Coincidiendo con su 75º cumpleaños, el artista valenciano Roberto Navarro Matheu inaugura este sábado 20 de junio a las 18h en la librería El Imperio, en pleno barrio de Ruzafa, su nueva exposición Pinceladas oníricas, una muestra compuesta por una treintena de obras que transitan entre el realismo más detallista y composiciones de inspiración surrealista. La exposición supone además el inicio de una colaboración estable con este emblemático espacio cultural, donde la literatura y las artes plásticas compartirán protagonismo.
Tras recibir distintos reconocimientos y exponer en espacios como el Mercado de Colón, Lotelito o el Centro Cultural del Cabanyal, Roberto Navarro abre una nueva etapa artística marcada por la experiencia y la búsqueda constante. «Lo que comenzó siendo un entretenimiento ha terminado convirtiéndose en una pasión», asegura el pintor, que huye de las zonas de confort y reivindica la capacidad del arte para emocionar, inspirar y establecer puentes entre quien crea y quien contempla.
En esta entrevista, el artista reflexiona sobre el sufrimiento y la satisfacción que acompañan al proceso creativo, el papel fundamental que desempeñan los sueños y la imaginación y el poder de la pintura en una época dominada por la inmediatez. Una conversación que invita a descubrir una exposición concebida para transmitir sosiego, tranquilidad y la emoción de mirar con calma.
Este 2026 inauguras Pinceladas oníricas coincidiendo con tu 75º cumpleaños. ¿Qué significa para ti llegar a este momento personal y artístico?
Satisfacción, principalmente. Pensando que he alcanzado algo me siento muy satisfecho.
Mirando atrás, ¿qué relación mantiene hoy Roberto Navarro con el arte respecto a aquel que empezó a pintar?
La relación que mantengo con respecto a cuando empecé a pintar hace muchos años, ahora es una experiencia, un saber mirar y ver. Lo que en un principio era un entretenimiento ahora llega a ser una pasión. Llegar a disfrutar realmente un día, olvidarme de todo y poder empezar a pintar.
La exposición reúne cerca de una treintena de obras con estilos que van desde el realismo hasta lo surrealista. ¿En qué lugar te sientes más libre como artista?
Me gustan ambos estilos. El realismo, por ejemplo, tengo una serie de puertas, pero intento rehuir de ello para no caer en un área de confort. Quiero tender de forma surrealista a expresar algo más que simplemente un buen trabajo realista.
El título de la muestra, Pinceladas oníricas, sugiere un componente muy emocional e incluso subconsciente. ¿Qué papel juegan los sueños, la imaginación o las emociones en tu proceso creativo?
Es fundamental el papel que juegan los sueños y la imaginación. Lo que pasa es lo de siempre: tú te imaginas una obra y, desde que lo asimilas, las noches en vez de dormir te distraes pensando de qué forma plasmar el trabajo en un lienzo. Intentas transmitir todas las emociones, algo que a veces se consigue y otras no. Ahí también entra en juego el proceso creativo.
¿Cómo es ese momento inicial antes de empezar una obra?
El momento inicial de empezar una obra es, en cierto modo, cruel. Le das vueltas al color, los tonos, el fondo o el tamaño. Viene a ser un parto; estás una temporada haciendo bosquejos y buscando la forma adecuada. Pero cuando empiezas, sientes un relajamiento y buscas plasmar aquello que habías imaginado.
¿Qué crees que tiene la pintura que sigue siendo tan poderosa en una época marcada por la inmediatez?
Lo que me fascina de la pintura es que es mutable. El trabajo permanece, pero todos cambiamos y la interpretación de una obra también cambia con el paso del tiempo. La materia permanece, y eso es lo verdaderamente importante.
En los últimos años has recibido reconocimiento en diferentes espacios expositivos de Valencia, desde el Mercado de Colón hasta Lotelito o el Centro Cultural del Cabanyal. ¿Cómo has vivido esta etapa de crecimiento y visibilidad?
Lógicamente, te alegra. A todos nos gusta que valoren nuestro trabajo. La visibilidad y las críticas, siempre que sean constructivas, son algo que se agradece.
La exposición se presenta en un espacio poco convencional para la pintura, como es la librería El Imperio, en Ruzafa. ¿Qué te atrae de esta unión entre literatura y artes plásticas?
La unión es fundamental. Tanto la literatura como las artes plásticas buscan la comunicación. Son dos mundos que intentan encontrarse: el autor quiere transmitir una serie de valores hasta conseguir llegar al lector o al espectador.
¿Qué te gustaría que sintiera o se llevara el público después de visitar Pinceladas oníricas?
Sosiego, tranquilidad y relajación. Me gustaría que el espectador llegue realmente a descubrir en el lienzo aquello que se ha intentado comunicar.


