Hay reyes que mueren en el campo de batalla y hay reyes que mueren en cama, rodeados de sus hijos, entregando sus últimas posesiones. Jaume I el Conqueridor perteneció al segundo grupo, y fue precisamente en Alzira —la ciudad donde exhaló su último suspiro— donde este jueves abrió sus puertas una exposición que propone mirarle de otra manera: no como el monarca que conquistó Valencia, sino como el hombre que supo cómo despedirse. La muestra, titulada 'Jaume I: del rei a l'home. L'última victòria', inaugura en el Museu Municipal de Alzira con cuatro obras del pintor valenciano Ignacio Pinazo cedidas gratuitamente por la Diputación de València, y permanecerá abierta hasta el próximo 26 de octubre.
El cuadro que Pinazo pintó desde Roma
La pieza central de la exposición es el célebre lienzo 'Últimos momentos del Rey don Jaume I el Conqueridor en el acto de entregar su espada a su hijo Pedro', que Pinazo pintó en 1881 mientras trabajaba como pensionado de la Diputación en la Escuela de Roma. No era un encargo menor. Ignacio Pinazo Camarlench, nacido en Valencia el 11 de enero de 1849, fue pensionado de pintura por la Diputación tras ganar la oposición a la plaza en Roma el 7 de septiembre de 1876. Francisco Domingo Marqués, José Benlliure, Ignacio Pinazo y Joaquín Sorolla fueron algunos de los artistas pensionados en la modalidad de pintura por la Diputación de Valencia en la segunda mitad del siglo XIX. Desde la capital italiana, el joven Pinazo imaginó cómo habrían sido los últimos instantes de un rey que había muerto seis siglos antes, y lo hizo con una pincelada enérgica, grandes manchas de color y una luz especialmente atrevida que rompía con el academicismo de la época.
Junto al cuadro principal, la Diputación ha prestado otras tres piezas que sirvieron como estudios preparatorios para esa obra: 'Estudio del pie con espuela', 'Estudio de la figura del rey Jaume I' y 'Estudio de las manos del rey Jaume I'. Son, en cierto modo, la trastienda del genio: el proceso que hay detrás de una imagen que aspira a capturar la dignidad de un hombre ante la muerte. En 1878, Pinazo envió a la Diputación desde Roma la obra sobre Don Jaime el Conquistador moribundo entregando la espada al infante don Pedro, que fue enviada también a la Exposición Nacional de 1881, donde fue galardonada con una Segunda Medalla.
Alzira, ciudad de memoria real
No es casualidad que la exposición se celebre en Alzira. La ciudad, enclavada en la Ribera Alta del Xúquer, está íntimamente ligada a la figura del monarca, que allí falleció el 27 de julio de 1276. Este año se cumplen 750 años de aquel momento, y tanto la Diputación como el Ayuntamiento local han querido aprovechar la efeméride para acercar esa historia a los ciudadanos de hoy. El presidente de la Diputación, Vicent Mompó, visitó la muestra junto al diputado de Cultura, Paco Teruel, y al alcalde de Alzira, Alfonso Domínguez.
"No hay mejor manera de celebrar los 750 años de la muerte de Jaume I que haciendo que su figura vuelva a estar presente en nuestros pueblos y ciudades y que las nuevas generaciones conozcan qué significó para el Reino de Valencia y para nuestra identidad" - Vicent Mompó, presidente de la Diputación de València
Mompó fue aún más explícito sobre el papel que debe jugar el patrimonio artístico en la vida pública: "El patrimonio de los valencianos no puede estar escondido. Tiene que estar vivo, tiene que estar visible y tiene que llegar a la ciudadanía." Una declaración que, en el fondo, resume bien la lógica detrás de esta cesión: sacar de los almacenes institucionales unas piezas de enorme valor histórico y ponerlas al alcance de cualquiera que quiera acercarse un martes por la tarde al museo municipal de una ciudad mediana del interior valenciano.
Por su parte, el alcalde Alfonso Domínguez subrayó su satisfacción por "la cesión de un cuadro tan importante, que muestra una cara diferente de un rey ligado íntimamente con el municipio de Alzira", y que complementa los actos que el ayuntamiento está impulsando para conmemorar el aniversario.
Más que un cuadro: el Aureum Opus y una mirada diferente
La exposición no se agota en Pinazo. Entre las piezas destacadas figura también el Aureum Opus, el Libro de Privilegios del Archivo Municipal de Alzira, confeccionado alrededor de 1380. De los doce ejemplares conocidos de este tipo de compilaciones documentales, el de Alzira es el más rico y elegante, con seis páginas dedicadas a los monarcas que concedieron privilegios en el Reino de València: Jaume I el Conquistador, Pedro el Grande, Alfonso el Liberal, Jaime II el Justo, Alfonso el Benigno y Pedro el Ceremonioso. Se trata de un testimonio excepcional: estos libros reunían copias de documentos reales con la misma validez jurídica que los originales, lo que los convertía en instrumentos de poder tanto como en archivos de memoria.
El recorrido de la muestra combina arte, luz y música para proponer una reflexión sobre el poder, la fragilidad y el legado. El hilo conductor es precisamente esa humanización del monarca: pasar del Jaume I que aparece en los manuales de historia al hombre que, ante la muerte, entrega su espada. Una imagen universal que Pinazo supo traducir al lienzo con una modernidad sorprendente para su época.
Solo el principio: más actos previstos para octubre
La exposición de Alzira es, además, el aperitivo de un programa más amplio. La Diputación tiene previsto anunciar el próximo 1 de octubre el grueso de las actividades conmemorativas del 750 aniversario de la muerte de Jaume I, que incluirán más exposiciones, recreaciones históricas y pasacalles medievales por distintos puntos del territorio valenciano. La muestra del Museu Municipal de Alzira puede visitarse de martes a sábado, de 11 a 13 horas y de 17 a 20 horas, y los domingos, de 11 a 13:30 horas. Una oportunidad, en definitiva, para recordar que la historia no siempre llega mejor en los libros: a veces basta con pararse ante un cuadro y mirar las manos de un rey que ya sabe que se está despidiendo.


