National Geographic la señala como una parada destacada del litoral alicantino, pero Tabarca guarda una rareza aún mayor. En apenas 30 hectáreas concentra la isla habitada más pequeña de España, un casco urbano amurallado del siglo XVIII y una reserva marina que ha acabado convirtiéndose en su mayor tesoro.

Frente a la ciudad de Alicante, a unas once millas náuticas y muy cerca del cabo de Santa Pola, la isla reúne alrededor de 50 habitantes censados en invierno. A su alrededor asoman también La Cantera, La Galera y la Nao, los otros islotes de un archipiélago diminuto que parece más grande cuando se recorre a pie entre murallas, puertas históricas y agua transparente.
La muralla del siglo XVIII todavía marca tres puertas de entrada
Tabarca no nació como una postal de verano. Antes fue refugio de piratas berberiscos y, ya en el siglo XVIII, Carlos III ordenó fortificarla para instalar a familias genovesas liberadas de cautiverio.
De aquel proyecto urbano todavía queda un trazado reconocible, declarado conjunto histórico artístico, con restos de la muralla original y tres accesos que siguen organizando la entrada al recinto. En el interior aparecen la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, la Casa del Gobernador, que hoy funciona como alojamiento, y el Museo Nueva Tabarca.

Más allá del caserío, la isla conserva otros hitos que ayudan a leer su escala y su historia. La Torre de San José y el faro de 1854 completan un recorrido breve, pero lleno de referencias concretas, a muy poca distancia del mar.
Desde 1986 el fondo marino explica por qué el snorkel domina la visita
El mayor atractivo de Tabarca no está solo sobre la piedra. Desde 1986 cuenta con una Reserva Natural Marina, una protección que ha preservado aguas especialmente transparentes y una biodiversidad poco común tan cerca de la costa alicantina.
Bajo la superficie crecen praderas de posidonia oceánica y comunidades de algas que sostienen buena parte de esa riqueza submarina. Entre las especies que habitan la zona figuran mero, dorada, pargo, erizos y estrellas de mar, además de funcionar como área de cría de especies pelágicas.
Por eso el snorkel se ha convertido en la actividad más vinculada a la isla, igual que ocurre en otras propuestas del litoral alicantino recogidas en rutas y calas de Benissa. National Geographic también la ha recomendado por esa combinación de agua limpia, poca profundidad en muchos tramos y fondos protegidos.

Tabarca se encuentra frente a Alicante y junto a Santa Pola, de modo que la visita cabe en una escapada costera de una jornada centrada en caminar por el recinto histórico y asomarse a la reserva marina. El faro levantado en 1854 y la Torre de San José completan el recorrido más allá de la zona urbana de origen dieciochesco.
La referencia más útil para situarla está en el mapa. Tabarca queda a unas once millas náuticas frente a Alicante, cerca del cabo de Santa Pola, una distancia corta sobre el mar que explica su vínculo directo con la costa y su condición de isla habada en escala mínima.


