La cerámica valenciana planta cara a Bruselas: el Consell pide una descarbonización sin sacrificar los 70.000 empleos del sector

Martínez Mus defiende en el Qualicer una transición ecológica realista para la industria cerámica, motor del 32% del PIB provincial de Castellón.

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Presentación del mundo de la cerámica.
Presentación del mundo de la cerámica.

Hay industrias que no caben en los moldes regulatorios de Bruselas. La cerámica valenciana es una de ellas, y así lo defendió con firmeza el vicepresidente tercero de la Generalitat Valenciana, Vicente Martínez Mus, durante su intervención en el Congreso Qualicer, el mayor foro mundial de calidad cerámica, celebrado en Castellón de la Plana. Su mensaje fue claro: la transición ecológica no puede avanzar a un ritmo que deje por el camino decenas de miles de empleos y un tejido industrial que tarda décadas en construirse.

Un sector que mueve el mundo desde Castellón

Las cifras hablan solas. La industria cerámica valenciana sostiene más de 70.000 puestos de trabajo, exporta a cerca de 180 países y representa alrededor del 32% del PIB provincial de Castellón. No es una industria cualquiera: es el núcleo económico de toda una provincia y uno de los clústeres industriales más reconocidos de Europa. Perder esa referencia a escala global significaría que algún otro país podría asumir el liderazgo, lo que supondría una gran pérdida para el sector y el clúster cerámico castellonense.

Martínez Mus quiso reconocer el esfuerzo inversor del sector antes de hablar de exigencias: la industria cerámica valenciana "lleva años haciendo los deberes" en materia de eficiencia energética, innovación, sostenibilidad y reducción de emisiones. Un camino recorrido sin esperar a que llegaran los mandatos desde las capitales europeas.

El dilema de descarbonizar sin destruir

El gran debate de fondo es cómo descarbonizar una industria cuyo proceso productivo —el horneado de materiales cerámicos a altísimas temperaturas— no tiene aún una alternativa tecnológica completamente viable a escala industrial. Ahí reside la contradicción que el conseller puso encima de la mesa del congreso: no se puede legislar desde el futuro cuando las herramientas del futuro aún no existen.

"No podemos exigir al sector objetivos basados en tecnologías que todavía no están plenamente disponibles a escala industrial" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana

La posición de la Generalitat no es la de frenar la descarbonización, sino la de enmarcarla con "realismo, proporcionalidad y seguridad jurídica". Una reclamación que también llevó personalmente el president Juanfran Pérez Llorca a la semana pasada, cuando se reunió con el vicepresidente del Parlamento Europeo para trasladar la situación del sector y abogar por un calendario de transición específico para la cerámica. La industria cerámica, argumentan desde el Consell, no es comparable a otros sectores industriales ni en sus características productivas ni en su nivel de desarrollo tecnológico.

Infraestructuras para sostener la transformación

Pedir tiempo a Europa, sin embargo, no basta. Entre los grandes retos que el sector debe afrontar se encuentran la electrificación industrial, la descarbonización, la eficiencia energética y la inteligencia artificial. Para acompañar esa transformación con hechos concretos, Martínez Mus recordó dos iniciativas estratégicas que la Generalitat tiene en marcha.

La primera es el futuro Eje de la Cerámica, una infraestructura que superará los 150 millones de euros de inversión y que tiene como objetivo mejorar la conectividad industrial del clúster, reducir costes logísticos y beneficiar directamente a más de 300.000 personas. La segunda tiene que ver con la energía: la Generalitat participa activamente en la planificación estatal de la red de transporte eléctrico 2025-2030 para conseguir que el corredor energético Valencia-Castellón sea reconocido como infraestructura estratégica prioritaria, una condición indispensable si se quiere electrificar la producción cerámica a gran escala.

El futuro se decide en Bruselas

Qualicer, en su XIX edición, se consolida como uno de los grandes escaparates mundiales de la industria cerámica, con ponentes de nueve países y un enfoque más global, transversal y estratégico. Fue precisamente en ese escenario donde Martínez Mus lanzó una de las reflexiones más directas de su intervención, una frase que resume bien la situación del sector: "El futuro de la cerámica no se decide únicamente en nuestras empresas o centros tecnológicos; también se decide en Madrid y, sobre todo, en Bruselas."

Es una advertencia que resuena con fuerza en una provincia donde la cerámica no es solo economía, sino identidad. Cada normativa europea que no tenga en cuenta las particularidades de este sector puede traducirse en cierres de fábricas, en municipios que pierden su principal fuente de empleo y en una cadena de valor construida durante décadas que se desmorona. Por eso la batalla no es solo industrial: es también política, y se libra tanto en los congresos técnicos de Castellón como en los pasillos del Parlamento Europeo.