Virtual Zone no es solo un sitio al que ir a probar realidad virtual: es una propuesta que transforma la tecnología en experiencias que realmente se sienten. Lo que empezó como un laboratorio en Alicante ha acabado compitiendo a nivel internacional gracias a una decisión clave: crear y controlar sus propios contenidos. Detrás está Enric Costa, uno de los impulsores del proyecto, que ha guiado el crecimiento de la empresa sin perder de vista lo esencial: diseñar historias que sorprenden, emocionan y permanecen mucho después de quitarse las gafas. En esta entrevista con Valencia Extra, Costa repasa esa evolución, el salto al desarrollo propio y las claves para enganchar al público desde el primer momento.

Virtual Zone ha evolucionado mucho en poco tiempo. ¿Cuál fue el punto de inflexión?
El momento clave llegó cuando dejamos de depender de contenido de terceros y empezamos a desarrollar nuestras propias experiencias. Hasta entonces teníamos una sala en Alicante que funcionaba como laboratorio, pero al dar ese paso pasamos a tener el control total. Eso nos permitió crecer, abrir centros y pensar en algo mucho más grande.
De observar a la gente… a diseñar para la gente. ¿Qué habéis aprendido del público?
Muchísimo. Llevamos años viendo cómo reacciona la gente y eso te da pistas muy claras. Sabemos qué sorprende, qué emociona y en qué momento. Al final diseñamos las experiencias como si fueran una montaña rusa: empiezas suave, subes, bajas y acabas arriba. Ese ritmo es clave.
Historia, adrenalina, emoción… ¿qué pesa más en vuestras experiencias?
El equilibrio. Por ejemplo, en “Luna” mezclamos rigor histórico con interacción y momentos muy potentes. Lo importante es que te emocione, porque eso es lo que hace que lo recuerdes.
Tenéis desde invasiones alienígenas hasta experiencias culturales. ¿A quién va dirigido todo esto?
A todo el mundo. El gaming suele atraer a grupos de amigos, pero las experiencias culturales vienen familias, colegios e incluso gente mayor. Es un público muy variado y eso es lo que lo hace interesante.
Y además, con bastante éxito…
Sí, la verdad es que estamos muy contentos. Los fines de semana solemos tener todo reservado con bastante antelación.
Habéis entrado en el circuito internacional. ¿Qué os hace competitivos ahí fuera?
Principalmente, que somos desarrolladores y tenemos un nivel muy alto. Todas nuestras experiencias han estado entre las mejores del año a nivel internacional. Eso nos ha permitido estar en la misma conversación que grandes compañías.
¿Algún momento que nunca falle en sorprender al usuario?
Siempre hay dos. El primero, cuando alguien se pone las gafas por primera vez: ese “wow” inicial. Y luego momentos concretos dentro de cada experiencia. En “Luna”, por ejemplo, el lanzamiento o cuando ves la Tierra en ingravidez… ahí la gente se queda flipando.
También jugáis con la ciudad donde abrís cada centro. ¿Qué aporta eso?
Mucho. Adaptamos las experiencias a cada ciudad —como “Invasión Valencia” o “Invasión Chicago”— y eso conecta muy bien con la gente. Se reconocen dentro de la historia.
Con tanta expansión, ¿cómo mantenéis el nivel de calidad?
Con equipo y tecnología. Tenemos gente muy preparada y utilizamos herramientas como inteligencia artificial para agilizar procesos. Eso nos permite crecer sin perder calidad.
Para alguien que nunca ha probado la realidad virtual… ¿qué le dirías?
Que lo pruebe. Es difícil de explicar, pero no te deja indiferente. Y curiosamente, muchas veces quienes menos contacto tienen con la tecnología son los que más lo disfrutan.


