Se llamaba Nadia, tenía 38 años, tres hijos menores de edad y fue presuntamente asesinada por su pareja el 28 de octubre en su propia casa, en el distrito barcelonés de Nou Barris. Su muerte elevó a 44 el número de mujeres asesinadas por violencia de género en España en lo que llevamos de 2026. Este lunes 2 de noviembre, a las 12:00 horas, el Ayuntamiento de Sagunto se unió a la condena institucional con un minuto de silencio convocado por su Área de Igualdad a las puertas de los edificios municipales.
Miembros de la Corporación Municipal, personal del Ayuntamiento, vecinos y vecinas del municipio, así como colectivos y asociaciones se congregaron en esos umbrales para mostrar su repulsa ante un crimen que sacudió a toda España. Un gesto simbólico, sí, pero también una declaración colectiva: lo que le ocurrió a Nadia no puede normalizarse.
Un caso sin denuncias previas, un patrón que se repite
El presunto agresor fue detenido ese mismo día por la Policía Municipal de Madrid, después de haberse entregado como autor confeso de los hechos. La mujer tenía un hijo y dos hijas menores de edad, y no existían denuncias previas por violencia de género contra él. Ese detalle —la ausencia de denuncias— vuelve a poner sobre la mesa una de las realidades más dolorosas de este problema: muchos casos nunca llegan al sistema antes de la tragedia.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, y la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Carmen Martínez, expresaron en un comunicado "su más absoluta condena y su profundo rechazo" ante este nuevo feminicidio. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, presidieron también un minuto de silencio en la plaza Sant Jaume para condenar el asesinato.
Una estadística que pesa demasiado
Los números, cuando se acumulan, corren el riesgo de volverse abstractos. Pero detrás de cada cifra hay una vida, una historia, una familia rota. El número de mujeres asesinadas por violencia de género en 2026 ha ascendido a 44 tras la confirmación del caso de Nadia en Barcelona. El balance de 2026 es el más elevado para este periodo desde 2023, cuando se habían contabilizado 52 mujeres asesinadas.
El año 2025 cerró con 47 víctimas mortales. Y si se amplía la perspectiva, el panorama resulta aún más estremecedor: desde 2003, cuando se comenzaron a registrar oficialmente los datos, son ya 1.385 las mujeres asesinadas por violencia machista en España. Más de dos décadas de recuento que, lejos de ser una estadística fría, representan 1.385 nombres propios.
Con el caso de Nadia, el número de menores que han quedado huérfanos por estos crímenes asciende a 35 en 2026 y a 545 desde 2013. Además, se registran tres asesinatos por violencia vicaria en lo que va de año, una forma de violencia que utiliza a los hijos e hijas como arma contra la madre y que, aunque menos conocida, resulta igualmente devastadora.
Sagunto responde: la calle como forma de condena
La concentración en Sagunto no fue un acto rutinario de protocolo institucional. Fue la respuesta de una comunidad que elige no mirar hacia otro lado. El Área de Igualdad del Ayuntamiento recordó que cualquier persona que sospeche de un caso de violencia tiene el deber ciudadano de llamar al 016 o al 112. Dos números que pueden marcar la diferencia entre una llamada a tiempo y otra tragedia que lamentar.
El Servicio de Atención a las Mujeres del municipio ofrece atención presencial de lunes a viernes, también por teléfono —96 265 58 89—, por WhatsApp —607 248 363— en horario de 8:00 a 15:00 horas, o por correo electrónico. Se recomienda pedir cita previa, aunque se atiende sin cita en situaciones urgentes. Para emergencias graves, el número es el 112; para protección policial, el 091 de la Policía Nacional, el 092 de la Policía Local o el 062 de la Guardia Civil.
Existe también el Centre Dona 24 Hores de la Generalitat Valenciana, accesible a través del 900 580 888, y el propio 016, cuya llamada no aparece en la factura telefónica. Eso sí: hay que recordar borrarla del registro de llamadas del terminal. Un detalle aparentemente menor que, en determinadas situaciones, puede ser crucial para la seguridad de quien pide ayuda.
Nadia tenía 38 años y tres hijos. Su caso no debería ser un número más en una estadística, sino el recordatorio de que detrás de cada minuto de silencio hay una vida que no tendría que haberse perdido. Mientras la cifra siga creciendo, la respuesta de la sociedad —en las plazas, en las instituciones y en cada llamada que se hace a tiempo— sigue siendo la única forma de plantar cara a una violencia que lleva décadas sin desaparecer.


