Detrás de cada planta que vuelve a crecer en la Devesa hay un laboratorio. El Ayuntamiento de Valencia ha adjudicado el suministro de una nueva cámara climática para el laboratorio de germinación de los viveros municipales de El Saler, una instalación que desde hace décadas trabaja en silencio para que el Parque Natural de L'Albufera no pierda su identidad vegetal. La inversión refuerza una infraestructura que, con más de 170 especies en producción, constituye uno de los pilares menos visibles —pero más esenciales— de la conservación ambiental en la Comunitat Valenciana.
Una máquina que imita el clima para salvar especies
Una cámara climática no es, a primera vista, un objeto llamativo. Pero su función es extraordinaria: reproducir con precisión parámetros como la temperatura, la humedad y la iluminación para crear condiciones de germinación estables y repetibles, con independencia de lo que ocurra fuera. Eso significa que un técnico puede simular una primavera mediterránea en pleno enero, o recrear las condiciones exactas que una semilla necesita para brotar, sin depender del capricho del tiempo.
Este control resulta determinante cuando se trabaja con flora autóctona de ecosistemas tan singulares como el de L'Albufera, donde conviven especies adaptadas a suelos dunares, zonas encharcadas y áreas salinas. Entre las plantas que se cultivan en estos entornos figuran el romero, el lirio de mar, el lirio azul, narcisos, vinca, llantén o esparragueras silvestres. Muchas de ellas requieren condiciones muy específicas que no siempre pueden garantizarse en instalaciones convencionales.
"Proteger L'Albufera exige algo más que buenas intenciones. Exige planificación, conocimiento y medios. Con esta nueva cámara climática recuperamos una herramienta esencial para que nuestros técnicos puedan seguir reproduciendo flora autóctona con todas las garantías" - José Gosálbez, concejal de Devesa-Albufera del Ayuntamiento de Valencia
Un vivero con historia: desde 1958 al servicio de la naturaleza
Los viveros municipales de El Saler permiten la producción de plantas propias del Parque Natural de L'Albufera de manera segura. Su trayectoria, sin embargo, es mucho más larga de lo que muchos imaginan. Fundados en 1958 como vivero forestal, llevan desde 1981 dedicados en exclusiva a la producción de plantas para la recuperación de espacios naturales degradados. Casi setenta años de historia vegetal que han dejado una huella tangible en la fisonomía actual de la Devesa y el parque natural.
Hoy, los técnicos del vivero trabajan con alrededor de 170 especies vegetales, una cifra que impone unas exigencias de conservación y ensayo muy superiores a las de cualquier vivero convencional. No se trata de producir en masa, sino de reproducir con rigor, asegurando la identidad genética y la viabilidad de cada especie antes de trasplantarla al entorno natural.
En los viveros municipales se reproducen plantas autóctonas utilizadas en los trabajos de conservación y recuperación de los distintos hábitats que conforman el Parque Natural de la Albufera. En total se supera ampliamente el centenar de especies con las que se trabaja, algunas de las cuales requieren unas condiciones de cultivo muy específicas, lo que comporta la necesidad de utilizar cámaras de crecimiento y germinación como la que ahora se incorpora.
Una apuesta continuada por dotar de medios al equipo técnico
La adquisición de esta cámara climática no es un hecho aislado. En años anteriores, el Ayuntamiento ya había apostado por reforzar estas instalaciones con inversiones como la de un nuevo invernadero, que supuso un desembolso de 69.180 €. Las eras de cultivo actuales tienen una superficie de 1.374 metros cuadrados, cuentan con riego automatizado por microaspersión y nuevas mesas de cultivo. La nueva cámara climática se suma a ese proceso de modernización progresiva, esta vez centrando el foco en la fase más delicada y científica del proceso: la germinación.
El concejal Gosálbez ha subrayado que la obligación del consistorio es garantizar que quienes cuidan este patrimonio natural dispongan del mejor equipamiento, porque "cada planta que recupera la Devesa tiene detrás horas de trabajo científico, técnico y de laboratorio". Una declaración que, lejos de ser retórica, describe con exactitud el proceso que hay detrás de cada reforestación: semillas recogidas, analizadas, sometidas a ensayos de viabilidad, germinadas en condiciones controladas y, finalmente, trasplantadas al terreno.
La tarea de cultivo de plantas autóctonas es fundamental para la conservación de este espacio, al que afecta muy directamente el cambio climático, lo que obliga a trabajar con medios que permitan hacer frente a circunstancias adversas. En ese contexto, una cámara climática no es un lujo técnico, sino una respuesta concreta a un problema urgente: la pérdida acelerada de biodiversidad en entornos costeros y lacustres que, como L'Albufera, acumulan décadas de presión humana y ambiental. Invertir en el laboratorio que germina el futuro del parque es, en definitiva, invertir en el propio parque.

