Un minuto de silencio. Apenas sesenta segundos que, en ocasiones, pesan más que cualquier discurso. Este mediodía, la plaza de Manises de València fue el escenario de un gesto colectivo de duelo: la Diputació de València se sumó a la concentración convocada por la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) en memoria de las víctimas de los terremotos que han devastado Venezuela en los últimos días.
Un gesto institucional ante una tragedia de proporciones históricas
La representación de la corporación provincial estuvo encabezada por la vicepresidenta primera, Natàlia Enguix, acompañada por la diputada de Bienestar Social, Imma González, y un grupo de trabajadores de la institución. Su presencia no fue solo un acto de protocolo: fue una señal de que la tragedia que sacude a Venezuela ha traspasado fronteras y ha tocado de lleno a las instituciones valencianas, muchas de ellas con vínculos históricos, culturales y humanos con el país latinoamericano.
Y es que la magnitud de lo ocurrido en Venezuela difícilmente admite indiferencia. Los terremotos de Venezuela de 2026 fueron dos movimientos telúricos del tipo doblete, con epicentros en San Felipe y Yumare, que ocurrieron el 24 de junio. El primero alcanzó una magnitud de 7,2, y el segundo —apenas 39 segundos después— registró una magnitud de 7,5. Una secuencia sísmica brutal, casi sin margen para reaccionar.
Hasta 6,76 millones de personas podrían haberse visto afectadas por los terremotos que sacudieron Venezuela, según la portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU. Una cifra que resulta difícil de visualizar hasta que se recuerda que equivale aproximadamente a la población entera de la Comunitat Valenciana multiplicada por más de uno.
El balance humano de una catástrofe sin precedentes recientes
Al menos 1.450 personas murieron tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela, según un alto dirigente oficialista. Los equipos de rescate, llegados de decenas de países, llevan días trabajando contra el reloj entre los escombros. Las labores de búsqueda también han dejado algunos momentos de alivio, entre ellos el rescate con vida de un bebé y de una mujer que permaneció atrapada durante más de tres días. Pequeños milagros en medio de una desolación que, según los sismólogos, no tiene precedentes modernos en el país.
Venezuela es un país sísmico debido a su ubicación entre la placa Sudamericana y la placa del Caribe, y las zonas de la Cordillera de Mérida y la Cordillera de la Costa son consideradas las de mayor riesgo sísmico del país. Sin embargo, en las inmediaciones de la zona afectada por los terremotos del 24 de junio de 2026, solo se habían registrado siete sismos de magnitud 6 o superior en el último siglo. Lo que ocurrió este mes de junio no estaba en ningún cálculo.
La solidaridad como respuesta colectiva
La FVMP, al convocar este minuto de silencio, articuló una respuesta institucional que recorrió los municipios y provincias de la Comunitat Valenciana. No es la primera vez que este tipo de actos congregan a representantes públicos ante tragedias internacionales: la memoria colectiva, expresada en silencio y en común, tiene una capacidad simbólica que ningún comunicado oficial puede reemplazar.
La respuesta internacional no se ha hecho esperar. El gobierno de Estados Unidos anunció la asignación de 150 millones de dólares para financiar las labores de asistencia humanitaria en Venezuela, y la Casa Blanca ordenó el despliegue inmediato de brigadas de rescate e ingenieros. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expresó su solidaridad con las personas afectadas en Venezuela y, en particular, con las víctimas y sus familias. El mundo, en definitiva, mira hacia Venezuela.
En ese contexto, el minuto de silencio guardado este mediodía en la plaza de Manises adquiere un significado que va más allá de la formalidad institucional. La Diputació de València eligió estar presente, nombrar a los ausentes y hacer visible, desde el corazón administrativo de la provincia, que el dolor de Venezuela también es un dolor compartido aquí. A veces, la solidaridad no necesita grandes gestos: basta con detenerse un momento, guardar silencio y recordar que al otro lado del Atlántico hay miles de familias que lo han perdido todo.


