Un año después de que la dana arrasara el tejido comercial de decenas de municipios valencianos, la Diputación de Valencia da un paso más en su respuesta económica. La institución provincial presentará en octubre una nueva edición de los bonos comercio con un impacto económico estimado en más de 20 millones de euros, una cifra que dobla el alcance de la primera campaña y que, esta vez, se extenderá a prácticamente toda la provincia.
La vicepresidenta primera y responsable de Promoción Económica, Natàlia Enguix, adelantó los detalles de la iniciativa este miércoles en el mercado de Aldaia, localidad del área metropolitana de Valencia que se convierte en punto de partida simbólico de la nueva convocatoria. Lo hizo junto al alcalde del municipio, Guillermo Luján, con motivo de la inauguración de la exposición itinerante 'Pujar la persiana', un proyecto visual que documenta la reapertura de pequeños negocios tras la catástrofe del 29 de octubre de 2024.
De 26 pueblos a 261 municipios: la escala cambia por completo
La comparación entre ambas ediciones es reveladora. La primera campaña de bonos comercio de la Diputación se saldó con la venta de 95.000 tarjetas y un impacto económico estimado en más de diez millones de euros, distribuidos entre 1.300 establecimientos adheridos de 26 municipios de la zona cero. Una respuesta de emergencia, rápida y focalizada en los más golpeados, que llegó a vender casi 10.000 bonos el mismo día que arrancó la campaña.
La nueva edición cambia radicalmente de escala. Podrán adherirse establecimientos de 261 municipios y las tres entidades locales menores, con la excepción de las cinco grandes ciudades. La Delegación de Promoción Económica aportará 10,5 millones de euros, que se multiplicarán gracias a la aportación de la ciudadanía hasta superar los 20 millones de impacto total en el comercio de proximidad.
"Entonces se trataba de estar cerca de los que peor lo estaban pasando en un contexto de emergencia; ahora damos un paso más para ayudar a todos los comerciantes valencianos que levantan la persiana cada día" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputación de Valencia
El mecanismo de los bonos —ya probado en la primera edición, donde cada bono con un coste de 50 euros se convertía en 100 euros de crédito para gastar en los comercios adheridos — funciona como un multiplicador económico: por cada euro que pone la institución, la ciudadanía inyecta otro directamente en el comercio local. Una fórmula sencilla que, en la práctica, significa que comprar en la tienda del barrio sale a mitad de precio.
Aldaia, kilómetro cero de una campaña con vocación provincial
La elección de Aldaia como escenario del anuncio no es casual. El municipio de l'Horta Sud, que sufrió el azote directo de la dana, se convierte así en arranque tanto de los nuevos bonos como de la itinerancia de 'Pujar la persiana'. El alcalde Guillermo Luján celebró el protagonismo de su localidad y coincidió con Enguix en el fondo del mensaje: el apoyo al comercio de proximidad no es solo una cuestión económica.
"Es consumo que se queda en el territorio, es actividad económica, creación de empleo y vida para nuestros pueblos y ciudades" - Guillermo Luján, alcalde de Aldaia
La exposición que sirvió de marco al acto podrá visitarse en el Mercado de Aldaia hasta el 31 de octubre. Después, los ayuntamientos podrán solicitarla para que se instale en sus propios municipios, extendiendo así su recorrido por la provincia.
'Pujar la persiana': fotografía, memoria y dignidad
'Pujar la persiana' es algo más que una muestra fotográfica. Impulsada desde el servicio de Comarcalización y Promoción Económica de la Diputación, con la colaboración de Unió Gremial y la Escola Superior de Disseny de València (EASD), la exposición reúne testimonios, imágenes y una instalación artística que recupera la memoria de quienes decidieron volver a abrir sus negocios tras la catástrofe. Se estrenó en marzo en el MuVIM, el Museu d'Art de la Diputació de València, y desde entonces ha viajado por la provincia con una carga emocional que va más allá de su valor documental.
Su comisaria, Tana Capó, describió el proyecto como "una extensión de nosotros mismos, con imágenes que pueden no tener un gran valor fotográfico, pero sí un valor documental y sanador". La disposición de los paneles —construidos con un sistema de madera que evoca la estructura del comercio tradicional— está diseñada para que el visitante perciba físicamente la escala de lo ocurrido: la altura de los paneles obliga a alzar la vista, como si el agua todavía estuviera ahí.
Enguix lo resumió con una frase que conecta el relato expositivo con la nueva campaña de bonos: la exposición "permite reconocer públicamente a quienes decidieron volver a limpiar y reconstruir sus negocios como un acto de valentía con su pueblo". Comprar en esos comercios, vendría a decir la lógica de los bonos, es también una forma de reconocimiento. Una manera de hacer que el dinero, además de circular, cuente algo.

