El Mediterráneo afronta el tramo final del verano con unas aguas extraordinariamente cálidas, una circunstancia que puede tener consecuencias más allá de los días de playa. En la Comunitat Valenciana, donde el mar juega un papel decisivo en el clima, el estado térmico del Mediterráneo será uno de los factores a vigilar de cara al otoño que, climatológicamente, concentra buena parte de los episodios de lluvias intensas.
Según ElTiempo.es, el Mediterráneo está acumulando una cantidad excepcional de calor y las temperaturas del agua pueden condicionar la evolución atmosférica durante las próximas semanas.
Más calor en el mar, más humedad disponible
Durante el verano, el Mediterráneo absorbe una enorme cantidad de energía solar y el agua alcanza sus valores más elevados precisamente en la segunda mitad de la estación y al comienzo del otoño. Si esas temperaturas permanecen anormalmente altas, aumenta también la evaporación y, con ella, la cantidad de humedad disponible en las capas bajas de la atmósfera.
Esto no significa que un mar cálido vaya a provocar por sí solo una DANA o una inundación. Para que se produzcan lluvias torrenciales tienen que coincidir otros ingredientes atmosféricos, como la presencia de aire frío en altura, determinadas configuraciones de viento y unas condiciones favorables para que el aire húmedo ascienda.

Pero el Mediterráneo caliente sí puede actuar como una fuente adicional de energía y humedad. El propio ElTiempo.es ha señalado que, cuando el agua presenta temperaturas muy elevadas, aumenta el potencial para desarrollar tormentas intensas y también para mantener noches más cálidas en las zonas costeras.
En la costa valenciana, este factor adquiere especial relevancia por la configuración geográfica del territorio. La proximidad entre el mar y las áreas montañosas del interior favorece, cuando se dan las condiciones adecuadas, procesos de ascenso del aire húmedo capaces de generar precipitaciones muy abundantes en poco tiempo.
Valencia, pendiente de un otoño que no admite pronósticos fáciles
El recuerdo de los episodios extremos de los últimos años hace que cualquier señal relacionada con el Mediterráneo sea observada con especial atención en la Comunitat Valenciana. Un mar excepcionalmente cálido no permite anticipar por sí mismo cómo será el otoño, pero sí introduce un elemento que puede contribuir a aumentar la disponibilidad de humedad cuando aparezca una situación atmosférica favorable.
Un estudio elaborado por investigadores del CSIC y la Universitat de València apunta además a otro cambio relevante para el litoral mediterráneo: las brisas marinas se han debilitado alrededor de un 17 % en el litoral peninsular español respecto a 1980. En ciudades y zonas costeras, este fenómeno puede reducir la capacidad natural del mar para suavizar las temperaturas durante los episodios de calor.
El resultado es un escenario en el que calor, humedad y circulación atmosférica pueden interactuar de manera diferente a como lo hacían décadas atrás. No quiere decir que cada otoño vaya a ser más lluvioso ni que una temperatura elevada del mar implique necesariamente una DANA, pero sí que el punto de partida térmico del Mediterráneo es cada vez más importante.

La clave estará en septiembre y octubre
La atención se trasladará especialmente a septiembre, octubre y noviembre, los meses en los que históricamente se concentra una parte importante de los episodios de precipitaciones intensas en el litoral mediterráneo.
Por eso, más que intentar adelantar ahora un pronóstico concreto para Valencia, los expertos ponen el foco en la evolución del mar y en la configuración atmosférica de cada episodio. Si el Mediterráneo consigue conservar buena parte del calor acumulado durante el verano y coincide con entradas de aire frío en altura, aumentará el combustible disponible para las tormentas.
Valencia afrontará así el cambio de estación con un Mediterráneo que llega al otoño cargado de calor. Será la combinación de ese mar cálido con el resto de piezas atmosféricas la que determine si ese calor queda simplemente como una prolongación del verano o termina convirtiéndose en un ingrediente más de los episodios de lluvias intensas que pueden afectar al litoral valenciano.


