¿Nos estamos quedando sin mujeres científicas?

Els estereotips associats a algunes carreres tècniques, la falta de referents femenins i un marcat estigma social fan que es decanten per altres professions

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Hace apenas dos meses la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó su estudio anual sobre la educación en España. El análisis revelaba que la mitad de las mujeres de 25 a 34 años había cursado estudios universitarios en 2017 frente al 38% que marcaba hace diez años, mientras que entre los hombres el porcentaje solo aumentó del 30% al 38%.

Pero pese a este avance, los datos no son tan positivos en cuanto a inserción laboral y salario. Mientras que un 89 % de los hombres con titulación universitaria trabajan, el porcentaje es del 80 % en las mujeres. Además, si se analizan las remuneraciones de los asalariados a tiempo completo, los sueldos de las trabajadoras con formación superior es sólo un 74 % del que reciben sus compañeros masculinos con el mismo nivel de formación.

La OCDE atribuye esa brecha a "los estereotipos sexistas, las convenciones sociales y la discriminación contra la mujer", pero también a que hombres y mujeres no estudian las mismas carreras. Según observaron, los primeros se decantan por profesiones mejor remuneradas como las relacionadas con el ámbito STEM (siglas en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), mientras que las segundas están mucho más presentes en ciencias de la educación, las letras, las lenguas y las artes. El Ministerio de Educación profundiza en esta cuestión y cifra en menos de un 30% las aspirantes a estudiar carreras de ciencias.

Estereotipos, estigmas sociales y falta de referentes

¿Por qué ocurre esto? "No sabemos por qué, si es porque no hay referentes femeninos o porque no se ven las salidas laborales, que no las ven muy claras", apunta María Jesús Hernández, profesora de Física de la Tierra en la Universitat de València (UV). Ella considera que "es un tema que se tiene que tratar desde mucho antes, antes de que las chicas hayan escogido, cuando tienen todo el abanico de posibilidades abierto", y así coinciden otros estudios. Según datos del informe PISA, el desapego hacia el ámbito científico comienza a edades más tempranas: solo un 7% de las chicas de quince años quiere dedicarse a profesiones técnicas, porcentaje que se triplica en el caso de los chicos.

Soledad Gandía, decana de la facultat de Física de la UV, relaciona este rechazo con los marcados estigmas sociales. Asegura que no es ninguna locura afirmar que las decisiones que se toman a esta edad están basadas en mayor o menor medida en estereotipos con los que uno se identifica. “La sociedad valora mucho el papel de la mujer en temas sociales y de la salud. Se cree que en materias de ciencias se exige un esfuerzo superior a otras carreras, pero esto no es cierto”, explica. "Un entorno que cree que la mujer no tiene tantas potencialidades para las ciencias básicas, que no puede tener en ellas un papel relevante, tiene que revisarse”.

Muchos coinciden en que hay un desconocimiento inicial enorme de este tipo de profesiones, como Mariam Tòrtola, investigadora del Instituto de Física Corpuscular (IFIC) que recibió el premio L’Oreal-Unesco For Women in Science en 2017: "La culpa es del entorno, de los medios de comunicación, familiares, profesores… que están detrás mandando un mensaje equivocado".

Al igual que Hernández, Tòrtola habla de la falta de modelos femeninos a seguir por las jóvenes, en parte provocada por la existencia de "importantes sesgos en los libros de texto o en la misma comunidad científica".

Por su parte, ella tiene dos buenas referencias, Marie Curie y Lise Meitner. “Fueron mujeres pioneras, que desarrollaron investigaciones bajo unas condiciones muy duras. Curie es la única persona con dos Premios Nobel en dos disciplinas científicas diferentes, un hecho que en mi opinión no está suficientemente valorado. Y Lise Meitner, que descubrió la fisión nuclear, fue nominada al Premio Nobel en más de setenta ocasiones y nunca le fue concedido”.

Posibles causas biológicas: la "paradoja de la igualdad"

Otro punto de vista a tener en cuenta sobre la aparente aversión que sienten las mujeres hacia la ciencia, a parte del social o cultural, es el propiamente científico. "Los chicos suelen tener una visión más teórica, relacionada con el aprendizaje, por eso les llaman más la atención estas carreras. Ellas buscan la utilidad práctica, quieren que su trabajo reporte un beneficio a la sociedad”. Esta es una de las principales conclusiones a las que ha llegado Milagros Sáinz, investigadora de la UOC y coordinadora de un informe sobre la escasez de mujeres en el ámbito STEM que publicó el año pasado la Fundación Telefónica.

Por la misma línea va un artículo posterior de la revista Psychological Science, que da más peso a la opinión de que es precisamente la libertad de elección de las mujeres la que las aleja de la ciencia y la tecnología. Este analiza la llamada "paradoja de la igualdad" en los estudios de ciencia e ingeniería mediante los datos académicos de más de 472.000 adolescentes de 67 países.

Su conclusión es que, en general, mujeres y hombres muestran habilidades similares para esos campos, pero hay un porcentaje de mujeres que acaban optando por otras carreras, y ese porcentaje es mayor cuanto mejor está clasificado su país en el Índice de Igualdad de Género del Foro Económico Mundial. Es decir, cuantas menos barreras hay para que las mujeres sigan su vocación, estas optan con más frecuencia por estudios considerados tradicionalmente "más femeninos".

Los resultados de esta investigación parten de la base de que los intereses y preferencias de ambos sexos están en parte fundamentados por razones biológicas, ¿pero cuáles son exactamente estas causas? No está muy claro ni estudiado, pero el profesor de Psicopatología del Desarrollo Simon Baron-Cohen considera, por ejemplo, que los cerebros de ellas tienden a estar más cableados para la empatía y los de ellos para entender y construir sistemas.

Cohen empezó a estudiar estas diferencias a través de la investigación sobre el autismo -campo en el cual es uno de los más reconocidos expertos a nivel mundial-, de la que extrajo que el trastorno es un extremo patológico de esa tendencia masculina hacia los sistemas frente a las personas. Su estudio más famoso (más tarde libro, titulado La Gran Diferencia: el género en el cerebro), que realizó con bebés de un día de edad sobre los que la influencia cultural no es un factor, observó que los recién nacidos dedicaban más atención a las caras si eran niñas y a los objetos si eran niños.

Pero Hernández discrepa: “no existe tal cosa como diferencias biológicas en este sentido. Las chicas y chicos que están aquí tienen claro qué quieren y a que se quieren dedicar de verdad. De hecho, si les preguntas, las respuestas son que quieren estudiar Física para conocer el mundo, el universo…Están en las nubes, son gente soñadora, no práctica”. Por su parte, Sáinz opina que “la diferencia está en el enfoque. Si queremos potenciar estas carreras para las mujeres hay que exponerlas por su carácter social”.

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