Cerca de 800.000 pasajeros de crucero atracaron en el Puerto de Valencia en 2024, generando un impacto económico estimado de 70 millones de euros. Sin embargo, la gran mayoría de esos turistas apenas conoce algo más allá del casco antiguo, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o el propio entorno portuario. La pregunta que lleva tiempo rondando a gestores y empresarios del sector es evidente: ¿por qué no llevarlos también a Llíria, a Riba-roja de Túria o a cualquier otro rincón con valor turístico de la provincia? La Diputació de València ha decidido pasar de la pregunta a la acción.
Una jornada para abrir el mapa crucerista
Este jueves, el Ayuntamiento de Llíria acogió la I Jornada Divaltur de Producto Turístico Crucerista de la provincia de Valencia, un encuentro formativo impulsado por la institución provincial con el objetivo de capacitar a los agentes locales para diseñar excursiones y experiencias adaptadas al turista de crucero. Cincuenta profesionales de destinos de la provincia y de empresas de servicios turísticos se dieron cita para explorar un segmento que, pese a su enorme volumen, apenas ha explotado su potencial más allá de la capital.
El diputado de Turismo de la Diputació, Pedro Cuesta, marcó el tono del encuentro desde el principio. Para él, el desafío no es solo identificar qué tiene cada pueblo, sino saber cómo presentarlo:
"No se trata solo de ver qué recursos tiene un destino para la creación de un producto exitoso, sino del modo en que lo hace y cómo lo adapta a las nuevas demandas y necesidades del turista de un crucero" - Pedro Cuesta, diputado de Turismo de la Diputació de València
Una reflexión que apunta directamente a uno de los errores más comunes del turismo rural: tener el producto pero no saber empaquetarlo. El crucerista, a diferencia del viajero convencional, dispone de una ventana de tiempo muy estrecha —entre 8 y 10 horas en tierra, según datos del sector— y lo que busca no es simplemente un lugar bonito, sino una experiencia que quepa en ese margen sin fricciones logísticas.
El perfil del crucerista, clave para diseñar el producto
La jornada reunió ponentes de primer nivel. Francesca Antonelli, responsable de Head Cruises y Marketing de la Autoridad Portuaria del Puerto de Valencia, subrayó el turismo de cruceros como una oportunidad real para destinos y empresas locales que todavía no han explorado este canal. Por su parte, Carolina Navarro, directora de Economía Azul de la Fundación Valenciaport, abordó el fomento del ecoturismo y la descentralización de excursiones como vías para reducir la presión sobre la capital y distribuir el beneficio económico por más territorios.
También participó Lorenzo Vera, de la Autoridad Portuaria del Puerto de Motril, que aportó la perspectiva de un destino que ya ha trabajado este modelo en la provincia de Granada, y Paco García, concejal de Turismo y Ciudad Creativa del Ayuntamiento de Llíria, anfitrión del encuentro. El hecho de elegir Llíria como sede no es casual: la ciudad, reconocida por la UNESCO como Ciudad Creativa de la Música, representa exactamente el tipo de destino que podría seducir a un crucerista con inquietudes culturales.
El encuentro abordó en profundidad los factores que determinan el éxito de un producto crucerista: el perfil socioeconómico del pasajero, su motivación experiencial, el tiempo disponible desde su llegada al puerto y su historial como viajero de cruceros. Todos los ponentes coincidieron en que conocer al turista es tan importante como conocer el destino.
De la teoría al caso real: Riba-roja de Túria ya lo hace
Uno de los momentos más prácticos de la jornada llegó con el análisis del municipio de Riba-roja de Túria, que ya trabaja activamente con el segmento crucerista. Un ejemplo que demuestra que el modelo no es solo una aspiración, sino una realidad alcanzable para los pueblos de la provincia con los recursos y el enfoque adecuados.
Entre los contenidos tratados, los profesionales exploraron los requisitos operativos, logísticos y comerciales del sector; la diversificación territorial de las excursiones; la adaptación de horarios, capacidades y criterios de accesibilidad y sostenibilidad; y el funcionamiento de la cadena de valor del crucero, que incluye la relación con navieras, receptivos y operadores turísticos intermediarios.
Solo el primer paso de una hoja de ruta más amplia
La I Jornada Divaltur no es un evento aislado. La Diputació ha confirmado que esta iniciativa tendrá continuidad en los próximos meses con nuevas acciones formativas en otras localidades de la provincia, centradas en dos segmentos igualmente prometedores: el turismo MICE —reuniones, incentivos, congresos y eventos— y el producto turístico deportivo.
El contexto no podría ser más oportuno. En un momento en que la ciudad de Valencia debate cómo ordenar y contener el volumen de cruceristas — en mayo de 2025 llegaron 90.979 cruceristas, y en términos interanuales se ha registrado una reducción del 7,77% frente al periodo anterior —, distribuir las excursiones por la provincia no es solo una oportunidad económica para los municipios, sino también una válvula de descompresión para la capital. Llevar a los viajeros a descubrir la huerta, el patrimonio musical de Llíria o los yacimientos romanos del interior no es renunciar a Valencia: es ampliarla.


