Hay una pregunta que sobrevuela cada verano en los municipios más pequeños de la Comunitat Valenciana: ¿quién se acuerda de ellos cuando no es época de elecciones? El pasado martes, Beniatjar tuvo su propia respuesta. El presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, abrió las fiestas patronales del municipio con la lectura del pregón, un discurso que fue más allá del protocolo habitual para convertirse en una defensa encendida del mundo rural valenciano y de las tradiciones que lo sostienen.
Un pregón con mensaje político y emocional
Mompó estuvo acompañado por el alcalde de Beniatjar, Jaime Ferrer, miembros de la corporación municipal y representantes de otros ayuntamientos de la Vall d'Albaida. Ante vecinos y visitantes, el presidente provincial tejió un discurso en el que alternó la emoción de las fiestas con una tesis clara: preservar las tradiciones no es nostalgia, es orientación. "Defender los pueblos pequeños es defender una manera de vivir, nuestra identidad y nuestra tierra", afirmó.
"Preservar las tradiciones no significa quedarse anclados en el pasado, sino saber desde dónde se quiere avanzar." - Vicent Mompó, presidente de la Diputación de Valencia
La distinción no es menor. En un contexto en el que la despoblación rural sigue vaciando comarcas enteras del interior valenciano, presentar la tradición como brújula y no como ancla supone un giro discursivo relevante. Los pueblos, en esta lectura, no son el pasado de Valencia, sino su punto de partida hacia el futuro.
Moros, pólvora, procesiones y santos: el tejido vivo de Beniatjar
El pregón también fue un recorrido por los elementos que definen la identidad festiva del municipio. Mompó hizo referencia expresa a la Entrà de Moros i Cristians, uno de los actos más esperados, que en su edición actual cuenta con la participación de festeros y músicos de la comarca, con dos grupos de 25 músicos acompañando a las diferentes filas —Templers y Arquers en el bando cristiano, y la filà Albigotis en el bando moro—. También destacó la pólvora, las procesiones y la música como señas de identidad que, generación tras generación, dan forma al carácter del pueblo.
El presidente recordó especialmente las celebraciones en honor a Sant Roc —patrón de Beniatjar—, la Mare de Déu, la Divina Aurora y el Santíssim Crist del Consol. Advocaciones que, lejos de ser simples referencias religiosas, funcionan como hitos del calendario comunitario alrededor de los cuales se organizan la vida social y el sentido de pertenencia de los vecinos.
La Diputación y el compromiso con la igualdad territorial
Más allá de la emotividad festiva, Mompó aprovechó el pregón para subrayar el papel que la Diputación de Valencia debe jugar en municipios como Beniatjar. El objetivo declarado: que no existan "valencianos de primera y valencianos de segunda", una fórmula que resume la tensión histórica entre los grandes núcleos urbanos y los pequeños municipios del interior, que a menudo ven cómo los servicios, las inversiones y la atención política se concentran en las ciudades.
Las fiestas patronales de los pueblos pequeños cumplen, en este sentido, una función que va más allá del ocio. Son uno de los pocos momentos en que el municipio se vuelve a ver completo: vuelven los que emigraron, se reencuentran las generaciones, y la identidad colectiva se reactiva con una intensidad que el resto del año resulta difícil de sostener. Mompó cerró su intervención invitando a vecinos y visitantes a disfrutar de unas fiestas que, precisamente por eso, importan mucho más de lo que el calendario sugiere.


