Once millones de euros y cientos de millones de insectos: así combate la Comunitat Valenciana su peor plaga agrícola

La Conselleria de Agricultura despliega un plan sin precedentes contra la mosca de la fruta con 11 millones de euros y machos estériles.

Guardar

Cultivos ecológicos en la Comunitat Valenciana
Cultivos ecológicos en la Comunitat Valenciana
Añadir ValènciaExtra.com como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Activar ahora

Cada semana, sobre los campos de naranjas, caquis y melocotones de la Comunitat Valenciana, se liberan cientos de millones de moscas macho que nunca llegarán a reproducirse. No es ciencia ficción ni un error de la naturaleza: es la principal arma de un plan integral de 11 millones de euros que la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca ha puesto en marcha este año para combatir a Ceratitis capitata, la mosca de la fruta, considerada una de las plagas más devastadoras para la agricultura mediterránea.

La amenaza no es nueva. La mosca mediterránea de la fruta es una de las plagas más destructivas para los cultivos frutales en muchas partes del mundo. En España, se encuentra especialmente en las regiones citrícolas, como la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía. Y su impacto va mucho más allá de los campos: el daño indirecto más importante es la restricción impuesta por otros países a la hora de exportar fruta debido al riesgo de haber sido atacada por Ceratitis capitata. En otras palabras, una mosca puede arruinar no solo una cosecha, sino también un mercado.

Un arsenal de 11 millones contra un insecto de pocos milímetros

El mecanismo del daño es tan sencillo como implacable: los daños directos se deben al efecto de la picadura de puesta de la hembra sobre el fruto, que es una vía de entrada de hongos y bacterias que descomponen la pulpa, y a las galerías generadas por las larvas durante su alimentación. El resultado es fruta que pierde totalmente su valor comercial e industrial. Con ese telón de fondo, los 11 millones destinados este año cobran una dimensión muy concreta.

La inversión se enmarca en una estrategia de sanidad vegetal más amplia, dotada con 40 millones de euros en 2026, que tiene como objetivo prevenir y combatir las principales plagas que afectan a la agricultura valenciana. Esta estrategia refuerza el apoyo al sector mediante actuaciones de vigilancia y control, el suministro de herramientas y productos fitosanitarios, así como acciones de formación y asesoramiento para los agricultores.

La columna vertebral del plan es la liberación masiva de machos estériles: semana tras semana, durante todo el año, estos insectos se dispersan sobre más de 140.000 hectáreas. La lógica es tan elegante como eficaz: si las hembras se aparean con machos incapaces de fecundar, la población colapsa sin necesidad de saturar el entorno de químicos. La acción de los enemigos naturales no es suficiente para controlar por completo los daños producidos por C. capitata, aunque sí realizan un papel importante en la disminución de sus poblaciones, especialmente en agricultura ecológica. La técnica del macho estéril viene, precisamente, a compensar esa brecha.

Drones, quads y trampas: la tecnología al servicio del campo

Pero los insectos estériles son solo el primer frente. Desde finales de agosto, la conselleria desplegará un total de 39 vehículos tipo quad adaptados al tránsito por las explotaciones y equipados con dispositivos de pulverización para realizar tratamientos de parcheo, especialmente en plantaciones de cítricos y caqui. A ellos se sumarán tratamientos colectivos aéreos con drones, una herramienta que permite llegar a zonas de difícil acceso con una precisión imposible de alcanzar de forma manual.

El insecticida elegido para estos tratamientos es el Spinosad, un producto de origen natural autorizado también para agricultura ecológica. Su aplicación es localizada —mezclada con un atrayente específico para la mosca— y se pulveriza únicamente en una cara del árbol, lo que reduce significativamente el impacto sobre los organismos beneficiosos del ecosistema agrícola.

En paralelo, durante esta campaña se han distribuido 315.000 trampas para proteger más de 12.600 hectáreas de cultivo. Además, está prevista la colocación de otras 23.000 trampas sobre frutales aislados, principalmente higueras, para evitar que actúen como reservorio desde el que la plaga pueda recolonizar las plantaciones vecinas. No hay que subestimar este punto: el período más crítico se da cuando las condiciones climáticas son óptimas y existe una alta disponibilidad de planta hospedante, lo que determina la presencia continua y elevada de la mosca de la fruta. Las higueras, abundantes y a menudo desatendidas, son precisamente ese tipo de refugio.

Una novedad clave: llegar antes que la plaga

Si hay un cambio que el sector llevaba tiempo reclamando, es este. Como principal novedad de la campaña de 2026, el reparto de las trampas destinadas a las plantaciones de cítricos y caqui se ha adelantado más de un mes respecto a años anteriores. Gracias a ello, los agricultores pudieron disponer de todo el material durante junio y julio, anticipándose al pico de población que se incrementa progresivamente en mayo y junio, siendo julio y agosto posiblemente la época del año con niveles más altos de población.

Anticiparse, en definitiva, es la clave de cualquier estrategia fitosanitaria seria. Los tratamientos terrestres alcanzarán unas 30.000 hectáreas de cultivo: primero los frutales de hueso durante el verano y, posteriormente, los cítricos y el caqui durante el otoño, coincidiendo con el segundo período de riesgo elevado que suele darse de septiembre a noviembre, cuando las variedades de cítricos más tempranas pueden sufrir nuevos ataques.

La plaga también se vigila sin descanso: más de 1.200 puntos distribuidos por las zonas productoras son objeto de seguimiento semanal, y el sector recibe información permanente sobre la evolución de la población y las áreas de mayor riesgo. Un sistema de alerta temprana que, en la práctica, funciona como un servicio meteorológico de plagas.

Más allá de la mosca: un plan de 40 millones para la sanidad vegetal valenciana

El presupuesto global de 40 millones de euros no se agota en la mosca de la fruta. El mismo paraguas financiero permite desarrollar campañas contra otras amenazas que acechan a la agricultura valenciana: el Cotonet de Sudáfrica, la bacteria Xylella fastidiosa —que ha arrasado miles de hectáreas de olivos en Italia y avanza por la península—, la polilla y el melazo de la vid, la mosca del olivo o el barrenador del arroz. Un recordatorio de que el campo valenciano, tan productivo como diverso, libra cada temporada una batalla silenciosa contra decenas de frentes a la vez.

En un contexto de cambio climático que amplía los rangos geográficos de muchas plagas y alarga sus temporadas, invertir en sanidad vegetal no es un gasto: es la condición mínima para que las naranjas valencianas sigan llegando a las mesas de media Europa.