Las mujeres de Paterna llegan a México: las fusiladas del franquismo y sus guardianas de la memoria se exhiben en El Colegio de México

Dos exposiciones de la fotoperiodista Eva Máñez reivindican en Ciudad de México el papel de las mujeres como víctimas y transmisoras de la memoria democrática

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La fotoperiodista valenciana Eva Máñez en el Colegio de México
La fotoperiodista valenciana Eva Máñez en el Colegio de México
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Hay historias que sobreviven a la muerte gracias a quienes las custodian en silencio durante décadas. Fotografías guardadas en cajones, cartas dobladas con cuidado, relatos susurrados de generación en generación. Eso es, en esencia, lo que dos exposiciones fotográficas llevan ahora hasta Ciudad de México: la memoria de las mujeres fusiladas en el cementerio de Paterna y la de quienes durante años se negaron a olvidarlas.

El Colegio de México acoge hasta el 30 de septiembre las muestras Las Rosas de Paterna y Las Guardianas de la Memoria, firmadas por la fotoperiodista valenciana Eva Máñez. Dos exposiciones que, vistas juntas, componen un mismo relato: el de la represión franquista y el de quienes la resistieron desde dentro, desde las casas, desde los archivos familiares y desde los procesos de exhumación que llevan años desenterrando —literalmente— la verdad.

Veinte nombres propios en una fosa de más de dos mil

Las Rosas de Paterna pone rostro a veinte mujeres fusiladas en el cementerio de esta localidad valenciana entre 1939 y 1957. El cementerio de Paterna es el primero en la Comunitat Valenciana en el que hay constancia de un fusilamiento tras la Guerra Civil, el 3 de abril de 1939, y es el segundo con más fusilados en la posguerra. Diseminadas por el camposanto existen alrededor de 150 fosas, donde fueron arrojadas las víctimas de la represión franquista; los cálculos hablan de 2.238 personas de diferentes lugares del País Valenciano y del resto de España. Las veinte protagonistas de la exposición representan apenas una fracción de ese número, pero cada una de ellas tiene nombre, historia familiar y una herida que tardó décadas en poder nombrarse.

La muestra reúne fotografías, documentos y objetos recuperados durante los procesos de exhumación. Enseres personales y utensilios que ayudaron a identificar los restos y también a "cauterizar" la herida, como dice la historiadora Paloma Aguilar. Son objetos pequeños —una foto, una carta, un botón— que de repente pesan todo lo que la historia oficial quiso ignorar.

Las Guardianas de la Memoria, la segunda exposición, dirige la mirada hacia las mujeres descendientes de las víctimas. A través de testimonios, retratos y fotografías documentales de las exhumaciones desarrolladas desde 2016, la muestra refleja el papel de estas familiares en la conservación y transmisión de una memoria vinculada también a la reparación y la justicia. Son las que guardaron las cajas, las que preguntaron cuando nadie quería responder, las que ahora acompañan a los equipos forenses en las excavaciones.

Diez años documentando lo que otros prefirieron enterrar

Detrás de las dos exposiciones está Eva Máñez, una fotoperiodista que lleva una década siguiendo de cerca los procesos de exhumación en Paterna. Comenzó a documentar estos trabajos en 2016 y, a partir del contacto sostenido con las familias, descubrió algo que no buscaba al principio: que eran sobre todo mujeres quienes llevaban el peso de la recuperación. De ese descubrimiento nació un proyecto que reúne más de un centenar de entrevistas y fotografías, y que pone el foco en la llamada "posmemoria": las generaciones que crecieron en democracia y buscan reconstruir las historias que durante décadas permanecieron silenciadas.

No se trata solo de fotografiar, sino de escuchar. Y esa distinción importa. La vicepresidenta primera de la Diputació de València, Natàlia Enguix, que participó en la inauguración de las exposiciones en Ciudad de México, lo dejó claro:

"Ha escuchado, ha investigado y ha buscado a las familias, logrando que sus fotografías y testimonios acerquen al público a personas concretas y a historias que permanecieron durante décadas en silencio.", comenta Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València y responsable de Memoria Democrática e Igualdad

Las mujeres, protagonistas y no solo víctimas

La presencia de Enguix en México no fue solo protocolaria. La vicepresidenta viajó para poner en valor un argumento que articula las dos exposiciones: que las mujeres no deben aparecer en la memoria democrática únicamente como víctimas pasivas, sino como agentes activos de la transmisión histórica.

"No solamente como víctimas de la represión, sino también como protagonistas de nuestra historia y como transmisoras de memoria.", añade Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València y responsable de Memoria Democrática e Igualdad

En el acto también estuvo presente Ester Alba, vicerrectora de Cultura de la Universitat de València, junto a representantes del Ateneo Español de México, El Colegio de México y la Cátedra del Exilio Republicano Español, entidad creada conjuntamente por la Universitat de València y el Ateneo Español de México. La confluencia de estas instituciones en torno a una exposición fotográfica dice mucho sobre la dimensión que ha adquirido el trabajo de memoria democrática vinculado a Paterna.

Más de cuatro millones de euros invertidos y una deuda pendiente

Las exposiciones no son un acto aislado, sino el escaparate internacional de un trabajo sostenido en el tiempo. La vicepresidenta ha calificado la invitación a México como un hito que "va a formar parte ya de la historia del área de memoria democrática de la Diputación." Desde 2015, la institución provincial ha destinado más de 4,5 millones de euros a tareas de localización, exhumación e identificación de víctimas en las fosas de la provincia de València.

Pero Enguix subrayó en la inauguración que la recuperación de restos no basta por sí sola:

"Sabemos que en las fosas de Paterna hay más de 2.200 personas que fueron fusiladas y enterradas en fosas comunes, y es importante el trabajo de exhumación e identificación. Pero también es importante explicar la historia que hay detrás de estas personas, por qué fueron fusiladas, qué injusticia sufrieron.", explica Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València y responsable de Memoria Democrática e Igualdad

No se trata, en definitiva, de solo devolver nombres a los huesos. Se trata de que esos nombres digan algo a quienes no vivieron aquello.

El exilio valenciano en México, el próximo capítulo

La visita de Enguix a Ciudad de México incluyó también un encuentro con familiares de Josep Renau y de Bellviure, dos de los muchos valencianos que encontraron en México un segundo país después de la Guerra Civil. Ese contacto humano prefigura el siguiente paso institucional: un nuevo proyecto de investigación sobre el exilio republicano valenciano en México, que recopilará un mínimo de 13 testimonios de personas vinculadas a ese exilio y sus descendientes, junto a fotografías, documentación histórica y los lugares de la ciudad relacionados con sus vidas.

La historia de las fosas de Paterna y la del exilio republicano en México comparten una misma lógica: la de las memorias que sobreviven porque alguien decidió no dejarlas morir. Que esas historias se cuenten ahora en una institución de referencia latinoamericana como El Colegio de México no es un detalle menor. Es una señal de que la memoria democrática española ya no cabe solo en los cementerios valencianos, sino que viaja, se expande y encuentra nuevas generaciones dispuestas a escucharla.