Cada mañana, miles de camiones y coches se acumulan en un mismo punto de la CV-374, a las puertas del polígono industrial de La Reva, en Riba-roja de Túria. La rotonda actual, incapaz de absorber el volumen de tráfico generado por uno de los enclaves logísticos más activos del área metropolitana de Valencia, lleva décadas siendo señalada como un punto negro de la red viaria provincial. Ahora, la Diputació de València ha sacado a licitación las obras para construir una nueva glorieta que, con un presupuesto de 2,05 millones de euros y un plazo de ejecución de once meses, aspira a convertirse en la solución definitiva a un problema enquistado.
Un nudo logístico al límite
Para entender la magnitud del problema basta con mirar el mapa. Riba-roja de Túria alberga uno de los polos logísticos más importantes de la Comunitat Valenciana, con seis millones de metros cuadrados de suelo logístico, 1.400 naves y alrededor de 20.000 trabajadores de toda la provincia de Valencia. En ese contexto, la CV-374 no es una carretera cualquiera: es el corredor que conecta este entramado industrial con las autopistas A-3 y A-7, y su saturación tiene consecuencias directas sobre la economía y la vida cotidiana de miles de personas.
Por la intersección actual acceden diariamente miles de vehículos, especialmente de transporte pesado, que se dirigen a las empresas logísticas y agroalimentarias del área industrial. El tramo, además, ha sido considerado durante décadas potencialmente peligroso por el número de accidentes registrados, que junto a las grandes retenciones en horas punta lo han situado en el centro de las reivindicaciones vecinales. Una reivindicación histórica que, por fin, parece encontrar respuesta.
Una glorieta nueva de planta en el punto quilométrico 0+315
La nueva infraestructura se construirá en el punto quilométrico 0+315 de la CV-374 y no se limitará a reordenar el tráfico pesado: también mejorará el acceso a los cerca de 1.400 vecinos y vecinas de la urbanización residencial de La Reva, que convive a diario con la presión circulatoria generada por los polígonos industriales S-12 y S-13. El proyecto incluye nuevos carriles de conexión entre la CV-374 y la CV-383, así como actuaciones de drenaje, alumbrado, señalización y adaptación de servicios urbanos.
La financiación se repartirá entre la Diputació de València, que aportará cerca de 1,83 millones de euros, y el Ayuntamiento de Riba-roja de Túria, que asumirá alrededor de 229.000 euros. El reparto responde a un convenio de colaboración entre ambas administraciones en virtud del cual el consistorio se encargó de redactar el proyecto constructivo y la parte vinculada a las conexiones urbanas, mientras que la institución provincial financia y ejecuta la práctica totalidad de las obras como titular de la carretera.
"Esta intervención supone un nuevo paso dentro de la estrategia de modernización y mejora funcional de la CV-374, una vía clave para la movilidad metropolitana y para la actividad económica de toda esta área industrial." - Reme Mazzolari, diputada de Carreteras de la Diputació de València
"Las infraestructuras deben adaptarse al crecimiento logístico e industrial del municipio para garantizar una movilidad más segura y ágil." - Robert Raga, alcalde de Riba-roja de Túria
Más allá de la glorieta: el desdoblamiento de la CV-374
La nueva rotonda no es una actuación aislada, sino la primera pieza de un plan más ambicioso. Entre los puntos quilométricos 0+400 y 0+900 se diseñará el desdoblamiento de la CV-374, que deberá incluir la ampliación o ejecución de nuevas estructuras para el paso inferior de la vía de servicio que conecta con la CV-383 —que une Loriguilla y Cheste— y también salvará la línea de ferrocarril que pasa por la zona.
Mazzolari destaca el impacto de esta actuación no solo para los vecinos de Riba-roja y Loriguilla, sino también para las empresas instaladas en las importantes zonas industriales del entorno. La mejora de esta conexión favorecerá asimismo a las miles de personas que trabajan en estos parques empresariales, descongestionando el tráfico especialmente a primera hora de la mañana y por las tardes, coincidiendo con la entrada y salida de los turnos de trabajo. A ello se sumará, en el horizonte próximo, una conexión ciclopeatonal entre La Reva y Loriguilla, que completará la transformación de un corredor que durante demasiado tiempo ha funcionado al límite de su capacidad.
Once meses de obras, décadas de espera. Si los plazos se cumplen, esta reivindicación histórica, que llevaba una década materializándose, verá la luz en 2026. Para los 20.000 trabajadores que cada día cruzan este nudo, y para los vecinos de La Reva que conviven con la presión del tráfico industrial, la nueva glorieta representará algo más que un cambio en el asfalto: será la señal de que las infraestructuras, aunque tarde, terminan adaptándose al ritmo de la vida.
