Hay guionistas que escriben películas y hay guionistas que escriben épocas. Rafael Azcona fue, sin duda, de los segundos. A cien años de su nacimiento en Logroño, el 24 de octubre de 1926, la Filmoteca Valenciana le rinde homenaje con un ciclo que reúne doce de sus títulos más representativos, proyectados a lo largo de los próximos meses para recordar a un hombre que, desde la discreción casi militante, moldeó la conciencia del cine español como nadie.
El ciclo arranca el domingo 13 de septiembre, a las 18.00 horas, y se extenderá durante semanas con una selección que abarca más de medio siglo de cinematografía nacional. No es solo un homenaje a una figura; es también una radiografía de la España que Azcona retrató con bisturí y con risa: la del franquismo gris, la de la posguerra resignada, la de la transición convulsa y la de la democracia que buscaba su propio reflejo.
El hombre detrás de las mejores películas
Azcona fue uno de los pilares del cine español, un escritor irrepetible y el mejor retratista de la España de la segunda mitad del siglo pasado. Comenzó como novelista y desde 1951 colaboró en revistas humorísticas como La Codorniz, aquella publicación irreverente que fue durante décadas el único espacio donde el humor podía colarse entre las grietas del régimen. Desde ahí, casi por accidente, dio el salto al cine. Su primer guion fue El pisito, que dirigiría en 1958 Marco Ferreri, con el que repetiría en El cochecito; ambas obras retratan la década de los sesenta y el estado de pobreza en el que vivía la sociedad.
Lo que siguió fue una carrera extraordinaria. A lo largo de su trayectoria colaboró con directores como Luis García Berlanga, Marco Ferreri, Carlos Saura, Fernando Trueba, José Luis García Sánchez, Bigas Luna, Pedro Olea o José Luis Cuerda. Es considerado por muchos como el mejor guionista español de la historia y el guionista con mayor número de Premios Goya —seis— y nominaciones —doce— en las categorías a mejor guion original y adaptado, además del Goya de Honor que recibió en 1998.
Paradójicamente, el hombre que mejor entendió cómo funcionan los seres humanos prefería mantenerse en las sombras. Azcona fue durante años discreto, incluso escurridizo, y poco amigo de entrevistas y apariciones públicas. Durante años aspiró de forma voluntaria a ser el hombre invisible y no acudió a recoger ninguno de los seis Goyas que ganó. Berlanga llegó incluso a bromear con que era un personaje inexistente que él mismo se había inventado.
Berlanga: casi 25 años escribiendo España juntos
Si hay una asociación que define la carrera de Azcona, es la que forjó con Luis García Berlanga. La relación más larga y fructífera de su vida profesional duró casi 25 años y se tradujo en once películas, desde 1963 hasta 1987. Juntos transformaron la comedia en una herramienta de disección social, creando un subgénero propio caracterizado por el humor negro, la sátira y el retrato del absurdo cotidiano. La incorporación de Azcona como guionista propulsó el cine de Berlanga hacia otra dimensión: hasta entonces, las películas del valenciano eran comedias amables; con Azcona, el humor se hizo mucho más ácido e incisivo.
El ciclo de la Filmoteca Valenciana comienza precisamente con el inicio de esa alianza. Plácido (1961), de Berlanga, fue el primer largometraje en el que ambos compartieron crédito como guionistas —junto a José Luis Colina y José Luis Font—. Candidata al Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1961 y considerada una de las mejores películas del cine español, esta comedia coral protagonizada por el humorista catalán Casto Sendra 'Cassen' —en su primer papel cinematográfico— destila una crítica feroz a la hipocresía de la burguesía española frente a la pobreza. Se podrá ver el domingo 13 y el miércoles 16 de septiembre, ambas proyecciones a las 18.00 horas.
El siguiente gran título de la pareja es El verdugo (1963), proyectado el martes 22 de septiembre a las 18.00 horas y el miércoles 23 a las 20.00 horas. Protagonizada por Pepe Isbert, el italiano Nino Manfredi y Emma Penella, la película es un alegato contra la pena de muerte inspirado en la ejecución real de Pilar Prades, conocida como «la envenenadora de València». La historia de un empleado de funeraria que termina ejerciendo de verdugo casi sin quererlo es, como toda la obra de Azcona, una farsa que esconde una tragedia.
Saura, Esterlich y la veta metafórica
Más allá de Berlanga, el ciclo explora otras facetas del guionista riojano. Con Carlos Saura mantuvo también una colaboración prolongada y fértil, desde Peppermint Frappé (1967) hasta Ay, Carmela (1990), film con el que ambos obtuvieron el Goya al mejor guion adaptado. La Filmoteca proyecta Ana y los lobos (1973), el viernes 25 de septiembre a las 20.00 horas y el domingo 27 a las 18.00 horas: una película donde Azcona demostró que el humor negro y el realismo costumbrista podían convivir con un relato altamente simbólico y surrealista.
En esa misma clave metafórica se inscribe El anacoreta (1976), dirigida por Juan Esterlich, que se proyecta el miércoles 30 de septiembre a las 18.00 horas y el sábado 3 de octubre a las 19.30 horas. El único largometraje que Esterlich dirigió tiene el mérito de haber llevado a Fernando Fernán Gómez al Oso de Plata de la Berlinale, interpretando a un burgués de mediana edad que lleva once años recluido en su cuarto de baño. Una premisa absurda que, en manos de Azcona, se convierte en una reflexión sobre la libertad y el aislamiento.
Noviembre: seminario en torno a 'El pisito'
Según quienes mejor conocen su obra, "siempre hay dos tipos de guionistas del cine español: antes y después de Rafael". Esa afirmación cobra todo su sentido cuando se repasa la lista de títulos que completarán el ciclo en los próximos meses: El cochecito (1960) de Marco Ferreri; Mi hija Hildegart (1977), de Fernando Fernán Gómez; Belle Époque (1992) y La niña de tus ojos (1998), de Fernando Trueba; Tranvía a la Malvarrosa (1996), de José Luis García Sánchez; Son de mar (2000), de Bigas Luna, y Los girasoles ciegos (2008), de José Luis Cuerda.
Mención especial merece la película con la que Azcona debutó en el cine: El pisito (1958), dirigida por Marco Ferreri a partir de una novela del propio guionista. La obra maestra sobre una pareja de novios incapaz de casarse porque no puede encontrar un piso asequible en Madrid —un problema que, por cierto, resulta asombrosamente familiar para muchos españoles de hoy— será el centro de un seminario específico en noviembre, con diversas charlas y coloquios.
La obra de Azcona es clave para entender la evolución del país: "Quien quiera saber cómo somos tiene que ver las películas de Berlanga con Rafael. Ahí está todo", una valoración que comparten críticos dentro y fuera de España. En un año en que el centenario de su nacimiento está convocando homenajes desde La Rioja hasta Valencia, la Filmoteca Valenciana recuerda que sus películas no solo perviven: siguen siendo incómodamente actuales.


