Hay tradiciones que sobreviven a guerras, pestes y revoluciones industriales sin perder un solo paso. Las Danses de Guadassuar llevan más de cuatro siglos celebrándose ininterrumpidamente en las calles de este municipio de la Ribera Alta, y este sábado contaron con un protagonista destacado: el presidente de la Diputació de València, Vicent Mompó, que asumió el papel de 'Cap de Dansa' en una de las noches más esperadas del calendario festivo valenciano.
Una fiesta que no entiende de museos
La tradición se remonta al siglo XVII y es única por su carácter popular y su escasa vinculación directa con celebraciones religiosas, aunque actualmente se celebra tras las festividades de la Asunción, el 15 de agosto, y San Roque, el 16 de agosto. No es folclore escenificado para turistas. Nunca han dejado de celebrarse, han conservado el hilo y la continuidad adaptándose en el tiempo a necesidades, modas y costumbres. No son objeto de museo: son un hecho vivo, una celebración vigente que ha perdurado año tras año.
Cualquier habitante de Guadassuar puede decidir, hasta el momento del inicio, participar, incorporándose a las filas sin más en el momento de empezar. Esa apertura radical —sin ensayos, sin audiciones, sin requisitos— es precisamente lo que las hace irrepetibles. Cada noche, de lunes a sábado, un grupo diferente —vecinos de una calle, familias, amigos, asociaciones— baila en una calle engalanada del pueblo, acompañados por música tradicional valenciana interpretada por instrumentos de banda, con la caja como único instrumento de percusión.
Los participantes visten atuendos llamativos y artesanales que no son trajes folclóricos tradicionales, sino creaciones originales con temáticas libres. En su origen, la celebración estaría ligada al ritmo agrario que transcurría entre la recogida del capullo de seda y la siega y trilla del arroz, cultivos que jugaron un papel fundamental en la actividad agrícola de la población en otros períodos. Hoy, cuatro siglos después, lo que permanece es el impulso comunitario: la calle como escenario, el pueblo entero como protagonista.
Mompó toma las riendas de la danza
El cargo de 'Cap de Dansa' no es decorativo. Al llegar al inicio de la calle donde tienen lugar los actos, se interpreta la ceremoniosa melodía de l'Eixida, la Xàquera de Guadassuar, tras la cual todos los músicos interpretan la breve melodía del Cap de Dansa y la persona que ocupa el cargo dirige un parlamento a los bailadores. Mompó afrontó ese momento con lo que él mismo calificó como "ilusión", consciente del peso simbólico que implica representar a una institución provincial en el corazón de una fiesta tan arraigada.
"Es importante que cuidemos lo nuestro porque, en un mundo que cambia tan rápido, tener algo que nos conecta con los que estuvieron aquí hace 400 años y con quienes vendrán en el futuro es un privilegio" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
El presidente también tuvo palabras de reconocimiento para Els Amics de les Danses, la asociación que trabaja por preservar y difundir esta manifestación cultural. Les atribuyó un papel esencial en el mantenimiento del sentimiento de identidad local y en la conservación de la memoria histórica de Guadassuar.
Patrimonio vivo que reclama atención
Las Danses de Guadassuar cuentan con una doble protección oficial: son Fiesta de Interés Turístico Nacional y Bien de Interés Cultural Inmaterial. Dos reconocimientos que, sin embargo, no garantizan por sí solos su supervivencia. Para Mompó, la clave está en algo más difícil de decretar que cualquier declaración institucional.
"Una tradición no se conserva solo recordándola, se conserva manteniéndola viva, haciendo que las nuevas generaciones la estimen" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
Detrás de esa afirmación hay una preocupación compartida por muchas comunidades que ven cómo sus fiestas más auténticas pierden peso frente al ocio digital o las celebraciones importadas. Guadassuar, de momento, parece haber encontrado la fórmula: es una fiesta del pueblo y para el pueblo, un espacio donde, por raro que parezca, no han llegado los turistas masivos y el ambiente sigue siendo valenciano al cien por cien. Que el presidente de la Diputació baje a bailar a la calle, parlamento incluido, es también una señal de que las instituciones empiezan a entender que el patrimonio inmaterial no se preserva desde los despachos, sino desde las aceras.


