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Un millar de tortugas. No es una metáfora ni una cifra redonda elegida al azar: es el número exacto de ejemplares que el Área de Recuperación y Conservación de Animales (ARCA) del Mar del Oceanogràfic de València ha logrado rescatar, tratar y devolver a los mares desde que abrió sus instalaciones. Esta semana, ese hito ha servido de telón de fondo para presentar la VII edición de la campaña 'Aquí Salvamos Tortugas', una iniciativa que ya suma más de un centenar de municipios costeros en cuatro comunidades autónomas: Comunitat Valenciana, Región de Murcia, Andalucía e Islas Baleares.
Un hito que tardó años en llegar
El ARCA del Mar funciona como el hospital de referencia para tortugas marinas del litoral mediterráneo, donde cada año se recuperan una media de 70 tortugas bobas (Caretta caretta) procedentes de las costas valencianas. Con esa cadencia, alcanzar el millar no es un logro instantáneo, sino la suma paciente de más de una década de trabajo veterinario, avisos ciudadanos y colaboración con el sector pesquero. La Fundación Oceanogràfic dispone de un servicio de rescate de fauna marina disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. Y cada llamada al 112 puede marcar la diferencia entre una tortuga viva y una estadística triste.
Las causas más directas de daño en las tortugas que hacen necesaria su recuperación incluyen la captura accidental con redes de arrastre o el enmallamiento, y los anzuelos alojados en esófago, estómago o intestino. A eso se suman los plásticos ingeridos y las colisiones con embarcaciones. En muchos de esos casos, la colaboración de los pescadores ha sido fundamental en el proceso de rescate, actuando como primer eslabón de una cadena que termina en el quirófano del ARCA.
"Cada una de esas tortugas representa una historia de éxito y una segunda oportunidad" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana
El Mediterráneo cambia, y las tortugas también
Hay algo que hace especialmente relevante este anuncio más allá del número simbólico: el Mediterráneo ya no es el mismo. El aumento de la temperatura del mar está alterando el comportamiento de las especies que lo habitan, y la tortuga boba es un ejemplo claro. Lo que hace apenas unos años era una curiosidad esporádica, hoy se ha convertido en una pauta: las playas de la Comunitat Valenciana se están convirtiendo en zona de nidificación para esta especie, algo que hasta hace poco era excepcional en estas latitudes. "Esto ya no es un hecho aislado, es una nueva realidad", ha advertido el conseller Martínez Mus durante la presentación de la campaña.
Ese cambio de escenario convierte la sensibilización ciudadana en algo más urgente que nunca. Una hembra que intenta hacer una puesta en la playa puede ser fácilmente perturbada por un flash de móvil, una linterna o simplemente por alguien que se acerca con curiosidad sin saber lo que hace. Por eso, la campaña insiste en tres mensajes concretos: respetar a las tortugas como parte del entorno natural, llamar al 112 ante cualquier ejemplar herido o hembra en puesta, y evitar cualquier contacto o luz artificial que pueda alterar su comportamiento.
1.849 mupis para llegar a todos
La difusión de este año será la más amplia hasta la fecha. Se instalarán 1.849 mupis informativos a lo largo del litoral valenciano, en playas, paseos marítimos y en la red de transporte público autonómica, incluyendo Metrovalencia y el TRAM d'Alacant. Es decir, la campaña llegará también a quienes no están en la costa: al vecino que coge el metro cada mañana, al turista que espera en un andén. Porque la protección de una especie no empieza en el mar; empieza en la cabeza de las personas.
En el acto de presentación, el conseller también destacó el papel de entidades como la Fundación Azul Marino, los acuarios de Sevilla y Palma, y las cofradías de pescadores. Son actores que, en muchas ocasiones, son quienes realizan el primer aviso cuando encuentran un animal en apuros. "Salvar una tortuga es un logro extraordinario", reconoció Martínez Mus, "pero el verdadero objetivo es conseguir que miles de personas sepan cómo actuar para protegerlas".
La tortuga número 1.000, que próximamente será liberada al mar, no es solo un animal recuperado. Es la demostración de que cuando administraciones, científicos, pescadores y ciudadanos actúan en la misma dirección, la conservación del medio natural no es una utopía. En un Mediterráneo que se calienta y que cambia, esa coordinación ya no es opcional: es la única forma de seguir escribiendo historias de segunda oportunidad.


