No como espectadores al uso, sino como observadores privilegiados con acceso a los espacios que el público nunca ve. Así han vivido la XV edición del Festival 10 Sentidos cincuenta jóvenes valencianos de entre 14 y 30 años, participantes del Club de Espectadores Jóvenes 10 Sentidos-IVAJ Carnet Jove, una iniciativa del Institut Valencià de la Joventut que convierte la asistencia a un festival de artes escénicas en algo mucho más cercano a una formación cultural intensiva que a una simple salida de ocio.
Más allá del patio de butacas
La pregunta que muchos se hacen al acercarse al arte contemporáneo es siempre la misma: ¿cómo se hace esto? El Club de Espectadores Jóvenes da precisamente esa respuesta, y lo hace de la manera más directa posible. Los participantes no solo asistieron a los montajes y las representaciones, sino que accedieron a ensayos, workshops y sesiones de visionado, e incluso interactuaron directamente con los artistas y otros profesionales del sector. Una experiencia que difícilmente se consigue por otros medios y que sitúa a quienes la viven en una posición inusual: entre el arte y su cocina interna.
Vicente Ripoll, director general del IVAJ, lo resumió durante el acto de clausura del festival con una definición que va al grano.
"Única e inmersiva" - Vicente Ripoll, director general del Institut Valencià de la Joventut (IVAJ)
Esa inmersión, además, no se limitó a contemplar. Los propios jóvenes participantes valoraron la experiencia como una oportunidad para descubrir nuevas compañías, aprender diferentes formas de hacer arte y conocer cómo se gestiona internamente un festival de estas características. También, y esto no es menor, como un espacio para la reflexión colectiva: ese tipo de conversaciones que raramente ocurren fuera de los círculos profesionales del sector cultural.
Un festival con quince años mirando al futuro
El Festival 10 Sentidos lleva quince ediciones convirtiendo Valencia en escenario de una de las citas culturales más comprometidas del panorama actual. Bajo el lema Naturaleza Viva Vol_02, el certamen ha evolucionado hacia la resiliencia activa, situando la cultura como arquitectura esencial en la construcción de modos de vida sostenibles y responsables.
Con un enfoque crítico y reflexivo, el certamen explora la conexión entre cultura, ciencia y sostenibilidad a través del teatro, la danza, las artes visuales, la música y las performances como herramientas para imaginar un futuro más sostenible. Más de una veintena de propuestas escénicas distribuidas por diferentes espacios culturales de València han configurado una programación que no busca entretener en el sentido convencional del término, sino incomodar, cuestionar y, en el mejor de los casos, transformar.
La crisis climática global y la construcción de modos de vida más sostenibles han sido el hilo conductor de esta edición, un tema que en los últimos años ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la ciencia para instalarse también, con fuerza creciente, en los escenarios europeos de artes vivas. El festival se compromete en cada edición a destacar los problemas que afectan a la comunidad y a subrayar el potencial del arte como motor de cambio social.
Semillas para futuros creadores
El objetivo del Club de Espectadores Jóvenes va, en realidad, más allá del disfrute cultural inmediato. Ripoll subrayó en la clausura que la iniciativa pretende fomentar la creatividad, la originalidad y la innovación entre los jóvenes, y dotarles de herramientas para concebir futuros proyectos culturales y artísticos. No se trata solo de formar públicos, sino de abonar el terreno para que algunos de esos cincuenta participantes den, en algún momento, el salto al otro lado del escenario.
En un país donde la educación artística en los centros escolares sigue siendo asignatura pendiente, programas como este funcionan como un puente entre el interés juvenil por la cultura y el conocimiento real de cómo funciona la industria creativa. Aprender que detrás de una performance hay ensayos, decisiones, trabajo en equipo y procesos de reflexión es, en sí mismo, una lección que ningún libro de texto puede ofrecer con la misma contundencia que vivirlo en primera persona. El Festival 10 Sentidos y el IVAJ han demostrado con esta iniciativa que el acceso a la cultura puede ser, cuando se diseña bien, una experiencia verdaderamente transformadora.

