El próximo 14 de junio cierra sus puertas 'A media lumbre', la exposición colectiva que el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) ha albergado en su Centre Julio González desde el 18 de febrero. Casi cuatro meses en los que el museo valenciano ha apostado por algo que rara vez ocupa el centro de un museo de arte contemporáneo: la cerámica, el esparto, la lana, el barro y los gestos lentos de quienes todavía saben hacer las cosas con las manos.
La muestra reúne más de 40 obras de 27 artistas, incluyendo piezas de la colección del IVAM, y propone un recorrido por trabajos contemporáneos vinculados a oficios y materiales tradicionales como cerámica, barro, lana, textiles, bordados, esparto, palma, mimbre y otras fibras naturales. No es una exposición de arqueología ni un homenaje sentimental al pasado. Es, en todo caso, una pregunta incómoda lanzada al presente: ¿qué perdemos cuando desaparecen los saberes que no caben en una pantalla?
"Me gusta pensar la exposición como un filandón, aquellas reuniones nocturnas alrededor del fuego donde se entrelazaban el trabajo manual y el relato compartido" - Blanca de la Torre, directora y comisaria del IVAM
Una entrada que ya dice mucho
El recorrido comienza con una declaración de intenciones. El público es recibido por una gran pancarta con la palabra 'Guapa', obra de Pilar Albarracín, pieza que pertenece a la colección propia del IVAM. Desde ese primer golpe visual, la exposición despliega un universo material que abarca lo táctil, lo sonoro y hasta lo olfativo. La muestra no solo es visual: incluye piezas sonoras de Saskia Calderón y olfativas de Julie C. Fortier. Esta última ha creado un monumental collar suspendido que desprende aromas de sotobosques, una obra que obliga al visitante a detenerse de una manera muy distinta a como lo haría ante un cuadro.
La museografía conecta con los sentidos, incorporando paredes enlucidas en adobe y materiales naturales de la Comunitat Valenciana. Hasta el propio espacio expositivo forma parte del discurso.
Barro, esparto y lana como lenguajes contemporáneos
Entre las obras que articulan el núcleo de la exposición destacan las realizadas en arcilla vidriada de Glenda León, las ánforas de Antonio Fernández Alvira, las flores azules de porcelana de Noemi Iglesias Barrios, piezas cerámicas de Marta Font o una instalación de Josefina Guilisasti realizada junto a artesanas de Rari, en Chile. El proyecto promueve prácticas comunitarias y conocimiento situado, colaborando con artesanas y colectivos locales. La artesanía, aquí, no es decorado: es método de trabajo y forma de pensar.
El esparto, material históricamente asociado a la economía doméstica rural española, reaparece con fuerza en obras de Sonia Navarro y Ana Laura Aláez. Isabel Servera trabaja con técnicas vinculadas al trenzado de palmito, mientras que Laurita Siles rescata la lana de la oveja Carranzana —una raza en peligro de extinción— para reflexionar sobre biodiversidad y patrimonio cultural. Las manos que trenzan, tornen, hilan o modelan se convierten en narradoras de un tiempo propio, ajeno a la productividad acelerada.
La cerámica es otro de los ejes vertebradores de la muestra, con presencia de Concha Ybarra, Sarah Viguer Cebriá, Javier Bravo de Rueda o las baldosas esmaltadas de Susana Cámara Leret. Los tapices de Adriana Meunié, una instalación escultórica de Laura Segura y una pieza de Jessica Stockholder completan un recorrido en el que también Ricardo Calero reivindica la cestería tradicional y su relación con el entorno natural.
Sin nostalgia, pero con memoria
'A media lumbre' se aproxima a saberes no hegemónicos vinculados a los territorios —artesanía, oficios, prácticas campesinas y modos de vida— pero sin una visión nostálgica o romantizada, en palabras de su comisaria. La diferencia es sutil pero importante: no se trata de añorar un mundo perdido, sino de preguntarse qué conocimiento útil y vivo se ha descartado por considerarse menor o anticuado.
"La pérdida de saberes tradicionales repercute directamente en la pérdida de la diversidad, tanto cultural como biológica" , señaló Blanca de la Torre en la presentación de la muestra. Una advertencia que conecta con debates muy actuales sobre sostenibilidad, identidad territorial y los límites del crecimiento acelerado.
La propia exposición fue concebida desde criterios sostenibles: uso de materiales naturales, reutilización de elementos expositivos y eliminación de transportes internacionales. Las cartelas y textos de sala están hechos en tela y se reutilizarán en todas las sedes.
Un proyecto itinerante que continuará vivo
El cierre en Valencia no es el final del proyecto. El proyecto nació en el IVAM y continuará en el Casal Solleric y Es Baluard Museu d'Art Contemporani de Palma, en el CDAN de Huesca y en el Museu Terra de L'Espluga de Francolí. Cada sede acogerá una exposición autónoma en la que artistas y obras irán mutando y adaptándose a cada territorio. Una estructura que imita, en cierta forma, la lógica de los propios oficios tradicionales: el mismo conocimiento que se transforma según las manos y el lugar que lo acogen.
En un momento en que la velocidad lo domina casi todo, 'A media lumbre' ha funcionado como una pausa deliberada, un espacio donde la lentitud no es defecto sino argumento. Que una exposición sobre cestería, barro y lana haya encontrado su lugar en uno de los museos de arte contemporáneo más relevantes del país dice tanto sobre el estado del arte como sobre el estado del mundo.


