Cada día, en algún punto de la red subterránea de tuberías de València, el agua se escapa sin que nadie lo note. Una pequeña grieta, una junta deteriorada, una presión mal calibrada: las fugas en las redes de distribución son uno de los problemas más costosos y menos visibles de la gestión urbana del agua. La Junta de Gobierno Local ha dado un paso concreto para ponerles freno: ha aprobado un proyecto de casi tres millones de euros para implantar sistemas avanzados de monitorización y localización de fugas en la red de abastecimiento de agua potable de la ciudad.
Sensores de ruido, vibraciones y fibra óptica bajo el asfalto
El proyecto, cuya ejecución recae sobre la Empresa Mixta Valenciana de Aguas (EMIVASA), gestora del servicio, tiene un presupuesto total de 2.825.360,53 euros y contempla la instalación de dos tipos de tecnología complementaria. Por un lado, dispositivos capaces de analizar ruidos y vibraciones en las tuberías para detectar pérdidas antes de que se conviertan en averías visibles. Por otro, un sistema de control por fibra óptica que permite supervisar el estado de la red en tiempo real. La idea es sencilla pero poderosa: escuchar lo que las tuberías tienen que decir antes de que el problema llegue a la superficie.
El plazo previsto de ejecución es de siete meses desde la firma del acta de comprobación del replanteo, y los trabajos deberán coordinarse cuidadosamente con la operación diaria de la red, ya que garantizar la continuidad del suministro es una prioridad innegociable. No se puede apagar el grifo de una ciudad mientras se le instala un sistema nervioso digital.
Un proyecto que forma parte de una apuesta nacional más amplia
Esta actuación no es un proyecto aislado. Se integra dentro de SHiNE-AMV, una iniciativa de digitalización del ciclo urbano del agua enmarcada en el PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua, un Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica impulsado por el Gobierno de España y financiado con fondos europeos. Este PERTE busca impulsar el uso de las nuevas tecnologías de la información en el ciclo integral del agua, fomentando la mejora de su gestión, aumentando su eficiencia y reduciendo las pérdidas en las redes de suministro.
El alcance del programa es considerable. Uno de cada tres municipios de España está cubierto por algún proyecto financiado por el PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua. Entre los objetivos nacionales del programa figura reducir las pérdidas en las redes de suministro del 24% al 17%. El proyecto de València se alinea directamente con esa meta.
Cabe destacar que esta actuación se centra específicamente en la red de abastecimiento de agua potable, y se diferencia así de otra intervención aprobada anteriormente dentro del mismo proyecto SHiNE-AMV, que ya instaló equipos de medida y transmisión de datos en la red municipal de saneamiento. Dos caras de un mismo esfuerzo por digitalizar el ciclo completo del agua en la ciudad.
Financiación compartida entre Europa, el Estado y el Ayuntamiento
El desglose económico del proyecto refleja una financiación mixta. Del presupuesto total, 2.335.008,70 euros corresponden al importe sin IVA, cifra que engloba tanto los trabajos de instalación como los honorarios de redacción y dirección del proyecto. Los 490.351,83 euros restantes corresponden al IVA, que el Ayuntamiento asumirá como gasto deducible.
La Secretaría de Estado de Medio Ambiente ha concedido a EMIVASA una ayuda de 847.762,63 euros en el marco del PERTE, de la que la empresa gestora es beneficiaria directa. El Ayuntamiento de València aportará 1.487.246,07 euros con cargo a crédito presupuestario municipal. El objetivo final es evolucionar hacia un servicio más eficiente, sostenible y transparente mediante la incorporación de soluciones tecnológicas innovadoras.
En un contexto de escasez hídrica creciente y de infraestructuras envejecidas, detectar una fuga antes de que el agua se pierda bajo el asfalto no es solo una cuestión de eficiencia económica: es también una forma de tratar el agua como lo que realmente es, un recurso escaso que merece ser gestionado con la misma precisión con la que se monitoriza cualquier otro activo crítico de una ciudad moderna.


