Plantar un árbol en el lugar equivocado puede ser tan perjudicial como no plantarlo. Por eso, cuando la Generalitat Valenciana necesita repoblar un monte quemado o recuperar un ecosistema degradado, no vale cualquier planta: hace falta la especie correcta, con el origen genético correcto y cultivada en las condiciones correctas. Es exactamente ahí donde entra en juego el vivero del Carrascal de La Yesa, y es exactamente por eso que su modernización importa.
La Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación ha concluido las obras de mejora de esta instalación con la construcción de un nuevo túnel de cultivo de 192 metros cuadrados y la instalación de 30 mesas de producción, una actuación que supone una inversión cercana a los 50.000 euros. Una cifra modesta, pero con un impacto estratégico difícil de subestimar si se tiene en cuenta para qué sirve lo que allí se produce.
Un túnel que sustituye al deterioro
El nuevo túnel viene a reemplazar una infraestructura anterior que acumulaba un importante grado de deterioro y que ya no ofrecía las condiciones mínimas para garantizar una producción fiable. La nueva estructura, dotada de sistemas de ventilación lateral, sombreo, armazón metálico galvanizado y cubierta de policarbonato y polietileno térmico, permitirá cultivar brinzales forestales durante todo el año, sin depender de los caprichos del tiempo. De las 30 mesas instaladas, 16 cuentan además con arquillos, pensados para adaptar el espacio a distintas fases del desarrollo de la planta.
El resultado práctico es claro: mayor capacidad de respuesta ante demandas urgentes de planta para restauraciones ambientales, mejor calidad del material vegetal producido y unas condiciones de cultivo más estables y controladas. En un contexto en el que los incendios forestales y la presión del cambio climático sobre los ecosistemas mediterráneos no dan tregua, eso no es un lujo, es una necesidad operativa.
La genética también importa en los bosques
El vivero de La Yesa no produce cualquier tipo de planta. Está especializado en especies forestales de las regiones de procedencia mesomediterránea y supramediterránea del interior valenciano, territorios con condiciones ecológicas singulares que exigen materiales vegetales igualmente singulares. No es una cuestión de preferencia, sino de normativa: la legislación estatal obliga a utilizar materiales de reproducción de origen local para garantizar la adaptación genética de las especies al entorno donde van a crecer.
¿Por qué tanta precisión? Porque un árbol plantado con semillas de un origen distante puede sobrevivir los primeros años y sucumbir después ante una sequía, una helada o una plaga para la que no está genéticamente preparado. La adaptación local es la diferencia entre una repoblación que prospera y una que fracasa a medio plazo. Y en la Comunitat Valenciana, donde los montes han sufrido décadas de incendios e intervenciones, ese margen de error es pequeño.
Once viveros para toda una región
El Carrascal de La Yesa no trabaja solo. Forma parte de una red de 11 viveros forestales públicos de la Generalitat —contando el CIEF, ubicado en el Mas de les Fites— distribuidos estratégicamente a lo largo del territorio valenciano. La Generalitat Valenciana produce materiales forestales de reproducción en estos viveros para su uso en el territorio de la Comunitat Valenciana, distribuidos estratégicamente con el fin de obtener plantas de diferentes procedencias, con requerimientos ecológicos compatibles con el sitio en el que se van a utilizar.
El elenco de especies producidas es muy variado: desde las árboreas dominantes en el paisaje forestal valenciano como pinos, encinas y enebros, hasta especies de distribución puntual como arces o acebos, pasando por arbustos de amplia distribución como el lentisco, el mirto o la olivilla, y especies de ribera. Una diversidad que refleja la complejidad y riqueza del medio natural valenciano.
La coordinación de toda esta red recae en las direcciones territoriales de Medio Ambiente, con la colaboración del Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF). Este centro aborda todas las fases de la restauración: desde la recogida de semillas en el campo, pasando por el tratamiento y la producción en vivero, hasta la reintroducción en su hábitat, tanto del ámbito forestal como de la flora rara, endémica y amenazada. El CIEF es un centro único en España por sus características y dimensiones, ya que integra en una misma instalación un banco de semillas forestales y un banco de germoplasma de flora amenazada, además de la producción en vivero de ambas.
La mejora del vivero de La Yesa se enmarca en una estrategia de mejora continua de toda esta infraestructura pública que, lejos de ser un gasto prescindible, representa la base silenciosa sobre la que se construye la recuperación del paisaje forestal valenciano. Cada árbol plantado en un monte restaurado comenzó su vida en uno de estos viveros. Modernizarlos es, en definitiva, invertir en el punto de partida de ese largo proceso que devuelve vida a los territorios que alguna vez la perdieron.

