Sedas, bordados y joyas de otro siglo: el Ayuntamiento de València abre sus puertas a la indumentaria valenciana más auténtica

El Salón de Cristal del Ayuntamiento de València acoge del 2 al 5 de junio una exposición gratuita de joyas e indumentaria tradicional valenciana con piezas de los siglos XVIII y XIX.

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Indumentaria valenciana
Indumentaria valenciana

Trajes cosidos a mano con sedas del siglo XVIII, manteletas bordadas en hilo de oro y plata, peinetas que han sobrevivido a dos siglos de historia. Del 2 al 5 de junio, el Salón de Cristal del Ayuntamiento de València se convertirá en un escaparate de la memoria textil valenciana, con una exposición de joyas e indumentaria tradicional que se podrá visitar de forma completamente gratuita.

Un patrimonio que se toca con guantes

La muestra reunirá trajes de los siglos XVIII y XIX confeccionados en sedas estrechas y espolines —ese tejido de seda con motivos en relieve que durante siglos identificó a la industria sedera valenciana como una de las más prestigiosas de Europa—, junto a manteletas bordadas a mano en oro y plata, mantillas, aderezos y peinetas. Piezas que no son solo ropa: son documentos históricos con hilo en lugar de tinta.

Detrás de la iniciativa se encuentra el Gremio Artesano de Sastres y Modistas de la Comunidad Valenciana, una institución con raíces profundísimas: fue creada en 1247, lo que la convierte en una de las instituciones de moda más antiguas de España. Siglos de oficio y transmisión de conocimiento que, hoy, se materializan en exposiciones como esta.

La organización cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de València y la participación de catorce firmas especializadas en indumentaria tradicional, orfebrería y complementos. Nombres como Compañía Valenciana de la Seda, L'Àgulla d'Or, Espolín o Princesas con Abanico comparten espacio con talleres familiares como Amparo Fabra, Elisa Peris o Amparo Gámez. En el universo de la indumentaria valenciana, los trajes de finales del siglo XIX se confeccionaban con brocatel de seda estrecha, con tejidos como los que hoy sigue produciendo la Compañía Valenciana de la Seda.

La segunda cita de una tradición que toma impulso

No es la primera vez que esta iniciativa sale a la luz. Se trata de la segunda edición de una exposición pensada para acercar al gran público el valor histórico y artístico de prendas elaboradas con técnicas centenarias. Una apuesta que el Gremio viene consolidando con fuerza: tras el éxito de anteriores convocatorias con más de 7.000 personas, la institución refuerza su compromiso con la artesanía, el oficio y la excelencia.

La pregunta que flota en el ambiente es pertinente: ¿tiene sentido preservar estos oficios en plena era de la moda rápida y el fast fashion global? La respuesta, según quienes dedican su vida a estos talleres, es rotunda. La promoción y puesta en valor del oficio, la formación y la visibilidad del trabajo de los profesionales son, precisamente, el motor que mueve al Gremio en cada una de sus acciones. Porque cuando desaparece un bordador en oro o una tejedora de espolín, desaparece también una forma de entender el mundo.

Catorce talleres, un mismo lenguaje

La exposición funciona también como una declaración colectiva de intenciones. Catorce empresas han unido sus piezas para construir un relato común sobre lo que significa vestir con identidad. Junto a las ya mencionadas, participan L'U i Dos, Alan Indumentaria, Vicente Santo Tomás, Art Antic, Aguas de Marzo y Sergio Esteve, conformando un panorama amplio del sector artesanal valenciano actual. El Gremio realiza multitud de eventos relacionados con el mundo de la moda, como desfiles de indumentaria , pero es en este tipo de exposiciones estáticas donde las piezas pueden observarse con la calma y la atención que merecen.

La entrada es libre y gratuita. Cuatro días, del martes 2 al viernes 5 de junio, en el corazón institucional de la ciudad. Una oportunidad poco habitual para contemplar de cerca prendas que normalmente solo aparecen en los grandes días de fiesta valenciana, y que ahora salen de los baúles familiares y de los talleres artesanos para recordar que la tradición no es nostalgia: es un oficio vivo que se aprende, se enseña y se lleva puesto.