Cofrentes, más allá de la central: la Generalitat y el municipio se preparan para un futuro sin nuclear

La Generalitat defiende la central de Cofrentes como activo estratégico y apoya el plan que el municipio lleva desarrollando desde 2023 para afrontar su cierre previsto en 2030.

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260527+SA+Cofrentes
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Cuando una central nuclear cierra, no solo se apagan los reactores: se apaga también una forma de vida. Eso es lo que tiene en mente el pequeño municipio valenciano de Cofrentes, que desde 2023 trabaja contrarreloj para reinventarse antes de que llegue el cierre programado de su central nuclear, fijado para el 30 de noviembre de 2030 según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. La Generalitat Valenciana no quiere que ese proceso pille a nadie desprevenido, y por eso se ha sentado a la mesa.

Un activo estratégico con fecha de caducidad

El secretario autonómico de Política Institucional y Cohesión Territorial, Carlos Gil, participó en la reunión institucional convocada para presentar el Plan Estratégico impulsado por el Ayuntamiento de Cofrentes, una hoja de ruta diseñada para reorientar la economía del municipio y de su comarca ante el inminente cambio de era energética. Al acto también asistió el secretario autonómico de Empleo y director general de Labora, Antonio Galván.

Gil no escondió su postura. La central de Cofrentes, con una potencia instalada de 1.092 MW, ha sido un pilar para el sistema eléctrico regional desde que inició su operación en 1985. Y, según el representante autonómico, sigue siéndolo hoy.

"Cofrentes es un activo estratégico para la Comunitat Valenciana, como garantía absoluta de suministro y un referente tecnológico de primer orden." - Carlos Gil, secretario autonómico de Política Institucional y Cohesión Territorial de la Generalitat Valenciana

No es una opinión aislada. Expertos del sector señalan que el calendario de cierre de 2019 está desfasado, ya que Cofrentes produce en torno al 50% de la energía que se consume en la Comunitat Valenciana, sin que haya capacidad de almacenamiento ni penetración renovable suficiente para sustituirla a corto plazo. Un informe de la Cámara de Comercio de Valencia concluye que el cierre programado de la central «pondría en grave peligro de colapso el modelo industrial valenciano».

El reto: que los jóvenes no tengan que marcharse

Más allá del debate energético nacional, la preocupación de la Generalitat tiene también una dimensión muy concreta: la de los jóvenes que crecen en el interior valenciano y que, sin alternativas, acaban buscando oportunidades en otro lugar. Carlos Gil lo puso en palabras directas durante la reunión.

"La transición energética y el desarrollo territorial deben servir para que nuestros jóvenes encuentren oportunidades aquí, en su tierra, para que no tengan que marcharse. Necesitamos a nuestros técnicos, profesionales de Formación Profesional especializada y universidades sumando territorio." - Carlos Gil, secretario autonómico de Política Institucional y Cohesión Territorial de la Generalitat Valenciana

No es un temor infundado. Según estimaciones de la Cámara de Comercio valenciana, el cese de la central afectaría de manera indirecta a unas 12.000 empresas y 235.000 empleos, y frenaría la implantación de cerca de 40.000 locales empresariales en una década. En municipios como Cofrentes, donde la central ha sido históricamente el motor económico del territorio, el impacto puede resultar devastador si no se planifica con antelación suficiente.

Un plan poco habitual en municipios del interior

Lo que hace singular el caso de Cofrentes es precisamente la anticipación. El Ayuntamiento lleva desde 2023 impulsando un proceso de planificación estratégica, una iniciativa que, en municipios de interior, resulta inusual. La mayoría de los territorios en situaciones similares han esperado al momento del cierre para reaccionar; Cofrentes está apostando por adelantarse.

El plan se complementa con un Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD), que aspira a sentar las bases del desarrollo turístico tanto del municipio como de la comarca, abriendo una vía alternativa de generación de riqueza más allá de la industria energética.

Para Carlos Gil, el modelo que debe seguirse es claro: la colaboración entre lo público y lo privado, con todas las instituciones remando en la misma dirección. "El mejor camino posible es la colaboración público-privada y la implicación coordinada de todas las instituciones: la Generalitat, la Diputación y el Ayuntamiento", defendió.

¿Modelo para otros territorios?

El cierre de Cofrentes podría suponer un golpe para la competitividad industrial en sectores intensivos en consumo energético, como la cerámica, la automoción o el calzado, y aumentaría la dependencia de fuentes fósiles, con el consiguiente incremento de emisiones de CO₂ al sustituirse la producción nuclear por generación con gas natural mientras se desarrolla la potencia renovable necesaria. El debate, por tanto, no es solo local.

Sin embargo, la respuesta de Cofrentes —pequeño municipio del interior valenciano enfrentado a una transformación sin precedentes— puede convertirse en un referente para otros territorios en situación parecida: los que saben que su principal motor económico tiene los días contados y deciden, en lugar de esperar, ponerse a construir el día después. La pregunta que queda en el aire es si los recursos, los apoyos institucionales y el tiempo serán suficientes para que la transición no deje a nadie atrás.