En un momento en el que la energía vuelve a situarse en el centro del tablero económico, marcada por la volatilidad de los precios y el impacto de los conflictos internacionales, hay empresas que no solo crecen, sino que redefinen cómo se gestiona el consumo energético.
Es el caso de Apolo Energies, la comercializadora valenciana que ha multiplicado casi por cinco su facturación en apenas un año. Hablamos con su CEO, Carlos Ponce, sobre las claves de este crecimiento, el papel de la tecnología en la toma de decisiones empresariales, la incertidumbre del mercado energético y por qué el control de los datos puede convertirse en el mayor aliado de las empresas en los próximos años.
Apolo Energies ha pasado de facturar 1,3 millones de euros en 2024 a más de 6 millones en 2025. ¿Cuál dirías que ha sido la principal palanca detrás de este crecimiento casi por cinco en tan poco tiempo?
La principal palanca que tuvimos fue poner foco. Cuando tuvimos muy claro cuál era nuestro cliente, fue cuando empezamos a arrancar de verdad con la captación. Antes de eso, lo que hicimos fue mucho testeo en diferentes nichos y sectores. No empezamos a escalar el proyecto de manera agresiva hasta que no tuvimos claro que lo que hacíamos realmente aportaba valor a ese nicho concreto.
Además del crecimiento de la facturación, habéis ampliado mucho la cartera energética, pasando de 17,8 GWh a más de 62. ¿Qué tipo de empresas están confiando más en vosotros y qué necesidades energéticas suelen tener?
La empresa que confía en nosotros es aquella que ya tiene unos gastos energéticos importantes. Si lo llevamos a euros, hablamos de facturas mensuales entre 2.000 y 15.000 euros. En consumo, estaríamos entre 300.000 kilovatios y 1.500.000 al año.
Son clientes a los que aportamos mucho valor porque detectamos un nicho que no estaba siendo atendido. Las grandes consultoras se centran en electrointensivos muy grandes, pero esa pyme industrializada con consumos intermedios tenía muy pocas opciones y se movía en un entorno muy opaco y confuso.

¿Qué errores de consumo veíais repetirse en muchas de estas empresas cuando llegaron a Apolo?
Sobre todo, un bajo conocimiento del sector energético, que acaba generando sobrecostes. Cuando hay información asimétrica es donde aparece el problema. Veíamos potencias que no estaban optimizadas y tarifas que no se adaptaban a sus necesidades.
Muchas veces pasaba un comercial que sabía vender bien y acababan contratando lo que le convenía al comercial, no a la empresa.
Dentro de esa optimización, uno de los pilares de Apolo es el control energético mediante datos y tecnología. ¿Cómo cambia realmente la toma de decisiones de una empresa cuando pasa de recibir solo la factura a tener información en tiempo real sobre su consumo?
Lo explico siempre con el ejemplo de conducir un coche. Si conduces sin cuadro de mando, no sabes en qué marcha vas, cuánta gasolina te queda o a qué revoluciones está el motor. Eso genera mucha ineficiencia.
Hay empresas que tienen excesos de potencia y no lo saben, o desconocen cambios normativos que podrían aplicar fácilmente. Nuestro objetivo es simplificar todo eso. El cliente no quiere saber del mercado energético, quiere que le digamos qué decisiones tiene que tomar. Nosotros se lo mostramos de forma clara en una plataforma.
Dentro de esa plataforma tenéis herramientas como mapa de calor energético, estimaciones de costes o el optimizador de potencia. ¿Cuál de estas funcionalidades está teniendo más impacto real dentro del ahorro de los clientes?
Lo que más valor nos da es ser proactivos. No solo mostramos datos, sino que estructuramos toda la información y proponemos decisiones concretas.
El objetivo es que el cliente no tenga que dedicar tiempo a esto. Si su negocio es fabricar bolígrafos, lo que queremos es que fabrique más bolígrafos y no que esté pendiente del mercado energético. Nosotros le enseñamos qué decisiones tomar y lo reflejamos en cuadros de mando.
¿Crees que el mercado empresarial en España está ya madurando su forma de gestionar la energía?
Es un mercado que está cambiando muchísimo. La normativa cambia prácticamente cada año y muchas veces no es suficientemente clara. Eso hace que adaptarse sea complicado.
Hemos pasado de un monopolio a un mercado liberalizado, pero trasladar todas esas medidas al consumidor final sigue siendo difícil. Está madurando, pero todavía queda mucho recorrido.
La compañía forma parte del ecosistema de Lanzadera. ¿Cómo ha influido estar dentro de ese entorno en vuestra evolución?
Nos ha permitido atraer talento, sobre todo gracias al entorno y a las oficinas. También hemos ganado mucha visibilidad.
Además, estar en un programa de aceleración te permite tomar decisiones más rápido y evitar muchos errores, porque siempre hay alguien que te orienta y te dice por dónde ir.

