Nueve niños saharauis llegan a València para escapar del infierno del desierto: el programa 'Vacances en Pau' cumple 30 años salvando veranos

València acoge a nueve menores saharauis procedentes de los campos de refugiados de Tinduf, donde el verano supera los 50 °C, en el marco del programa solidario.

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Recepción de niños saharauis en Valencia
Recepción de niños saharauis en Valencia
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Cincuenta grados. Esa es la temperatura que puede alcanzar el desierto argelino de Tinduf en verano, donde miles de familias saharauis llevan décadas viviendo en campamentos de refugiados sin horizonte claro de retorno. Para nueve niños y niñas, este julio marca el comienzo de algo diferente: dos meses en València, con una familia, con atención médica y con una alimentación equilibrada. El Ayuntamiento de València los recibió este jueves en el Salón de Cristal del consistorio, en un acto que pone cara y nombre a una de las iniciativas solidarias más longevas del país.

Treinta años de solidaridad ininterrumpida

El programa 'Vacances en Pau' cumple este año tres décadas. No es un dato menor: hablamos de una iniciativa que ha sobrevivido a cambios de gobierno, crisis económicas e incluso a una pandemia que la obligó a interrumpirse en 2020 y 2021. El programa sufrió una interrupción durante los años 2020 y 2021 como consecuencia de la pandemia y por la necesidad de establecer medidas preventivas para garantizar la seguridad sanitaria. En Valencia, la implicación municipal arranca incluso antes: el Ayuntamiento lleva colaborando desde 1996, es decir, desde el año en que el programa apenas echaba a andar en la ciudad.

La gestión local recae sobre la asociación Al-Adala, con el respaldo de la Delegación Saharaui en la Comunitat Valenciana. El convenio, renovado en 2025 por un plazo de dos años prorrogable por otros dos, contempla una subvención nominativa anual de 15.000 euros para sostener la iniciativa. Una cifra modesta si se compara con lo que representa para los menores que participan.

Esta edición acoge a un total de 30 niñas y niños en la provincia de València, 80 en toda la Comunitat Valenciana y un total de 2.300 en todo el territorio español , lo que da idea de la dimensión real de un programa que se replica en decenas de municipios a lo largo y ancho del país. En Mallorca, por ejemplo, la iniciativa solidaria cuenta este año con 28 familias de acogida, de las cuales nueve se estrenan en esta edición.

Huir del calor, pero también de la falta de recursos

Los niños saharauis viven durante el curso escolar con sus familias en los campamentos de refugiados en las proximidades de la ciudad argelina de Tinduf, en una de las zonas más inhóspitas del desierto del Sáhara. El verano convierte ese entorno en algo cercano a lo inhabitable. Uno de los principales objetivos del programa es sacar a los menores, de entre 8 y 12 años, de las duras condiciones de los campamentos durante el verano, evitando que pasen esos meses en el desierto, donde las condiciones climatológicas son extremadamente duras, con temperaturas que pueden llegar a los 50 °C y con escasez de agua y alimentos.

Pero el calor no es el único problema. El programa ofrece revisiones y tratamientos sanitarios a los niños para prevenir el desarrollo de enfermedades graves y proporcionarles una mayor calidad de vida. En algunos casos, esa atención médica marca una diferencia radical. Lo ilustra mejor que cualquier estadística el testimonio de Fatma, una de las niñas acogidas este verano en València: es celíaca y solo gracias a su familia de acogida valenciana puede acceder durante el verano a los alimentos adecuados para su salud. Un detalle aparentemente pequeño que, en un campamento de refugiados con escasez de recursos, puede tener consecuencias serias.

Voces en el Salón de Cristal

El acto de recepción reunió a distintas autoridades y protagonistas del programa. La concejala de Bienestar Social, Marta Torrado, presidió el encuentro junto al secretario autonómico de Bienestar Social, Ignacio Grande; el delegado en València del Pueblo Saharaui, Mani Yacub; la presidenta de Al-Adala, Sarai Vicente; y, sobre todo, los nueve niños y sus familias de acogida.

"Os deseamos que en estos días podáis disfrutar muchísimo de València, que podáis conocer a otros niños y niñas y que aquellos que tengan una necesidad médica o de otra índole puedan ser atendidos en los hospitales y servicios valencianos" - Marta Torrado, concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento de València

El delegado saharaui Mani Yacub agradeció a las familias acogedoras que abran sus hogares a menores nacidos en los campamentos, y subrayó que la estancia en València permite a los niños recibir atención médica y acceder a una alimentación equilibrada, dos necesidades que en Tinduf no siempre pueden cubrirse. Yacub también tuvo palabras de agradecimiento para el pueblo valenciano en su conjunto por lo que calificó como una muestra de solidaridad con el pueblo saharaui.

Fue Fatma, sin embargo, quien con su intervención dejó el momento más emotivo de la jornada. La niña saharaui, además de agradecer la acogida, hizo un llamamiento directo para que más familias se sumen al programa: recordó el calor extremo, los mosquitos y la falta de recursos médicos y alimentarios que caracterizan su vida en los campamentos durante los meses de verano.

Más allá del verano

Este programa de acogida familiar temporal pone el énfasis en varias líneas de actuación: difundir la causa saharaui y evidenciar la situación de la población que vive en estos territorios; mejorar la salud de los niños y niñas mediante revisiones y diagnósticos previos y proporcionarles una nutrición equilibrada durante su estancia estival, y establecer lazos de unión entre familias acogedoras valencianas y familias saharauis.

El convenio suscrito entre el Ayuntamiento y Al-Adala también contempla acciones de sensibilización para visibilizar la situación de los campamentos y, además, incluye apoyo en alimentación básica para las familias de los menores que no pueden realizar el viaje. Porque 'Vacances en Pau' no termina cuando los niños regresan a Tinduf: parte de su impacto se queda allí, en forma de alimentos y en forma de vínculos que atraviesan el desierto y sobreviven a la distancia. Treinta años después de su arranque, el programa sigue siendo la prueba de que la solidaridad, cuando se organiza, puede convertirse en algo duradero.