¿Qué tienen en común Santa Teresa de Jesús, un teléfono inteligente y una persona que se comunica con voz sintética? A primera vista, nada. Pero Joan Morey, videocreador mallorquín nacido en Sant Llorenç des Cardassar en 1972, lleva años construyendo su obra precisamente en esa clase de saltos aparentemente imposibles. Su última propuesta, 'ANTONIO, JESÚS, MAGDALENA, MARÍA, NICOLÁS, TERESA', puede visitarse desde el 24 de septiembre y hasta el 22 de noviembre en la Sala Contrafuertes del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València.
Un premio pionero en España para una obra que cuestiona quién puede hablar
La exposición llega al Centre del Carme como resultado de la I Convocatoria Nacional de Videoarte LA MULTIKANAL, impulsada por la revista de artes visuales MAKMA y la Asociación de Profesionales para la Acción Cultural Contemporánea (APACC), con el respaldo del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV). El certamen recibió más de medio centenar de propuestas procedentes de distintos puntos de España. La convocatoria reconoció el proyecto del artista balear con una dotación económica de 5.000 euros, destinada íntegramente a la producción del proyecto.
No es una convocatoria más: se trata de la primera de su tipo en el Estado español dedicada exclusivamente al videoarte. Un vacío que el director de MAKMA, Salva Torres, señaló con claridad durante la presentación, celebrada este miércoles en el propio centro cultural junto al director-gerente del Consorci de Museus, Nicolás Bugeda, y el propio artista.
"Un proyecto como el nuestro, que parecía necesario e interesante, se podía quedar en el cajón si no hay una institución pública, como ha sido en este caso el Consorcio de Museos, que ha apostado decididamente por él" - Salva Torres, director de MAKMA
Desde finales de los años noventa, Morey ha construido una extensa trayectoria en torno al performance, el vídeo y la instalación, y en 2017 fue galardonado con el Premio Ciutat de Barcelona de Artes Visuales, que otorga el Ayuntamiento de la ciudad en reconocimiento a la excelencia en creatividad, investigación y producción artística. Su trabajo explora el lenguaje de la performance para generar y poner en escena situaciones en las que uno o varios intérpretes quedan sometidos a un sistema rígido de instrucciones y normas. Una fórmula que en esta ocasión adquiere una dimensión política y filosófica difícilmente ignorable.
Esculturas barrocas convertidas en dispositivos de comunicación
El núcleo de la propuesta parte de seis esculturas religiosas conservadas en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid: San Antonio Abad, San Nicolás de Tolentino, Magdalena penitente, María Egipcíaca, Cristo yacente y Santa Teresa de Jesús. Morey las toma como punto de partida no para reproducirlas, sino para habitarlas. En la sala, la obra se presenta como un díptico de vídeo formado por cuatro escenas interconectadas en las que los intérpretes encarnan estas figuras a través de ejercicios de control corporal, memoria física y resistencia, replicando posiciones y gestos hasta el agotamiento.
El referente técnico de la pieza resulta tan inesperado como revelador: los procedimientos audiovisuales experimentales que el cineasta granadino José Val del Omar desarrolló para su película Fuego en Castilla (1958–1960). Val del Omar inventó técnicas como el «tactilismo» o la «visión diafónica», experimentos que desafiaban los límites de la imagen cinematográfica en plena dictadura franquista. Morey recoge ese legado y lo proyecta hacia el presente.
El resultado es lo que el propio artista denomina un «ensayo audiovisual para una voz ausente»: un ejercicio en el que la voz no es simplemente comunicación, sino una construcción tecnológica, política y narrativa. Las esculturas religiosas, originalmente mediadores entre el fiel y lo divino, son sustituidas aquí por pantallas. El paralelismo es inquietante.
"Los teléfonos inteligentes son nuestros tutores, nuestros nuevos guías, ideologías que nos permiten conectar con otras personas, lugares o contextos" - Joan Morey, artista
València como referente del videoarte contemporáneo
Más allá de la propuesta artística en sí, la exposición tiene una dimensión institucional relevante. Nicolás Bugeda, director-gerente del Consorci de Museus, subrayó durante la presentación que esta iniciativa, pionera en España, «sitúa a València en relación con el contexto del arte en nuestro país y de los nuevos lenguajes de la contemporaneidad». El director-gerente también destacó que la colaboración con plataformas independientes «permite dinamizar el tejido cultural y ofrecer a los creadores más oportunidades reales de producción y difusión en un ámbito tan exigente como el audiovisual».
Salva Torres, por su parte, agradeció que el Consorci haya sido la única institución pública en España que dedica espacio específico al videoarte, un terreno en el que la frontera entre herramienta y forma de expresión lleva años disolviéndose. En palabras de Bugeda, «en la actualidad es complicado disociar el ámbito audiovisual y el videoarte de la creación actual, ya sea como una herramienta o como la propia forma de expresión de los artistas».
La política de la voz: entre Santa Teresa y la inteligencia artificial
El fondo filosófico de la obra de Morey es tan antiguo como urgente: ¿quién tiene derecho a hablar? ¿Quién es escuchado? ¿Y por qué cuestionamos determinadas formas de comunicación y no otras? El artista lo articula con una comparación que, leída despacio, resulta demoledora: si a nadie le parece extraño que Santa Teresa de Jesús describiera sus comunicaciones con Dios como experiencias místicas reales, ¿por qué cuesta más aceptar que una persona con dificultades físicas para el habla se exprese con una voz sintética generada por inteligencia artificial?
"Estos saltos de siglos me sirven como artista para crear, especular, pensar y no decidir dar una conclusión sino dar un testigo para poder seguir conversando" - Joan Morey, artista
Al someter los cuerpos de los intérpretes a una nueva mediación a través de la cámara, la imagen histórica deja de ser un objeto fijo para convertirse en algo que puede habitarse, transformarse y volver a escucharse. Es, en definitiva, una reflexión sobre la autoridad del discurso en un mundo donde las pantallas han ocupado el lugar que antes tenían los altares, y donde la pregunta de a quién se le concede el privilegio de comunicar sigue siendo, como hace siglos, profundamente política. La exposición puede visitarse en la Sala Contrafuertes del Centre del Carme hasta el próximo 22 de noviembre.


