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València acaba de recibir uno de los reconocimientos más relevantes del panorama nacional en innovación urbana. El Sandbox Urbano de la ciudad ha sido galardonado con el Premio Becsa al Mejor Proyecto para la Resiliencia Urbana y el Fomento de Soluciones Sostenibles en el I Congreso de Innovación en Construcción, Edificación, Infraestructuras y Concesiones (IC2), celebrado este mes de junio en Santander. Un premio que no llega al azar: es el resultado de años apostando por convertir la propia ciudad en un laboratorio donde probar tecnologías antes de lanzarlas al mundo.
Una ciudad entera como campo de pruebas
La idea detrás del Sandbox Urbano es tan sencilla como ambiciosa. El proyecto tiene por objetivo incentivar e impulsar la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico ofreciendo a las entidades interesadas la ciudad de València como escenario idóneo para la realización de sus pruebas en un entorno real y urbano. Dicho de otra manera: si una startup quiere saber si su tecnología funciona en el mundo real, no necesita construir una ciudad artificial. Tiene a su disposición una metrópolis entera.
València es una de las primeras ciudades europeas que ofrece un Sandbox de escala urbana con más de 100 recursos municipales —edificios públicos, instalaciones urbanas o eventos con un alto número de participantes, entre otros— en el que se pueden testar las soluciones más innovadoras que faciliten la vida de la ciudadanía y mejoren la calidad de las ciudades. No es un simulacro: es la calle, la plaza, el aparcamiento o la playa los que sirven de entorno de validación.
Este instrumento ha sido desarrollado desde su origen con un modelo de gobernanza participativo basado en la cuádruple hélice: sector privado, academia, sector público, sociedad civil y ciudadanía. Un enfoque que rompe con la lógica habitual de la innovación encerrada en laboratorios o despachos.
El jurado destaca su proyección nacional e internacional
El galardón entregado en Santander no es menor. El Congreso IC2 es uno de los principales encuentros nacionales dedicados a la innovación en construcción, edificación e infraestructuras, y ha reunido a más de 600 personas expertas, empresas, universidades e instituciones para analizar los retos de la transformación tecnológica, la sostenibilidad y la resiliencia urbana. El jurado del certamen eligió al Sandbox Urbano de València por encima de otros proyectos destacando expresamente su capacidad para impulsar iniciativas vinculadas a la resiliencia y la sostenibilidad.
"Este galardón pone en valor el papel de esta herramienta municipal como entorno real de experimentación para el desarrollo y validación de soluciones innovadoras orientadas a mejorar la sostenibilidad, la calidad de vida y la adaptación de las ciudades a los retos del futuro" - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València
Llobet también subrayó que este reconocimiento "consolida a València como referente en innovación urbana y valida el modelo de colaboración público-privada que impulsa la ciudad". Una validación externa que llega en un momento en que la ciudad acumula proyectos activos y alianzas estratégicas con instituciones académicas y tecnológicas.
Proyectos reales, impacto cotidiano
¿Qué significa todo esto para quien vive en la ciudad? Significa que tecnologías que aún no están en el mercado se prueban primero en el entorno donde tendrán que funcionar. Con la puesta en marcha del robot de limpieza inteligente UmiClean, por ejemplo, València no solo estrenó su ordenanza de Sandbox Urbano, sino que consolidó una visión de futuro en la gestión pública, con un proyecto piloto que recorre la plaza de la Reina y el entorno del Mercado Central.
El Sandbox ha autorizado ya 11 proyectos pioneros en solo ocho meses. Desde MercaBot para logística urbana hasta herramientas de inteligencia artificial que identifican biodiversidad o reconocen monumentos, la iniciativa ha convertido a València en un imán para startups, centros tecnológicos y universidades. Los institutos tecnológicos de la red REDIT han testado en este entorno iniciativas centradas en economía circular, inteligencia artificial, movilidad y mitigación del cambio climático, entre ellas recubrimientos para reducir el efecto isla de calor en calles asfaltadas o nuevos modelos de diseño de áreas de juego más resilientes.
Innovación abierta como estrategia de ciudad
El Sandbox Urbano es un instrumento lanzado desde València Innovation Capital y la Estrategia Urbana Valencia 2030, al servicio de empresas e investigadores, convirtiendo a Valencia en una ciudad amable y receptiva para albergar pruebas de innovación y experimentación. No se trata de una iniciativa aislada, sino de una pieza dentro de un proyecto de ciudad más amplio que aspira a atraer talento e inversión tecnológica a largo plazo.
El Ayuntamiento ha establecido accesos simplificados al Sandbox, con procesos que prometen reducir plazos a menos de tres meses y bonificaciones del 100% en tasas de ocupación pública. Una apuesta que elimina dos de los mayores frenos tradicionales para la innovación: la burocracia y el coste.
Actualmente, la Universitat Politècnica de València cuenta con seis proyectos activos en el Sandbox, que abarcan desde la sostenibilidad ambiental hasta la movilidad inteligente o las comunicaciones críticas, y permiten acelerar la madurez de soluciones basadas en inteligencia artificial, sensórica avanzada, economía circular o redes 5G.
El Premio Becsa no es el punto de llegada, sino una confirmación de que el camino elegido tiene sentido. En un momento en que las ciudades buscan con urgencia respuestas al cambio climático, a la densificación urbana y a la presión sobre los servicios públicos, el modelo de València demuestra que innovar en la ciudad no significa hablar del futuro, sino construirlo en la acera de enfrente.

