profesionales valencianas quienes lideren esa transferencia de conocimiento en esta ocasión no es casual: refleja décadas de trabajo especializado en una administración que, a menudo sin grandes titulares, ha construido una competencia técnica reconocida ahora en el plano europeo e internacional.
En un mundo donde la seguridad de lo que comemos depende cada vez más de decisiones tomadas a miles de kilómetros —en una planta de reciclaje, en un laboratorio de control o en un despacho regulatorio—, el hecho de que técnicos de la Comunitat Valenciana estén formando a los responsables de esos sistemas en Centroamérica es, en sí mismo, una buena noticia para todos.


