Diez años después de su estreno, 'Por los pelos' sigue demostrando que hay comedias capaces de desafiar el paso del tiempo. La producción dirigida por Santiago Sánchez regresa este verano al Teatro Talía, donde podrá verse del 2 de julio al 16 de agosto, celebrando una década sobre los escenarios con una fórmula que continúa conquistando al público: un asesinato, seis personajes, cientos de sospechosos... y un desenlace diferente cada noche gracias a la participación de los espectadores.
Con más de 70.000 espectadores, cerca de 500 representaciones y el relevo de Jairo Carrasco como nuevo Toni Carreras, la obra afronta una temporada muy especial. Hablamos con su director, Santiago Sánchez, sobre el secreto de un éxito que no deja de renovarse, la importancia de la improvisación, el papel del público y cómo se mantiene viva una función que, diez años después, sigue sorprendiendo incluso a quienes ya la han visto.

Diez temporadas después, ¿qué siente al mirar atrás y comprobar que Por los pelos se ha convertido en uno de los mayores éxitos teatrales de la Comunitat Valenciana?
Era un reto importante porque partíamos de una obra que ya tenía detrás un enorme prestigio internacional. Hablamos de la comedia más representada de la historia de Estados Unidos, una producción que sigue representándose en ciudades como París, Roma, Shanghái o Seúl. El objetivo era hacer una versión que estuviera a esa altura.
Diez años después, ver que se ha convertido en la producción que más tiempo lleva representándose de forma continuada en España produce una enorme satisfacción. Además, la función ha ido creciendo con el paso del tiempo. Los actores que llevan desde el principio han ganado experiencia y cada incorporación aporta una energía distinta. A eso se suma un público que se renueva constantemente y que, en esta obra, forma parte del propio espectáculo. Esa mezcla es la que mantiene viva la función.
Precisamente el público es uno de los protagonistas de la obra. ¿Ha cambiado su forma de participar durante estos diez años?
Hay algo muy bonito y es que siempre hablamos de que el teatro tiene que esforzarse por atraer a los jóvenes, pero Por los pelos lo ha conseguido desde el primer día. Es una obra que invita a mucha gente a descubrir el teatro.
Es verdad que hoy vivimos rodeados de pantallas y cuesta más captar la atención, pero precisamente por eso esta propuesta resulta tan atractiva. Aquí el espectador no se limita a mirar; participa, pregunta, decide y modifica lo que ocurre sobre el escenario. Esa sensación de que cada función es única conecta muy bien con las nuevas generaciones.
La obra nace de un gran éxito internacional, pero aquí parece escrita para el público valenciano. ¿Cómo habéis conseguido esa cercanía?
Era una de las claves desde el principio. La historia no sucede en Estados Unidos, sino aquí, en Valencia. La peluquería está situada en la calle Caballeros, junto al Teatro Talía, y todo está adaptado para que el espectador sienta que esa historia podría estar ocurriendo en su propio barrio.
Incorporamos referencias locales, humor muy nuestro y pequeños guiños que hacen que la obra parezca escrita ayer mismo. Lo hicimos primero para Valencia y también para Madrid cuando estuvimos allí en temporada, y después hemos ido adaptando detalles a otras ciudades por las que ha pasado la gira. Es una manera de conseguir que cada público sienta la función como algo propio.

Cada representación tiene un final distinto. ¿Hasta qué punto esa interacción obliga al elenco a mantenerse siempre en alerta?
Es absolutamente fundamental. La obra mezcla una estructura muy clásica, casi un Cluedo o una novela de Agatha Christie, con un momento en el que todo cambia: se encienden las luces y los espectadores pasan a convertirse en testigos del crimen.
A partir de ahí puede ocurrir cualquier cosa. Las preguntas del público siempre sorprenden y los actores tienen que estar permanentemente preparados para responder. Hace falta un reparto con mucha experiencia en improvisación porque, aunque algunas situaciones puedan repetirse, cada noche aparecen nuevas observaciones, nuevas teorías y nuevas formas de enfocar la investigación.
Esta temporada se incorpora Jairo Carrasco como nuevo Toni Carreras. ¿Qué buscabais con este relevo?
Carles Castillo ha interpretado el personaje durante diez años y ha sido extraordinario. Es un compañero al que admiro muchísimo y un grandísimo improvisador. Pero también creíamos que era un buen momento para darle un nuevo aire al personaje.
La llegada de Jairo aporta una energía completamente distinta. Es un actor mucho más joven y eso rejuvenece el papel sin perder su esencia. Ya pudimos comprobarlo en el estreno: imprime un nuevo dinamismo y genera otras relaciones con el resto del elenco. Todos los cambios que hemos hecho en estos diez años han servido precisamente para eso, para refrescar la función.
Jairo llega del teatro musical. ¿Cómo ha sido esa adaptación a una obra donde la improvisación es tan importante?