A nivel personal, vienes de PwC, participando en proyectos multinacionales. ¿Qué aprendizajes de esa etapa corporativa has aplicado directamente al crear Apolo Energies?
Principalmente, una metodología de trabajo muy estructurada, que permite hacer onboarding más rápidos en el equipo. Y, sobre todo, el foco: intentar hacer una sola cosa bien.
Nosotros entendemos que somos muy buenos en la comercialización energética y no intentamos abarcar más. Esa disciplina viene mucho del mundo corporativo.
Habéis anunciado también una nueva línea de negocio enfocada al suministro de gas para empresas. ¿Qué papel jugará esta nueva vertical en el crecimiento de Apolo durante este año?
Queremos dar el mismo nivel de servicio que en electricidad. El objetivo es que el cliente nos vea como un referente en todo su mapa energético y no tenga que acudir a otro proveedor.
Vamos a aplicar el mismo enfoque: datos, información y ayuda en la toma de decisiones. Para el cliente, luz y gas son necesidades básicas, y queremos cubrir ambas con la misma calidad.
Uno de los objetivos que os habéis marcado es alcanzar los 13 millones de euros de facturación. ¿Qué tendrá que ocurrir en los próximos meses para cumplir esa meta?
Seguir haciendo las cosas igual de bien que hasta ahora. Gran parte del mérito es del equipo, que está haciendo un trabajo excelente.
También buscamos estabilidad. En momentos de volatilidad, como con la guerra de Irán, hay que gestionar muy bien la cartera. A veces eso implica frenar la captación y centrarse en consolidar.
¿Las empresas os han trasladado esa preocupación por el contexto actual, especialmente por el impacto de conflictos como la guerra en Irán en los precios de la energía?
Sí. Hay empresas que, si su coste energético se duplica, se plantean parar. No todas tienen márgenes suficientes para absorber ese impacto.
Por eso nos anticipamos fijando precios con coberturas para muchos clientes. Sabíamos que a algunos les iba a afectar más y tratamos de protegerlos con tiempo.
Habláis de inteligencia energética, es decir, usar datos para anticiparse y optimizar consumos. ¿Crees que ese será el gran cambio en el sector energético en los próximos años?
Sí, porque el modelo está cambiando. Antes solo consumías energía. Ahora vas a poder producirla, almacenarla y venderla.
El consumidor va a pasar a ser una figura híbrida: productor, consumidor y, en algunos casos, proveedor de energía al sistema. Eso cambia completamente el paradigma.

También defendéis que la transición energética puede ser una palanca de competitividad empresarial, no solo una cuestión medioambiental. ¿Cómo se traduce eso en el día a día de una empresa?
España, si hace bien su mix energético, puede tener una de las energías más baratas de Europa. Ya estamos viendo cómo eso atrae industria, como los data centers.
Si combinamos renovables, nuclear y almacenamiento, podemos ser muy competitivos y reducir la dependencia del exterior.
Para terminar, Apolo es una empresa nacida en Valencia y muy vinculada al ecosistema emprendedor. ¿Qué papel crees que puede jugar la Comunidad Valenciana en la innovación energética en España?
Muchísimo. Tiene un puerto clave, una gran universidad como la Politécnica, mucho sol y un tejido empresarial muy emprendedor.
Eso crea un entorno muy favorable para que surjan proyectos innovadores en energía. Es un caldo de cultivo muy potente.

