Valencia construirá en La Fe su propio búnker sanitario contra el ébola y otros patógenos mortales: 4,7 millones para blindar el hospital ante las próximas pandemias

La Conselleria de Sanidad licita por 4,7 millones una unidad de bioseguridad nivel 3 en La Fe para atender enfermedades como el ébola o el virus de Marburg.

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Hospital La Fe
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El Hospital Universitari i Politècnic La Fe de València está a punto de tener su propio búnker sanitario. La Conselleria de Sanidad ha publicado la licitación para construir una nueva Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN) en el interior del complejo hospitalario, con un presupuesto de 4,7 millones de euros y un plazo de ejecución de 16 meses. El objetivo es claro: que Valencia cuente con infraestructura propia capaz de atender, de forma segura y autónoma, enfermedades tan temidas como el ébola, el virus de Marburg, la fiebre de Lassa o la tuberculosis multirresistente.

La decisión no llega de la nada. La crisis del ébola de 2014 —cuando España vivió en primera persona el pánico de un contagio en suelo europeo— puso en evidencia las carencias del sistema hospitalario para contener patógenos de alta peligrosidad. Aquella crisis sanitaria nació como respuesta directa a las limitaciones que quedaron al descubierto en las instalaciones hospitalarias para hacer frente a enfermedades infecciosas altamente letales, y llevó al Gobierno central a crear un centro permanente de bioseguridad. Desde entonces, España ha ido reforzando su red de unidades especializadas, aunque de forma desigual en el territorio. La nueva infraestructura de La Fe aspira a cambiar esa ecuación en la Comunitat Valenciana.

Un edificio diseñado para que el hospital no se detenga

La nueva unidad se levantará en la zona sur del complejo hospitalario, entre los servicios de Urgencias y el Banco de Sangre. Serán dos plantas de unos 250 metros cuadrados cada una, pero lo más relevante no es el tamaño, sino la filosofía de diseño: el edificio funcionará de forma completamente independiente del resto del hospital. Circuitos asistenciales separados, accesos diferenciados, energía propia. Que llegue un caso de fiebre hemorrágica no significará paralizar La Fe.

Técnicamente, la instalación operará con estándares de bioseguridad de nivel 3 (BSL-3), el umbral más exigente que se aplica de forma práctica y segura en entornos hospitalarios para tratar infecciones graves. Este nivel de bioseguridad permite manejar agentes biológicos que pueden provocar infecciones potencialmente letales para los seres humanos, minimizando el riesgo de contagio para el personal sanitario y para el resto de la población. Por encima de este nivel solo existe el BSL-4, reservado a laboratorios de investigación de máxima contención, no a hospitales en funcionamiento.

El aire no escapará sin control: la unidad incorporará sistemas de presión negativa para dirigir el flujo de aire hacia el interior y evitar que cualquier partícula potencialmente infecciosa salga al exterior. Los filtros HEPA retendrán lo que la presión no capture. Y el acceso al interior se realizará a través de esclusas diferenciadas: una para ponerse el equipo de protección individual, otra para quitárselo. Un detalle aparentemente menor, pero crítico. La retirada segura de los equipos de protección individual es una fase considerada crítica para evitar contagios.

Diagnóstico en el punto de atención: sin sacar muestras del edificio

Uno de los elementos más relevantes del proyecto es que la unidad contará con su propio laboratorio. Cuando un paciente con sospecha de ébola o Marburg ingresa en un hospital convencional, sus muestras biológicas deben viajar hasta los laboratorios generales del centro, y ese trayecto —por breve que sea— multiplica los puntos de riesgo. En La Fe, eso no ocurrirá. La integración de un laboratorio de bioseguridad nivel 3 permite procesar muestras potencialmente letales sin necesidad de trasladarlas fuera del edificio.

Para equipar ese laboratorio, La Fe ya ha iniciado la adquisición de material especializado incluso antes de que comiencen las obras. En concreto, el hospital está comprando un analizador de gases en sangre, un analizador bioquímico automático y un analizador de hematología, por un valor conjunto de 54.450 euros. Son dispositivos diseñados para el diagnóstico en el propio punto de atención y con un propósito último muy concreto: minimizar el riesgo de transmisión accidental y proteger a los profesionales sanitarios.

Autonomía total: de la energía al saneamiento

La independencia de la unidad va más allá de los circuitos de personas. El proyecto contempla sistemas energéticos propios, incluyendo un transformador de aislamiento similar al que se usa en quirófanos y sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI), para garantizar que ningún corte eléctrico comprometa la seguridad de la instalación. Pero quizá el detalle más llamativo sea el de los residuos: la unidad dispondrá de una red de saneamiento propia que tratará los efluentes antes de verterlos, de modo que el agua contaminada no se mezcle con la del resto del hospital.

Son estándares que recuerdan a los que ya aplica, por ejemplo, la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Hospital Gómez Ulla de Madrid, que se ha consolidado como centro de referencia en España para la atención de enfermedades infecciosas de alto riesgo y emergencias biológicas , o la del Hospital Carlos III, que ha atendido hasta la fecha tres pacientes con enfermedad por virus ébola y dos con fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, lo que la convierte en el centro de España con mayor experiencia acumulada en este área. La de La Fe aspira a unirse a esa red nacional de referencia.

Un salto cualitativo para Valencia y para la red sanitaria nacional

"Supondrá un salto cualitativo en la capacidad de respuesta del hospital ante enfermedades infecciosas de alto riesgo. No solo reforzará la seguridad de pacientes y profesionales, al permitir un aislamiento completo y controlado, sino que situará a nuestro hospital como referente en la red sanitaria" - José Luis Poveda, gerente de la agrupación sanitaria interdepartamental Valencia Sur y de La Fe

Las palabras de Poveda adquieren más peso si se recuerda que La Fe ya dispone de instalaciones de aislamiento de alto nivel funcionales. La nueva unidad no viene a tapar un vacío, sino a elevar el listón. Con 16 meses de obra por delante y un contrato de 4,7 millones licitado, el calendario apunta a que Valencia podría contar con esta infraestructura antes de finales de 2026. En un mundo donde los virus emergentes ya no son una amenaza lejana —el ébola, el COVID-19, el hantavirus del crucero MV Hondius en 2026—, invertir en bioseguridad hospitalaria ya no es una opción estratégica. Es una necesidad que el tiempo, una y otra vez, se encarga de recordar.