Becas, huertos y derechos: la Diputación de Valencia lleva sus fondos de cooperación a las comunidades más vulnerables de Guatemala

La institución valenciana financia programas de educación, salud y empoderamiento femenino que benefician a más de mil niñas en zonas rurales de Guatemala.

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La Diputación de Valencia colabora con la ONG Fundación del Valle
La Diputación de Valencia colabora con la ONG Fundación del Valle
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Hay niñas en el departamento guatemalteco de San Marcos que sueñan con ser médicas forenses, ingenieras o enfermeras. El problema es que el camino hasta ese sueño empieza, muchas veces, en un aula a la que no siempre pueden llegar. La Diputación de Valencia colabora con la ONG Fundación del Valle y con la organización guatemalteca Fundap en el programa 'Becas para la niña', una iniciativa que mantiene escolarizadas a más de un millar de niñas en estudios básicos y primarios en once municipios de San Marcos, uno de los departamentos con mayores índices de inseguridad alimentaria del país centroamericano.

El contexto en el que operan estas becas no puede ser más exigente. Guatemala ocupa el primer lugar en América Latina y el Caribe en prevalencia de desnutrición crónica en la niñez menor de cinco años, y el sexto lugar a nivel mundial. La desnutrición crónica es especialmente grave en el área rural, donde afecta al 53% de los menores, con regiones como el Noroccidente —donde se ubica San Marcos— registrando tasas de hasta el 68,2%. A ese drama nutricional se añade el absentismo escolar: muchas niñas abandonan las aulas para ayudar en casa o en los trabajos agrícolas, un círculo vicioso que la cooperación internacional trata de romper.

Un programa que va más allá del dinero

La vicepresidenta de la Diputación de Valencia, Natàlia Enguix, responsable del área de Cooperación Internacional, viajó personalmente a Guatemala para visitar las instalaciones de Fundap y conocer de primera mano la realidad de las niñas beneficiadas. Lo que encontró fueron historias concretas, con nombre y apellido.

"Quieren ser ingenieras, doctoras y enfermeras, y gracias a la cooperación internacional en la que participamos van a poder ser lo que quieran cuando sean mayores." - Natàlia Enguix, vicepresidenta y responsable de Cooperación al Desarrollo de la Diputación de Valencia

Ángela Daniela López es una de esas niñas. Acaba de terminar la primaria y ya tiene claro su objetivo. Medicina forense. No es una aspiración vaga: sabe que tiene delante un programa que la apoya y una familia que confía en ella, aunque el dinero no sobre. Su madre, Maribel Ramos, lo resume con la claridad de quien conoce bien las facturas que no llegan a fin de mes: la beca no es solo un cheque, es la diferencia entre seguir estudiando o dejar de hacerlo.

"El proyecto de becas es una buena forma de que las niñas se motiven para saber lo que quieren ser en la vida. Yo quiero ser médica forense y con la ayuda que nos dan en este programa y mi esfuerzo espero conseguirlo." - Ángela Daniela López, niña becada del programa 'Becas para la niña'

El programa no se limita a cubrir gastos académicos. Enguix lo define como "un programa integral que aborda aspectos familiares, académicos y personales". Las familias de las niñas beneficiadas viven principalmente de la agricultura de subsistencia —los padres— y de oficios domésticos y artesanales —las madres—. Las propias niñas participan fuera del horario escolar en labores del campo y en el cuidado de animales. Es decir, no hay margen para el error: si la beca no llega, el aula queda vacía.

Griselda Sacayón, una de las jóvenes tutoras de Fundap, encarna lo que este tipo de apoyos puede lograr. Es la menor de doce hermanos y la única que tiene estudios —dos carreras: Perito Contador y Trabajo Social—. Su testimonio es una declaración de intenciones resumida en una frase: "Una beca transforma vidas y permite cumplir sueños."

Dengue, huertos y trabajadoras del hogar: una cooperación sin fronteras temáticas

El viaje de Natàlia Enguix no se detuvo en la educación. La ruta por Guatemala incluyó también el departamento de Retalhuleu, donde Fundación del Valle y Fundap desarrollan un programa de respuesta sanitaria integral frente al dengue en los municipios de San Andrés Villa Seca, San Martín Zapotitlán y Santa Cruz Muluá. La intervención abarca desde la prevención hasta el control de brotes, con comités de vigilancia locales como pieza clave en zonas rurales de alta incidencia. La Diputación participa también en esta iniciativa humanitaria.

Más al oeste, en el departamento de Quetzaltenango, otra historia de transformación: los huertos ecológicos familiares impulsados por la ONG ACOEC con financiación provincial. Mujeres como Enriqueta Salanic y Rosa Colop mostraron a la vicepresidenta sus cultivos de hortalizas, hierbas medicinales, plantas aromáticas y frutales, además de la elaboración de chocolate artesano. No es agricultura de postal. Es empoderamiento real, medido en autonomía económica y en la capacidad de tomar decisiones propias dentro del hogar.

"Ha cambiado nuestras vidas y hemos dejado de ser mujeres que a menudo éramos discriminadas y marginadas porque no tenemos estudios. Actualmente la mujer cuenta con su propio dinero en la economía familiar y toma sus propias decisiones." - Rosa Colop, beneficiaria del proyecto de huertos ecológicos en Quetzaltenango

Fundación del Valle ha recibido 108.000 euros de la Diputación de Valencia para el conjunto de sus proyectos de educación y salud en Guatemala. Una cifra que, en términos de impacto por persona beneficiada, resulta difícil de igualar con cualquier otro tipo de inversión pública.

Las trabajadoras invisibles de Chimaltenango

La última parada del recorrido fue Patzún, en el departamento de Chimaltenango, donde se encuentra el Centro de Apoyo para las Trabajadoras de Casa Particular (CENTRACAP). La Diputación ha destinado 48.000 euros a la ONG Mundubat para desarrollar allí el proyecto '¡Alzando la voz!', orientado a fortalecer la participación sociopolítica de las mujeres trabajadoras domésticas y a exigir un marco normativo que reconozca y dignifique su labor.

El CENTRACAP es una asociación civil multiétnica, pluricultural y multilingüe. Muchas de sus integrantes son migrantes internas que han huido de situaciones de violencia intrafamiliar, pobreza extrema, analfabetismo o persecución. Mujeres que, en demasiados casos, han llegado hasta allí sin prácticamente ninguna oportunidad. El proyecto no solo les ofrece herramientas legales: les devuelve la voz en los espacios donde se deciden las normas que afectan a su vida cotidiana.

Detrás de cada beca, cada huerto o cada taller de empoderamiento hay una institución que ha decidido que la cooperación al desarrollo no es una partida presupuestaria menor, sino una forma de política exterior con consecuencias reales para personas que, de otro modo, difícilmente saldrían en ningún informativo. La apuesta de la Diputación de Valencia en Guatemala es, en ese sentido, una prueba de que la solidaridad organizada —con fondos, seguimiento y presencia sobre el terreno— puede cambiar algo tan difícil de revertir como el destino con el que nace una niña en una aldea rural del altiplano guatemalteco.