La Fundación Oceanogràfic refuerza por tercer año consecutivo la atención veterinaria de frailecillos atlánticos en Islandia durante una de las etapas más delicadas de su vida. Su equipo veterinario se ha desplazado hasta el archipiélago de Vestmannaeyjar, uno de los principales enclaves reproductores de la especie, para atender a ejemplares jóvenes heridos o desorientados antes de su regreso al océano.
Cuando los frailecillos se pierden de camino al mar
Durante esta época del año, los frailecillos jóvenes abandonan sus nidos y comienzan sus primeros vuelos. Es un momento especialmente delicado en el que numerosos ejemplares aparecen por la noche en diferentes puntos de Vestmannaeyjar después de desviarse de su recorrido hacia el mar.
La iluminación artificial de edificios, calles y del puerto puede desorientar a estas aves y hacer que terminen en tierra. Algunos son encontrados en buenas condiciones y pueden regresar al medio natural, mientras que otros sufren traumatismos tras chocar contra construcciones u otras infraestructuras.
Los ejemplares que necesitan asistencia son trasladados al Centro de Recuperación de Frailecillos de SEA LIFE Trust, donde el equipo veterinario determina su estado y establece los cuidados necesarios para cada caso.
Radiología, cirugía y pruebas sobre el terreno
La experiencia de la Fundación Oceanogràfic en atención veterinaria de fauna marina y especies adaptadas a ambientes fríos permite trasladar hasta las islas profesionales especializados en valoración, diagnóstico y tratamiento.
Para reforzar la atención directamente en Vestmannaeyjar, el equipo ha llevado un sistema portátil de radiología digital, cedido por Zoetis, además de un concentrador de oxígeno para procedimientos anestésicos, material quirúrgico y equipamiento para realizar pruebas bioquímicas a partir de muestras de sangre.
Cuando un frailecillo llega al centro de recuperación, se realiza primero una valoración general y, como medida de control sanitario, se llevan a cabo pruebas para detectar una posible presencia de influenza aviar. Después, los veterinarios examinan al animal para localizar heridas, fracturas u otros traumatismos y comprueban su peso, movilidad, visión y capacidad de vuelo.
Esta primera exploración permite determinar qué ejemplares necesitan tratamiento y cuánto tiempo pueden necesitar para recuperarse. Algunos requieren periodos más prolongados de cuidados, mientras que otros permanecen bajo supervisión hasta encontrarse en condiciones de desenvolverse de forma autónoma.
El último examen antes de volver al océano
Recuperarse de una lesión no es suficiente para que un frailecillo pueda regresar al mar. El estado del plumaje y su capacidad para mantener la impermeabilidad son fundamentales para que estas aves puedan desenvolverse correctamente en el medio marino.
Por ello, los especialistas introducen a los animales en piscinas de agua de mar para observar su flotabilidad y comprobar cómo responde el plumaje. Cuando las plumas se empapan con demasiada facilidad, se realizan baños controlados de corta duración que favorecen el comportamiento natural de acicalamiento.
Estas pruebas se repiten durante la recuperación hasta comprobar que el animal reúne las condiciones necesarias para volver al medio natural.
En este proceso también resulta fundamental la colaboración de los habitantes de Vestmannaeyjar. Durante las noches en las que los jóvenes abandonan sus nidos, familias, niños y visitantes recorren las zonas urbanizadas para localizar ejemplares que han terminado en tierra.
Los frailecillos que se encuentran en buenas condiciones pueden regresar al medio natural, mientras que aquellos que presentan lesiones, problemas en el plumaje o todavía no pueden desenvolverse de forma autónoma permanecen bajo cuidado hasta que su evolución permite valorar su liberación.
La participación de la Fundación Oceanogràfic da continuidad al trabajo iniciado en 2024 y consolida su colaboración en una iniciativa que permite intervenir directamente en uno de los principales enclaves reproductores del frailecillo atlántico.


