Hay lugares que no son solo piedra. El castillo del Puig, también conocido como castillo de Enesa, de Yubayla o de Cebolla, es uno de ellos. Desde lo alto de ese cerro que domina el municipio valenciano de El Puig de Santa Maria, Jaume I planificó en 1237 la conquista de la ciudad de Valencia, el episodio fundacional que todos los valencianos conmemoran cada 9 d'Octubre. Ahora, casi ocho siglos después, la Diputació de València ha aprobado una ayuda de 100.000 euros para iniciar su recuperación.
La institución provincial ha concedido esa partida, a través de su área de Turismo, al municipio de El Puig de Santa Maria para financiar el proyecto de rehabilitación de la fortaleza. Una inversión que llega en un momento simbólicamente cargado de significado: 2026 ha sido declarado Año Jaume I con motivo del 750 aniversario de la muerte del rey conquistador, fallecido el 27 de julio de 1276.
Una fortaleza con demasiada historia para estar enterrada
Los primeros vestigios defensivos del enclave se remontan a la época romana, aunque fueron los musulmanes quienes explotaron al máximo su valor estratégico. Su importancia radica en una máxima geopolítica medieval: quien controlaba la colina de Enesa controlaba el acceso norte a la ciudad de Valencia. No es de extrañar, por tanto, que el lugar cambiara de manos en múltiples ocasiones a lo largo de los siglos.
El rey musulmán Zayyan decidió destruir la fortaleza antes de la llegada de Jaume I, con el fin de desbaratar los planes del Conquistador. No obstante, el monarca mandó a sus huestes a El Puig a finales de abril de 1237 para diseñar la conquista y reconstruir el castillo. Para ello, Jaume I venía preparado con veinte pares de tapiales que facilitaron la rápida reconstrucción de la fortaleza en apenas dos meses. Una carrera contrarreloj de la que dependía el futuro de toda una nación.
El Puig fue escenario de la conocida como Batalla de Enesa o Batalla del Puig, un enfrentamiento que marcó un antes y un después en la campaña de conquista. La victoria cristiana en este entorno abrió el camino hacia la toma de Valencia en 1238 y convirtió la fortaleza en un símbolo del cambio histórico que estaba a punto de transformar el territorio. Con el tiempo, Pedro IV de Aragón ordenaría su demolición, y la fortaleza quedaría reducida a lo que hoy puede verse: algunos lienzos de muralla y basamentos de torres emergiendo de la tierra.
El presidente de la Diputación defiende recuperar "una joya que simboliza el nacimiento de nuestro pueblo"
La ayuda aprobada esta semana por la Diputació de València se enmarca en una apuesta más amplia por la memoria histórica y el turismo cultural. El castillo del Puig es Bien de Interés Cultural desde 2002, una protección que, sin embargo, no ha evitado que permanezca en un estado de abandono durante décadas.
"Una joya que simboliza el nacimiento de nuestro pueblo ha de recuperarse, protegerse y enseñarla para dar a conocer nuestra historia" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
"Si no sabemos de dónde venimos, difícilmente podremos saber a dónde vamos; es fundamental que las nuevas generaciones conozcan la importancia del Conquistador porque él puso la semilla de lo que hoy somos" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
El diputado de Turismo, Pedro Cuesta, puso el acento en el potencial de atracción que tiene un enclave de estas características para visitantes de toda la Comunitat Valenciana y más allá.
"La riqueza patrimonial de la provincia es un aliciente más para atraer turismo cultural" - Pedro Cuesta, diputado de Turismo de la Diputació de València
El Año Jaume I, mucho más que una efeméride
La recuperación del castillo no es una iniciativa aislada. Desde que el pleno de la Diputació de València aprobó declarar 2026 como Año Jaume I, la institución ha puesto en marcha un abanico de actividades para reivindicar la figura del monarca que sentó las bases del Reino de Valencia. Entre ellas, la presentación del Ciclo de Jornadas Jaume I, una iniciativa organizada por el Fòrum Jaume I 2038 para promover la reflexión sobre la identidad y el futuro de la Comunitat Valenciana.
En el plano cultural, la Diputació colaboró con la televisión pública valenciana À Punt para la grabación del cuadro Últimos momentos del rey don Jaime el Conquistador en el acto de entregar su espada a su hijo don Pedro, una obra pintada en 1881 por Ignacio Pinazo Camarlench. El lienzo fue trasladado expresamente al Salón de Reinas de la institución para que pudiera ser filmado como parte de un documental que À Punt prepara para el próximo 9 d'Octubre.
El pasado Día de la Comunitat Valenciana, la Diputació ya ofreció en su sede la exposición Jaume I, el nacimiento de un pueblo, donde los visitantes pudieron contemplar, junto al cuadro de Pinazo, la espada original de Jaume I y la llave árabe de la ciudad de Valencia —ambas cedidas por el Ayuntamiento—, la reproducción del brazo del monarca obra de Agapito Vallmitjana, y el retablo propiedad del Centenar de la Ploma inspirado en el original gótico del lugar donde, según la tradición, se celebró la primera misa tras la rendición de la ciudad.
Son gestos que, tomados en conjunto, revelan algo más que una voluntad conmemorativa puntual. Recuperar el castillo del Puig significa devolverle a la historia valenciana uno de sus capítulos más determinantes en forma de piedra visitable. Un lugar donde cualquier escolar podrá pararse a pensar que, antes de que existiera la Valencia que conocemos hoy, alguien tuvo que elegir un cerro, reconstruir una fortaleza entre dos meses, ganar una batalla y avanzar los pocos kilómetros que lo separaban de la ciudad que cambiaría la historia de todo un pueblo.