Yo ya le había visto trabajar anteriormente. Había protagonizado aquí The Rocky Horror Show, que también tiene mucha interacción con el público, y poco antes lo vi en Drácula. Pensé que tenía exactamente el perfil que necesitábamos.
No queríamos buscar a alguien que imitara a Carles Castillo, sino un actor diferente que aportara otra personalidad. Además de su experiencia en musicales, tiene una sólida formación teatral, así que la adaptación ha sido muy natural. Estoy muy contento porque creo que hemos acertado plenamente con esta incorporación.
Después de tantas funciones, ¿todavía hay noches capaces de sorprenderos?
Muchísimas. Recuerdo una función en la que, cuando el comisario pidió al público que decidiera quién era el asesino, un señor de más de setenta años levantó la mano y dijo muy convencido: "Aquí los asesinos son todos". Aquello dio un giro completamente inesperado a la investigación y nos recordó a esos grandes clásicos de Agatha Christie donde nada es lo que parece.
Eso es precisamente lo bonito de Por los pelos: cada función reúne a personas de edades muy distintas y cada una observa detalles diferentes. Esa mezcla convierte cada noche en una experiencia irrepetible.
Y esa conexión parece reflejarse también en la fidelidad del público...
Sí, ocurre algo muy curioso. Hay espectadores que vuelven una y otra vez porque quieren descubrir todos los finales posibles. A veces incluso les toca el mismo asesino y se llevan una pequeña decepción, pero vuelven igualmente.
También hay mucha gente que ya ha convertido venir a ver Por los pelos en una tradición del verano. Aprovechan una noche en el Carmen, disfrutan de la función y luego salen a cenar o a tomar algo. Otros regresan con amigos o familiares que todavía no la conocen porque quieren vivir con ellos el momento en que el público empieza a interrogar a los personajes. Esa complicidad es uno de los mayores premios que puede tener una obra de teatro.
Después de diez años, ¿cómo es el 'feedback' que recibís del público? ¿Hay espectadores que repiten año tras año?
Sí, y es una de las cosas más bonitas que tiene esta función. Hay personas que vuelven porque quieren descubrir todos los finales posibles y ver quién termina siendo el asesino en cada ocasión. A veces incluso les vuelve a tocar el mismo final y dicen entre risas: "¡Otra vez!", porque al final todo depende de la decisión del público.
También se ha convertido en un auténtico plan de verano. Este es ya el cuarto verano consecutivo que estamos en el Teatro Talía y hay gente que cada año reserva una noche para venir. Sales al Carmen, ves la función, cenas después... es un plan muy agradable. Y ocurre mucho que quien ya ha visto la obra vuelve con amigos o familiares para enseñarles lo que pasa cuando el público empieza a interrogar a los personajes. Les dicen: "Espera, espera, que ahora viene lo mejor". Esa ilusión por compartir la experiencia es muy especial.
Además, con el paso del tiempo notas que hay un público "entrenado", que ya conoce el juego y viene dispuesto a poner a prueba a los actores, a buscar fallos o a sorprenderlos con preguntas nuevas. Ahora, además, estoy convencido de que mucha gente repetirá para descubrir cómo es este nuevo Toni Carreras. Esa curiosidad demuestra que los cambios ayudan a mantener viva la función.
Después de tantas funciones, ¿todavía encuentra algo nuevo cada vez que se sienta a verla desde fuera?
Sí, siempre. Y creo que esa es la grandeza de Por los pelos. Aunque conozcas perfectamente la estructura de la obra, nunca sabes qué va a pasar cuando llega el momento en que interviene el público.
Hay preguntas inesperadas, teorías sorprendentes o pequeños detalles que alguien detecta por primera vez. Incluso los propios actores descubren nuevas formas de reaccionar. Eso hace que la función siga siendo divertida también para nosotros después de tantos años.
Para terminar, si tuviera que convencer a alguien que todavía no ha visto Por los pelos, ¿qué le diría para explicar por qué diez años después sigue siendo una cita imprescindible en el Teatro Talía?
Le diría que, si le apetece pasar dos horas riéndose y desconectando, esta es una apuesta segura. Y también que no tenga miedo a la participación, porque muchas personas creen que van a tener que subir al escenario o hacer algo incómodo, y no es así. Todo sucede de una forma muy natural y cada uno participa hasta donde quiere.
Al final lo que buscamos es que la gente salga feliz. De hecho, siempre recuerdo al mecánico al que llevo mi moto, que la ha visto tres o cuatro veces. Cada verano, cuando viene familia a Valencia, los trae al Talía porque sabe que va a pasar una tarde estupenda y que todos van a salir encantados. Creo que ese es el mejor resumen de Por los pelos. No pretende ser otra cosa que una gran comedia para disfrutar, reír y compartir una noche diferente. Y diez años después, sigue consiguiéndolo.


